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Verano de 1920 | Ciérvana conquista el Abra: dos victorias y el gran premio de las traineras

akalsuelme
hace 2 días
10 min de lectura

Actualizado: hace 20 horas

Recreación gráfica de la llegada de la tripulación de Ciérvana tras su victoria en las regatas de traineras de 1920, recibida entre aplausos y ovaciones en el puerto de Portugalete.
Recreación gráfica de la llegada de la tripulación de Ciérvana tras su victoria en las regatas de traineras de 1920, recibida entre aplausos y ovaciones en el puerto de Portugalete.

Hay jornadas deportivas que quedan reducidas a un resultado.

Y hay otras que, más de un siglo después, todavía permiten imaginar el ruido, la multitud y la emoción de quienes estuvieron allí.

Las grandes regatas del Abra de 1920 pertenecieron a estas últimas.

Durante dos jornadas, seis tripulaciones se enfrentaron en unas aguas rodeadas por una multitud extraordinaria. Vapores, remolcadores, gabarras y pequeñas embarcaciones cubrían el Abra. Los trenes y tranvías llegaban abarrotados. Desde Portugalete hasta Las Arenas y Algorta, los muelles, malecones y paseos aparecían tomados por miles de espectadores.

Y en medio de aquel escenario apareció nuevamente un nombre que ya comenzaba a resultar familiar en las grandes regatas:

Ciérvana.

Vestida de color cuero.

Patroneada por Zenón Acarregui.

Y preparada para enfrentarse a Santurce, Fuenterrabía, Bermeo, Zumaya y Argoños.

Lo que sucedió después convirtió aquellas regatas en una de las grandes páginas del remo ciervanato.

Antes de la regata: una polémica que venía de lejos

Las competiciones de 1920 no comenzaron realmente el día en que las traineras se pusieron en línea.

Meses antes ya se discutía cómo debían celebrarse.

En junio de 1920, algunos puertos habían mostrado su descontento con el sistema utilizado por la organización. El problema era conocido: aunque las traineras se construyeran teóricamente bajo unas mismas medidas, los remeros consideraban que no todas se comportaban igual.

Desde Ondárroa llegó incluso una representación para intentar modificar el reglamento y conseguir que cada pueblo pudiera acudir con su propia trainera y sus propios remos.

La Comisión organizadora no cedió.

El reglamento definitivo, publicado por El Pueblo Vasco el 13 de julio de 1920, mantuvo el principio de igualdad controlada por la organización.


Siete traineras construidas expresamente

La organización disponía de siete traineras iguales, construidas en 1919 en los Astilleros Alberdi y Compañía de Zumaya, siguiendo el plano del arquitecto naval bilbaíno Fermín Beraza.

El reglamento daba incluso sus características:

12 metros de eslora,1,88 metros de manga, 0,68 metros de puntal,y un desplazamiento aproximado de 280 kilos.

Los remos tampoco quedaban a elección de cada tripulación.

Habían sido construidos por José Loidi, de Orio, y se adjudicaban por sorteo.

Las tripulaciones estarían compuestas por 13 remeros y un patrón, todos ellos vinculados profesionalmente a la pesca o al mar.

El objetivo era evidente: que la victoria dependiera, en la medida de lo posible, de los hombres, y no de disponer de una embarcación especialmente rápida.


El reglamento regulaba además los cambios de embarcación entre pruebas, los desempates, la composición del jurado, las reclamaciones y hasta la presencia de un representante de cada tripulación dentro del propio jurado.


Todo estaba preparado.

Faltaba el agua.

30 de agosto de 1920: comienza la lucha

La primera prueba se celebró el 30 de agosto de 1920.

Desde primeras horas comenzó a percibirse que aquello iba a ser mucho más que una simple regata.

Vapores cargados de público llegaron desde San Sebastián, Fuenterrabía, Pasajes, Lequeitio, Ondárroa y Santander.

La crónica menciona incluso una embarcación llegada desde Gijón.

Portugalete, Santurce, Algorta y Las Arenas se llenaron.

En Bilbao, desde los muelles de Arriaga y San Nicolás, partían remolcadores adornados con banderolas y gallardetes transportando espectadores hacia el Abra.

Los trenes reforzaron sus servicios.

Los tranvías circularon con dos y hasta tres remolques.

Automóviles que habitualmente realizaban las líneas hacia Bermeo o Lequeitio aprovecharon también aquella multitud de personas.

La propia crónica reconoce que describir el aspecto del Abra resultaba difícil.


El Abra convertido en una enorme tribuna

Desde el muelle de Churruca, Portugalete, la zona de la farola, el malecón de Algorta y el contramuelle de Las Arenas, el público se apretaba buscando cualquier lugar desde el que pudiera distinguirse una trainera.

En el agua, cientos de embarcaciones formaban una especie de corredor para la competición.

En la terraza del Club Marítimo del Abra se reunió buena parte de la sociedad que seguía las regatas.

Todo estaba preparado para la salida.

Seis pueblos, seis colores

El sorteo adjudicó las traineras y las posiciones.

Las tripulaciones se distinguían además por el color de sus camisetas:

Zumaya — blanco

Argoños — verde

Ciérvana — cuero

Santurce — morado

Fuenterrabía — salmón

Bermeo — amarillo.


Ciérvana competía oficialmente con el color cuero.

Ya no se trata de una interpretación posterior ni de una recreación artística.

Está documentado en la propia crónica de 1920.


El cañonazo

A las cuatro de la tarde, desde la plataforma del jurado, sonó el primer cañonazo de atención.

Los patrones sujetaban las estachas.

Los remeros esperaban.

Diez segundos después llegó el disparo definitivo.

Las seis traineras rompieron la línea.

Y comenzó la regata.


Ciérvana y Santurce se separan

Desde los primeros compases, Ciérvana y Santurce demostraron que aquella iba a ser una lucha muy seria.

Ambas comenzaron a apartarse del resto.

La prensa describe a Ciérvana remando:

«muy bien, a remazo rápido y corto».

En la primera ciaboga, Ciérvana ya aparecía claramente por delante.

Santurce seguía detrás con fuerza.

La clasificación al completar la primera vuelta fue:

Ciérvana, Santurce, Bermeo, Fuenterrabía, Zumaya, Argoños.


La reina, un aviador y miles de ojos sobre el agua

Mientras las traineras regresaban de la primera ciaboga ocurrió algo que alteró momentáneamente la atención de una parte del público.

Apareció la reina Victoria Eugenia, acompañada de miembros de su séquito.

Y casi al mismo tiempo comenzó a evolucionar sobre el estuario el aviador francés Poiré.

La crónica relata que llegó a realizar repetidamente el entonces espectacular looping the loop sobre las aguas del Abra.

Miles de personas desviaron por instantes la mirada hacia el cielo.

Abajo, sin embargo, los remeros continuaban luchando.


Ciérvana no afloja

En la segunda vuelta la batalla volvió a concentrarse especialmente entre Ciérvana y Santurce.

Las sirenas de vapores y veleros comenzaron a sonar.

Los espectadores gritaban.

Las embarcaciones de seguimiento acompañaban el esfuerzo de los hombres en el agua con una algarabía que la prensa describe como ensordecedora.

Ciérvana mantuvo la ventaja que había conseguido desde la salida.


La primera prueba terminó así:

1.º Ciérvana — 27 min 55 s

2.º Santurce — 28 min 06 s

3.º Fuenterrabía — 28 min 22 s

4.º Bermeo — 28 min 30 s

5.º Zumaya — 29 min 00 s

6.º Argoños — 29 min 59 s.


Primera victoria para Ciérvana.

Pero todavía faltaba la prueba definitiva.

Zenón Acarregui

La crónica nos permite además recuperar los patrones.

Al frente de la trainera de Ciérvana estaba:

Zenón Acarregui

Santurce llevaba a Juan Monsuri;

Fuenterrabía a Ramón Lecuona;

Bermeo a Juan Zabala y Zumaya a Manuel Zubia.

El nombre del patrón de Argoños no pudo obtenerlo el cronista.


Portugalete recibe a Ciérvana

El triunfo provocó una reacción extraordinaria en Portugalete.

Cuando llegaron los remeros ciervanatos, una multitud los recibió.

La prensa cuenta que fueron:

cogidos a hombros

y conducidos entre aclamaciones y disparos de cohetes hasta la fonda en la que se alojaban.

La Banda municipal ofreció además un concierto de bailables.

Las calles estaban de fiesta.

Mientras tanto, las apuestas continuaban.

El triunfo de Ciérvana había dejado dinero en los bolsillos de quienes habían confiado en ella, y ya se cruzaban nuevas cantidades de cara a la prueba definitiva.


1 de septiembre: todo vuelve a empezar

La segunda prueba se disputó el 1 de septiembre de 1920.

Y si la primera había despertado entusiasmo, la definitiva llevó la expectación todavía más lejos.

Los muelles de Portugalete volvieron a llenarse.

Las Arenas y Algorta aparecieron abarrotadas.

Trenes y tranvías resultaban insuficientes.

Remolcadores, vapores, gabarras y pequeñas embarcaciones trasladaban espectadores hasta el Abra.

La crónica habla de un auténtico «mar de público».


Las dudas sobre Ciérvana

Esta vez Ciérvana no partía con todas las ventajas.

Había quienes consideraban que le había correspondido la peor trainera, más pesada y de peores condiciones.

Además, su baliza estaba situada en una zona donde la corriente de la ría podía perjudicarla.

Eso hizo que muchos consideraran arriesgado apostar nuevamente por los ciervanatos.

Pero otros no dudaron.

La prensa recoge una apuesta de 1.000 pesetas entre José María Olávarri, partidario de Ciérvana, y José Villalba, partidario de Santurce.

El dinero debía entregarse a la tripulación vencedora.


Otra vez el color cuero

La colocación para la segunda prueba fue:

Zumaya — baliza A — blanco

Ciérvana — baliza B — cuero

Fuenterrabía — baliza C — salmón

Santurce — baliza P — morado

Bermeo — baliza Q — amarillo

Argoños — baliza R — verde.


Instantes antes de la salida volvieron a presentarse en el embarcadero la reina Victoria Eugenia, el infante don Carlos y la infanta doña Luisa.

Y otra vez apareció Poiré sobre el cielo del Abra.

Una salida accidentada

Hubo tensión incluso antes de comenzar.

Bermeo y Argoños confundieron el cañonazo de prevención con el de salida y arrancaron antes de tiempo.

Tuvieron que regresar.

Representantes de Santurce y Ciérvana presentaron una reclamación previa, pero el jurado entendió que no existía ventaja efectiva y permitió continuar.


Cuando finalmente llegó la verdadera señal:

comenzó la lucha definitiva.

32 y 35 paladas por minuto

Ciérvana y Santurce volvieron a enfrentarse desde los primeros metros.

Un espectador llegó a contar para Ciérvana entre:

32 y 35 paladas por minuto.

Ciérvana realizó primero la ciaboga.

Santurce pasó detrás.

Fuenterrabía, sin embargo, comenzaba a mostrar una fuerza extraordinaria y se acercaba cada vez más.

La primera vuelta terminó:

Ciérvana, Santurce, Fuenterrabía, Bermeo, Zumaya, Argoños.


Pero aún quedaba la última vuelta.

La última ciaboga

Los hombres redoblaron el esfuerzo.

Ciérvana volvió a alcanzar primero la ciaboga exterior.

A partir de ese momento la victoria ciervanata comenzó a parecer clara.

El interés se desplazó entonces hacia la impresionante pelea entre Fuenterrabía y Santurce por las siguientes posiciones.

Ciérvana siguió avanzando.

La línea de llegada se acercaba.

Y de nuevo comenzaron a sonar las sirenas.

Los vapores, las embarcaciones de seguimiento, las tribunas y miles de personas apostadas alrededor del Abra comenzaron a recibir a las traineras.

Ciérvana vuelve a ganar

El orden de llegada de la segunda prueba fue:

1.º Ciérvana — 27 min 59 s

2.º Fuenterrabía

3.º Santurce

4.º Bermeo

5.º Zumaya

6.º Argoños.


Ciérvana había ganado nuevamente.

Dos pruebas.

Dos victorias.

Ya solo faltaba que el jurado sumara los tiempos.

El gran premio es para Ciérvana

Terminada la prueba, el jurado se reunió.

Los tiempos de ambas jornadas determinarían la clasificación definitiva.

Cuando se hizo pública:

CIÉRVANA ERA LA VENCEDORA DE LAS GRANDES REGATAS DE 1920.

La clasificación por premios quedó:

1.º Ciérvana — 14.000 pesetas

2.º Santurce — 7.500 pesetas

3.º Fuenterrabía — 5.000 pesetas

4.º Bermeo — 4.000 pesetas

5.º Zumaya — 3.000 pesetas

6.º Argoños — 2.000 pesetas.


Las banderas correspondientes a la clasificación fueron izadas en el mástil del jurado.

Ya no quedaba ninguna duda.

Ciérvana había ganado.

«Lo que hacen falta son remeros de buenos puños»

La victoria tenía además un elemento que la prensa quiso destacar.

Muchos habían considerado que la trainera adjudicada a Ciérvana en la segunda prueba era la peor de todas, tanto por su peso como por sus condiciones.

También se decía que la posición que había ocupado estaba especialmente afectada por la corriente.

Pero Ciérvana ganó igualmente.

Uno de los propios remeros, cuando le preguntaron si la embarcación era mala, respondió con una sencillez magnífica:

«Bien maja que es».

Y alguien que presenció la escena añadió una frase que resume toda aquella jornada:

«Lo que hacen falta, son remeros de buenos puños».


Quizá pocas frases expliquen mejor la manera en que fue interpretada aquella victoria.

Los vencedores

La crónica quiso dejar también constancia de los hombres que habían conseguido el triunfo.

El patrón era:

Zenón Acarregui

Y el periódico publicó una relación de los integrantes de la tripulación ciervanata, literalmente los tripulantes fueron:

Arámburu, Elorza, Barquín, la Cruz, Fernández (H), San Cristóbal, Echániz, Lazcano (S), Lazcano (M), Uranga, Tajada, Ayesta, Mendiola, Fernandez (A) y Arteche.

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Más de un siglo después, no son solamente apellidos en una columna de periódico.

Son los hombres que llevaron el color cuero de Ciérvana hasta el primer premio.

Portugalete los pasea en triunfo

Cuando terminó todo, la fiesta continuó.

Portugalete, donde los remeros de Ciérvana contaban con numerosos amigos, volvió a recibirlos como vencedores.

Las calles y los muelles estaban llenos.

La Banda municipal tocaba en la plaza.

Y los remeros y su patrón fueron:


paseados en triunfo por las calles.

El Petit Club Marmita acordó igualmente felicitar a los marineros ciervanatos.

La crónica no disimula su entusiasmo y termina afirmando que aquellas regatas habían dejado demostrada la superioridad de Ciérvana frente a sus contrincantes de aquel momento.


Dos días en los que el Abra perteneció al remo

Es difícil mirar estas páginas más de cien años después sin intentar imaginar aquel paisaje.

El muelle de Portugalete cubierto de personas.

Las Arenas y Algorta abarrotadas.

Vapores y remolcadores formando calles sobre el agua.

Sirenas sonando cuando las traineras se aproximaban.

Una reina contemplando la prueba desde el embarcadero.

Un avión realizando acrobacias sobre el estuario.

Apuestas pasando de mano en mano.

Patrones aferrados a sus estachas antes del cañonazo.

Y trece hombres de Ciérvana, más su patrón, vestidos de color cuero, hundiendo una y otra vez los remos en el agua.

27 minutos y 55 segundos en la primera prueba.

27 minutos y 59 segundos en la segunda.

Dos jornadas.

Dos victorias.

Y finalmente:

14.000 pesetas y el primer premio de las grandes regatas de traineras de 1920.

Pero quizá lo verdaderamente importante no sea el dinero.

Ni siquiera los tiempos.

Lo que permanece es la imagen de aquellos hombres regresando a Portugalete, levantados a hombros entre cohetes, música y aplausos.

Por unas horas, Ciérvana era el nombre que recorría todo el Abra.

Y aquellos remeros de buenos puños habían hecho que el color cuero quedara unido para siempre a una de las grandes victorias de su historia.


Fuentes consultadas

El Pueblo Vasco, 9 de junio de 1920. Información previa sobre la polémica surgida entre varios puertos por el empleo obligatorio de traineras y remos facilitados por la organización y las peticiones para modificar el reglamento.


El Pueblo Vasco, 13 de julio de 1920. Publicación del reglamento de las grandes regatas: composición de las tripulaciones, características de las siete traineras construidas en Zumaya según planos de Fermín Beraza, remos de José Loidi, sistema de sorteo, pruebas y clasificación.


El Pueblo Vasco, 13 de julio de 1920. Continuación del reglamento: desempates, representantes de las tripulaciones, composición y facultades del jurado, reclamaciones e inscripciones. El reglamento aparece fechado internamente en Bilbao, 1 de julio de 1920, aunque su fecha de publicación es 13 de julio de 1920.


El Pueblo Vasco, 31 de agosto de 1920. Gran crónica de la primera prueba disputada el 30 de agosto, con ambiente del Abra, sorteo de traineras y colores, desarrollo de la regata, tiempos, patrones, presencia de la reina Victoria Eugenia y victoria de Ciérvana.


El Pueblo Vasco, 2 de septiembre de 1920. Crónica de la segunda y definitiva prueba disputada el 1 de septiembre, incidencias de la salida, desarrollo de la carrera, nueva victoria de Ciérvana, clasificación final, premios, tripulación vencedora y celebraciones posteriores.


Se conserva la grafía histórica «Ciérvana» utilizada en las fuentes de la época.

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