Topónimos de Ciérvana en 1978

Hay documentos que nacieron para cumplir una simple función administrativa y que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en auténticas cápsulas del tiempo. Uno de ellos es este edicto judicial publicado el 1 de marzo de 1978, cuyo verdadero interés, más allá del procedimiento legal que recoge, reside en la extraordinaria relación de barrios, parajes y caminos del antiguo concejo de Ciérvana.
Conviene situarse en aquella época. En 1978, Ciérvana todavía formaba parte del municipio de Abanto y Ciérvana, denominación oficial que conservaba desde el siglo XIX. La actual separación municipal aún no se había producido, por lo que los documentos oficiales seguían utilizando la grafía tradicional Ciérvana, con C y V, tal y como aparece en el propio edicto. Es precisamente esa nomenclatura la que se respeta en este artículo, por fidelidad histórica a la documentación de la época.
Al recorrer sus líneas, el lector descubre un paisaje que hoy apenas puede intuirse. Más que un listado de fincas, el documento constituye un verdadero mapa de la memoria, donde sobreviven nombres que durante generaciones identificaron huertas, campas, sierras, caminos y pequeños rincones del antiguo concejo.
Los barrios de Cardeo, La Cuesta y San Mamés aparecen salpicados por una riqueza toponímica extraordinaria, reflejo de un territorio profundamente ligado a la agricultura, a la ganadería y a la vida cotidiana de sus vecinos.
En La Cuesta encontramos parajes tan evocadores como La Semilla y San Román, junto al camino que conducía a Llano y al nuevo tramo de la carretera de San Martín a La Cuesta.
En San Mamés aparecen dos nombres que todavía conservan un fuerte sabor popular: El Callejo de Abajo y El Callejo de Arriba, además del camino vecinal que conducía hacia Atalaya.
Pero es Cardeo quien concentra la mayor riqueza de nombres tradicionales. El edicto menciona lugares como La Huerta, La Sollana, Solorrozas, Los Paúles, Los Callejillos, El Pontón, Las Huertas, Trecelenguas, La Cuadra, Solera, El Prado, La Cerrada, Pequeña de la Cerrada, El Rosario, La Rotura, La Brava o El Yuso. Muchos de estos nombres apenas aparecen hoy en los mapas, pero siguen formando parte de la memoria de quienes conocieron aquel paisaje antes de las profundas transformaciones de las últimas décadas.
Resulta igualmente llamativo comprobar cómo algunos de estos topónimos aparecen repetidos en distintas descripciones de fincas. Lugares como El Pontón, Las Huertas, Los Paúles, La Rotura o El Prado no eran simples nombres aislados, sino parajes perfectamente identificados por los vecinos, utilizados de manera habitual para localizar las propiedades dentro del antiguo concejo de Ciérvana.
Más allá de su valor jurídico, este edicto constituye un valioso testimonio de cómo se denominaba oficialmente el territorio de Ciérvana a finales de la década de 1970. Cada topónimo encierra una pequeña historia: algunos describían la forma del terreno, otros recordaban antiguos cultivos, caminos o puntos de referencia utilizados por los vecinos, y todos ellos contribuyen a reconstruir la geografía sentimental de un concejo que, aunque hoy tenga otra organización administrativa, sigue conservando en estos nombres una parte esencial de su identidad.
¿Por qué se publicó este edicto?
El documento que ha servido de base para este artículo no fue redactado con una finalidad histórica, sino jurídica. Se trata de un edicto judicial publicado para dar publicidad a un expediente de inmatriculación de fincas, es decir, al procedimiento mediante el cual se solicitaba la inscripción por primera vez de diversas propiedades en el Registro de la Propiedad. Para garantizar los derechos de terceros, la legislación exigía anunciar públicamente la solicitud, de manera que cualquier persona que creyera tener algún derecho sobre aquellas fincas pudiera presentar las alegaciones que estimara oportunas.
Sin embargo, con el paso del tiempo, este tipo de documentos ha adquirido un valor muy distinto del que tuvo en su origen. Más allá de su finalidad legal, el edicto conserva una extraordinaria relación de barrios, caminos y parajes del antiguo concejo de Ciérvana, permitiéndonos conocer cómo se denominaban oficialmente numerosos lugares en 1978, cuando Ciérvana todavía formaba parte del municipio de Abanto y Ciérvana. Por ese motivo, en este artículo se ha respetado la grafía y la nomenclatura empleadas en la documentación original, como testimonio fiel de aquella época.
Fuente consultada
«Edicto», El Correo Español – El Pueblo Vasco (edición de Vizcaya), 1 de marzo de 1978, p. 8. Publicación del expediente de inmatriculación de diversas fincas situadas en los barrios de La Cuesta, Cardeo y San Mamés, pertenecientes entonces al municipio de Abanto y Ciérvana.


