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Septiembre de 1973: El Superpuerto y las primeras consecuencias de una gran transformación

akalsuelme
28 jun
2 min de lectura

El gran proyecto del puerto exterior continuaba avanzando sobre la costa de Punta Lucero. Las obras seguían su curso y, poco a poco, el paisaje comenzaba a cambiar. Sin embargo, aquel proceso de transformación no solo se hacía visible en el frente de obra. También empezaba a dejar sus primeras huellas en la vida cotidiana de quienes habitaban los barrios más próximos.


El 27 de septiembre de 1973, El Correo recogía la preocupación de más de cuatrocientos vecinos de San Mamés, La Arena y La Cuesta, barrios que por entonces pertenecían al municipio de Abanto y Ciérvana, ya que Zierbena aún no se había constituido como municipio independiente. El motivo eran los efectos que las continuas voladuras realizadas para la construcción del gran dique de Punta Lucero estaban provocando en sus viviendas.


Recreación gráfica del barrio de La Cuesta en 1973
Recreación gráfica del barrio de La Cuesta en 1973


Los vecinos describían cómo, cada vez que se realizaba una detonación, el suelo parecía estremecerse bajo sus pies. Las vibraciones llegaban hasta sus casas y, con el paso de los meses, comenzaron a aparecer grietas en algunas paredes y habitaciones. Aquellas explosiones, necesarias para abrir paso a una de las mayores obras de ingeniería de la época, empezaban a tener consecuencias que iban más allá del propio espacio de construcción.


Resulta especialmente significativo que la protesta vecinal no naciera como una oposición al puerto exterior. Al contrario. Los propios afectados comprendían la importancia del proyecto y no cuestionaban la necesidad de las obras. Su petición era mucho más sencilla y razonable: que se buscaran procedimientos para reducir las vibraciones y evitar que los trabajos siguieran deteriorando sus viviendas y alterando la tranquilidad de los barrios.


El Ayuntamiento trasladó la preocupación de los vecinos a la Junta del Puerto, que confirmó que las voladuras contaban con la correspondiente autorización. Sin embargo, aquel episodio quedó como uno de los primeros testimonios publicados de cómo una infraestructura destinada a transformar la economía y el futuro de Bizkaia comenzaba también a transformar la vida de quienes convivían con ella día tras día.


Visto desde la perspectiva actual, esta noticia constituye un valioso documento para comprender que las grandes obras no solo modifican mapas, costas o paisajes. También cambian la historia cotidiana de las personas. Detrás de cada avance técnico hubo vecinos que escuchaban las explosiones desde sus casas, observaban aparecer nuevas grietas en sus paredes y asistían, casi sin saberlo, al nacimiento de una nueva costa que acabaría sustituyendo para siempre a la que ellos habían conocido.


Conservar estas pequeñas historias permite entender la transformación del litoral en toda su dimensión: no solo como una sucesión de obras e infraestructuras, sino también como la memoria de quienes vivieron aquel cambio en primera persona.


Fuente consultada

ARNEDO. «400 vecinos de Abanto y Ciérvana: “Nos preocupan las voladuras de Punta Lucero”». El Correo Español – El Pueblo Vasco, 27 de septiembre de 1973

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