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19 de Octubre de 1919 | Ciérvana celebra a sus remeros y el comienzo de las obras de su puerto

akalsuelme
hace 2 días
6 min de lectura
Recreación gráfica aproximada de la zona de la cofradía en el antiguo puerto de Ciérvana, inspirada en imágenes y referencias de la época.
Recreación gráfica aproximada de la zona de la cofradía en el antiguo puerto de Ciérvana, inspirada en imágenes y referencias de la época.

El domingo 19 de octubre de 1919, Ciérvana vivió una de esas jornadas en las que la vida del pueblo, el mar y el remo quedaron unidos en una misma celebración.

No se festejaba una sola cosa.

Por un lado, se quería homenajear a los remeros de Ciérvana, que pocas semanas antes habían protagonizado una magnífica actuación en las grandes regatas del Abra y habían alcanzado clasificarse para la gran final de las regatas de 1919, en la que finalmente quedó segunda tras San Sebastián.

Por otro, se celebraba el comienzo de las obras del puerto de Ciérvana, una actuación que la prensa presentaba como un acontecimiento importante para la localidad.

La comisión organizadora decidió reunir ambos motivos en una misma jornada.

El periódico lo resumió perfectamente en su encabezamiento:

«Festejando las obras del puerto y a los remeros»


Un banquete para cincuenta personas

La celebración comenzó con un banquete organizado en honor de los «bravos remeros de Ciérvana» y con motivo del inicio de las obras del puerto.

Tuvo lugar a la una de la tarde en la denominada Casa de la Venta del Pescado, y el servicio corrió a cargo del Hotel del Abra.

Asistieron aproximadamente cincuenta comensales.


La presidencia correspondió al alcalde, señor Torrontegui, (al frente del Ayuntamiento de Abanto y Ciérvana entre 1918 y 1920).

A su derecha se sentó el diputado provincial señor Ibarra, que acudía en representación del presidente de la Diputación.

A la izquierda ocuparon lugar los tenientes de alcalde de Portugalete señores Suárez y Garaizar.

También estaban presentes Agustín Iza, Luis Araquistain, vinculado al Frontón Euskalduna, y naturalmente los protagonistas de aquella jornada:

los remeros de Ciérvana.

Al frente de ellos estaba su patrón, Santiago Diego.


El recuerdo de las regatas de 1919

La celebración tenía lugar apenas unas semanas después de las grandes regatas del Abra.

Ciérvana había superado las distintas eliminatorias y había conseguido alcanzar la participación e la gran final frente a San Sebastián.

En la prueba decisiva del 6 de octubre de 1919, San Sebastián se impuso y obtuvo el primer premio de 10.000 pesetas, mientras que Ciérvana recibió el segundo premio de 6.000 pesetas.

Por eso, cuando la noticia del día 20 habla de los remeros que habían «ganado el premio en la regata de traineras», no significa que Ciérvana hubiera ganado la final.

Lo que se estaba celebrando era aquel importante segundo premio, conseguido después de una competición extraordinariamente exigente.


La propia existencia de este homenaje demuestra la importancia que tuvo aquella actuación para el pueblo.

No habían regresado como vencedores absolutos, pero Ciérvana quiso recibirlos como hombres que habían llevado el nombre de la localidad hasta una de las grandes finales del remo de aquel tiempo.


Las obras del puerto de Ciérvana

Sin embargo, el banquete tenía un segundo motivo que quizá sea todavía más importante desde el punto de vista de la historia local.

Se estaba celebrando también el inicio de las obras del puerto de Ciérvana.

Durante los discursos, el alcalde habló expresamente de aquellas obras y de la importancia que tendrían para la localidad.

La crónica señala que se trataba de una actuación de considerable envergadura económica y que los trabajos serían dirigidos por un arquitecto cuyo apellido aparece en el ejemplar como Rotaeche.


Este detalle cambia por completo el valor de la noticia.

No estamos únicamente ante una comida de homenaje a unos deportistas.

Estamos ante una jornada en la que Ciérvana celebraba simultáneamente un éxito deportivo y una mejora de su infraestructura marítima.

El remo y el puerto aparecían unidos porque ambos pertenecían al mismo mundo: el de una población profundamente vinculada a la mar.


El alcalde elogia a los remeros

Hacia las cuatro de la tarde, el alcalde tomó la palabra.

Después de referirse a las obras del puerto, dedicó parte de su intervención a los remeros de Ciérvana.

Los elogió por el resultado conseguido y explicó que el banquete se ofrecía tanto a ellos como a quienes habían contribuido al éxito alcanzado en las regatas.


En sus palabras apareció también un nombre que ya conocemos por la historia de aquellas competiciones:

Alfredo Zuricalday.

Zuricalday había ejercido como representante de los remeros de Ciérvana ante el jurado de las regatas.

De hecho, cuando el temporal obligó a suspender la final prevista para el 5 de octubre, fue precisamente él quien defendió inicialmente que la prueba debía aplazarse debido a las malas condiciones meteorológicas.


La crónica del banquete recuerda su participación y señala que una indisposición momentánea le impidió estar presente durante buena parte de la comida, aunque pudo incorporarse hacia los postres.

Su presencia fue recibida con una ovación.


Discursos y agradecimientos

Después del alcalde intervino el señor Suárez, en representación del Ayuntamiento de Portugalete, quien agradeció la invitación.

A continuación tomó la palabra el diputado provincial señor Ibarra, en nombre de la Diputación.

También habló un representante de la prensa, señor Mateos.

Las intervenciones fueron recibidas con aplausos por los asistentes.


La presencia de representantes municipales y provinciales da una idea de la importancia que se quiso conceder al acto.

No era simplemente una reunión privada entre vecinos y remeros.

Había una representación institucional que convertía aquella jornada en una verdadera celebración pública.


Después del banquete, romería

Pero la fiesta no terminó con los discursos.

Tras la comida comenzó una animada romería.

La música corrió a cargo del tamboril y de la Banda municipal, dirigida por Agapito Aspiazu.

La celebración continuó hasta después de las once de la noche.


La prensa cuenta que participaron en el baile muchachas de distintas clases sociales junto a los jóvenes de Ciérvana y otros asistentes.

La imagen que deja la crónica es la de todo un pueblo celebrando.

Primero alrededor de una mesa.

Después, con música y baile.

Y como telón de fondo, dos motivos que tenían mucho que ver con la identidad marinera de Ciérvana:

sus remeros y su puerto.


De la regata al pueblo

Hay algo especialmente bonito en esta noticia.

Durante las semanas anteriores, aquellos hombres habían estado compitiendo en el Abra ante miles de espectadores.

Habían remado contra Santurce, Fuenterrabía, Zumaya, Orio y finalmente San Sebastián.

Habían sufrido lluvia, temporal, aplazamientos e incluso el intercambio de traineras establecido por el reglamento.

El 6 de octubre habían terminado segundos.

Trece días después, el 19 de octubre, Ciérvana los tenía nuevamente entre los suyos.

Pero esta vez no estaban sentados en los bancos de una trainera.

Estaban sentados alrededor de una mesa, acompañados por vecinos, autoridades y quienes habían estado a su lado durante la competición.

Y después llegó la romería.


Un puerto que miraba hacia el futuro

La coincidencia con el comienzo de las obras del puerto convierte aquella jornada en algo más profundo.

Por un lado estaban los remeros, representantes de una tradición marinera nacida del trabajo y de la relación cotidiana con el mar.

Por otro, las obras de un puerto que simbolizaban transformación y futuro.

Tradición y progreso se encontraron aquel día en Ciérvana.

Probablemente nadie de quienes participaron en aquel banquete podía imaginar que, más de un siglo después, una breve crónica de periódico permitiría reconstruir casi hora por hora aquella celebración.

Pero ahí quedaron escritos los nombres.

El alcalde Torrontegui.

El diputado Ibarra.

Los representantes de Portugalete Suárez y Garaizar.

Alfredo Zuricalday, ligado a la defensa de los intereses de los remeros durante las regatas.

Y, por supuesto:

Santiago Diego y los remeros de Ciérvana.


Una jornada para recordar

El 19 de octubre de 1919 Ciérvana no celebró haber ganado una final que, en realidad, había ganado San Sebastián.

Celebró algo distinto.

Celebró que sus hombres habían llegado hasta el final de una de las grandes competiciones de traineras de aquel año.

Celebró el prestigio conseguido.

Celebró el premio obtenido.

Y celebró, al mismo tiempo, que comenzaban unas obras destinadas a mejorar su puerto.

Por eso esta pequeña noticia merece conservarse como una entrada independiente.

Porque durante unas horas, el puerto y los remeros fueron una misma celebración.

Y porque pocas noticias reflejan mejor la relación de Ciérvana con el mar en aquel otoño de 1919.


Fuente consultada

El Noticiero Bilbaíno, 20 de octubre de 1919, p. 3. Crónica publicada en la sección dedicada a Abanto y Ciérvana bajo el título «Festejando las obras del puerto y a los remeros», con información sobre el banquete celebrado el día anterior, autoridades y asistentes, homenaje a la tripulación de Ciérvana, comienzo de las obras del puerto, discursos y romería posterior.


Se conserva la grafía histórica «Ciérvana» utilizada en la fuente de la época.

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