Octubre de 1919 | Ciérvana, color cuero, hasta la gran final del Abra

El otoño de 1919 volvió a llevar a Ciérvana al centro de una de las grandes competiciones de traineras del Abra.
Esta vez la participación era mucho más amplia que la del año anterior. Llegaron tripulaciones procedentes de distintos puntos de la costa vizcaína, guipuzcoana y cántabra, y para alcanzar la regata definitiva había que superar varias pruebas eliminatorias.
Entre todos aquellos pueblos estaba nuevamente Ciérvana.
Su patrón era Santiago Diego.
Y aquel año aparece además documentado un detalle que merece conservarse:
Ciérvana remaba con el color cuero.
No es una recreación posterior ni una asociación hecha desde el presente. La propia prensa de 1919 identifica expresamente al equipo ciervanato con ese color.
Una competición con numerosos pueblos de la costa
La primera jornada reunió a las embarcaciones en dos grupos.
En la serie de Ciérvana estaban también Fuenterrabía, Santander, Santurce, Argoños y Bermeo.
La segunda reunía a Zumaya, Pasajes de San Juan, San Sebastián, Algorta, Orio y Laredo.
La expectación era enorme. Remolcadores, balandros, embarcaciones menores y numerosos botes se concentraron en el Abra, mientras desde tierra se seguía la competición desde los lugares habituales.
Cada equipo había recibido mediante sorteo una trainera y un color.
En aquella primera fase, Ciérvana aparece con Santiago Diego como patrón.
Ciérvana pasa la primera eliminatoria
El recorrido era de aproximadamente tres millas y media.
En la primera vuelta de su serie, Santurce pasó en cabeza, seguido de Ciérvana y Fuenterrabía.
La lucha permitió finalmente a esos tres equipos clasificarse para la siguiente prueba.
Después de disputarse ambas eliminatorias quedaron seis pueblos:
San Sebastián, Zumaya, Orio, Ciérvana, Santurce y Fuenterrabía.
El jurado realizó entonces un nuevo sorteo de traineras.
Y ahí vuelve a aparecer claramente el dato:
Ciérvana — color cuero — trainera número 2.
Los equipos podían incluso utilizar durante la mañana las embarcaciones adjudicadas para familiarizarse con ellas antes de volver a competir.
30 de septiembre: Ciérvana se mete en la gran final
Al día siguiente llegó la segunda gran prueba.
Habían quedado seis tripulaciones y solamente las mejores tendrían opciones de disputar el premio definitivo.
Las embarcaciones salieron entre aplausos, vítores a los pueblos y toques de sirena de los vapores y remolcadores que seguían la regata.
La primera vuelta fue especialmente disputada.
Santurce marchó inicialmente en cabeza y Ciérvana avanzaba prácticamente a su mismo nivel.
Santurce consiguió después aumentar ligeramente su ventaja, mientras San Sebastián realizó un esfuerzo que le permitió alcanzar la altura de Ciérvana.
Al virar las balizas, Santurce pasó primero, seguido prácticamente al mismo tiempo por Ciérvana y San Sebastián.
Pero todavía quedaba la vuelta decisiva.
San Sebastián y Ciérvana se escapan hacia la final
En el regreso cambió la situación.
San Sebastián apareció en cabeza.
Inmediatamente detrás marchaba Ciérvana.
Después llegaron Zumaya, Santurce, Orio y Fuenterrabía.
La clasificación fue:
1.º San Sebastián — 27 min 54 s
2.º Ciérvana — 27 min 59 s
3.º Zumaya — 28 min 07 s
4.º Santurce — 28 min 10 s
Después quedaron Orio y Fuenterrabía.
cinco segundos
separaban a Ciérvana de San Sebastián.
Y esos cinco segundos tendrían una importancia enorme porque los tiempos obtenidos debían tenerse en cuenta en la regata definitiva.
10.000 pesetas en juego
San Sebastián y Ciérvana quedaban así como los dos finalistas.
El premio previsto para el vencedor era extraordinario:
10.000 pesetas.
El segundo clasificado recibiría:
6.000 pesetas.
Y, una vez más, el reglamento incorporaba aquella peculiar fórmula que ya habíamos visto en 1918:
las tripulaciones debían cambiarse las traineras.
San Sebastián, que había utilizado la número 1, pasaría a la trainera número 2.
Ciérvana, que había remado en la número 2, utilizaría la trainera número 1.
Incluso los remos serían sorteados entre los dos equipos.
De esa forma se pretendía reducir al máximo cualquier ventaja derivada exclusivamente de la embarcación.
El rey seguía las regatas
La repercusión que habían alcanzado estas competiciones queda reflejada en otro detalle sorprendente.
Tomás Urquijo, presidente del comité organizador, anunció que comunicaría al rey el resultado de la prueba.
Según la crónica, Alfonso XIII había mostrado interés por las regatas e incluso existía la posibilidad de que acudiera a presenciar la final si sus obligaciones se lo permitían.
Aquello da una idea de hasta dónde había llegado la expectación generada por las traineras del Abra.
5 de octubre: el temporal impide la final
La gran regata debía disputarse el domingo 5 de octubre.
Y el público acudió.
Lo hizo a pesar de un tiempo infernal.
Los trenes y tranvías llegaron a Portugalete y Las Arenas abarrotados, mientras los muelles de Portugalete, Santurce, Las Arenas y otros puntos del Abra se llenaban de espectadores que aguantaban bajo fuertes chaparrones.
A las cuatro y media el jurado estaba ya instalado en el embarcadero de Las Arenas.
Entre los representantes de los equipos figuraba por Ciérvana:
Alfredo de Zuricalday.
Él fue precisamente quien manifestó que, dadas las condiciones meteorológicas, consideraba conveniente aplazar la regata.
En un primer momento no se aceptó la propuesta.
Los remeros llegaron incluso a estar vestidos y preparados dentro de las embarcaciones.
Pero hacia las cinco y veinte la lluvia arreció de tal manera que resultaba prácticamente imposible competir.
A la lluvia se unía un fuerte viento y una visibilidad muy mala.
Finalmente, a las cinco y media, el jurado decidió suspender definitivamente la prueba.
El público comenzó entonces a abandonar los muelles y se produjeron auténticas aglomeraciones en trenes, tranvías y hasta en el transbordador del Puente Vizcaya.
La final se traslada al día siguiente
Aquella misma tarde volvieron a reunirse los representantes de San Sebastián y Ciérvana.
La solución fue intentar celebrar la regata al día siguiente:
lunes 6 de octubre, a la 1:30 de la tarde.
Si nuevamente el tiempo lo impedía, se buscaría otro momento antes de las seis.
La final no podía esperar mucho más.
6 de octubre de 1919: la gran final
El lunes volvió a llover.
Pero esta vez la competición salió adelante.
La regata comenzó aproximadamente a la 1:38 de la tarde.
Ciérvana y San Sebastián estaban frente a frente después de haber superado dos jornadas anteriores y después de que el temporal hubiera obligado a posponer el enfrentamiento.
Además, corrían con las embarcaciones intercambiadas.
Ciérvana utilizaba la trainera que anteriormente había correspondido a San Sebastián.
San Sebastián ocupaba la que había utilizado Ciérvana.
Ya no había margen para otra eliminatoria.
Era la definitiva.
Catorce segundos
La lucha volvió a ser intensa.
San Sebastián consiguió imponerse.
El titular de la crónica del día siguiente resume la distancia final:
San Sebastián venció por catorce segundos.
Así terminó el largo recorrido competitivo de aquellas jornadas de 1919.
San Sebastián recibió el primer premio de:
10.000 pesetas
Y Ciérvana obtuvo el segundo:
6.000 pesetas.
elcorreo-not-19191007-003.pdf
No fue la victoria del año anterior.
Pero tampoco fue una derrota menor.
Ciérvana había superado eliminatorias frente a algunos de los mejores pueblos remeros de la costa y había llegado hasta el último enfrentamiento, quedando únicamente por detrás de San Sebastián.
Los hombres de Ciérvana
La crónica final tiene además un valor extraordinario.
El periódico decidió publicar los nombres de quienes habían participado en aquella lucha, precisamente porque consideraba que tanto vencedores como vencidos merecían ser recordados.
Al frente de Ciérvana figura nuevamente:
Santiago Diego, patrón
Y junto a él aparecen los remeros de aquella tripulación, entre ellos nombres que la impresión conservada permite leer como remeros a Emilio Mateo, Florencio San Cristóbal, Jacinto Ayesta, Francisco Miguel, Alfonso Echaniz, Amancio Mendiola, Sixto Lanuza, Hilario Fernández, Angel Carpintero, Arsenio Anvanza, Víctor Barquín, Marcelino Elorza, Plácido Arámburu, Félix Tajada, Maximo Villarin y Plácido Ruiz. .
Más de un siglo después, este detalle convierte la noticia en algo mucho más valioso que una simple clasificación.
Son nombres.
Son hombres concretos.
Y formaron parte de aquella tripulación de Ciérvana de 1919.
Un abrazo después de la lucha
Quizá la escena más hermosa de toda la crónica llegó cuando la competición ya había terminado.
Los equipos acudieron al Club Marítimo del Abra para recoger sus premios.
San Sebastián recibió las 10.000 pesetas.
Ciérvana, las 6.000.
Y entonces, según relata el periódico, los remeros donostiarras y vizcaínos volvieron a abrazarse, renovando las muestras de afecto entre unos y otros.
La propia crónica señala que vencedores y vencidos no parecían considerarse realmente como tales, porque todos reconocían las condiciones en las que unos y otros habían tenido que luchar.
Es una imagen que merece cerrar esta historia.
Después de tantos días de competición, lluvia, sorteos, cambios de embarcación y segundos medidos casi uno a uno, quedaba el respeto entre los hombres que habían compartido el mismo esfuerzo.
Ciérvana, otra vez entre las grandes
La historia de 1919 confirma algo que empieza a repetirse en estas páginas.
Ciérvana no acudía simplemente a participar.
Estaba compitiendo entre los mejores.
En 1918 había conquistado la victoria.
En 1919 volvió a atravesar todas las eliminatorias y alcanzó la gran final frente a San Sebastián.
Y esta vez tenemos, además, un símbolo perfectamente documentado:
el color cuero.
Con ese color aparece Ciérvana en las fuentes de aquel año.
Con Santiago Diego como patrón.
Y con una tripulación que, después de varias jornadas de lucha en el Abra, regresó con un segundo puesto y 6.000 pesetas de premio.
Aquellos catorce segundos separaron a Ciérvana de una nueva victoria.
Pero no la apartaron de la historia.
Fuentes consultadas
El Noticiero Bilbaíno, 30 de septiembre de 1919, p. 3. Crónica de las primeras eliminatorias de traineras, composición de las series, patrones, sorteos, clasificación y adjudicación de embarcaciones y colores.
El Noticiero Bilbaíno, 1 de octubre de 1919, p. 3. Crónica de la segunda prueba, desarrollo de las dos vueltas, tiempos de los seis equipos, clasificación de San Sebastián y Ciérvana para la final, premios y condiciones de intercambio de traineras y remos.
El Noticiero Bilbaíno, 6 de octubre de 1919, p. 1. Relato del temporal del día anterior, suspensión de la final, actuación del representante de Ciérvana, Alfredo de Zuricalday, y nueva convocatoria para el 6 de octubre.
El Noticiero Bilbaíno, 7 de octubre de 1919, p. 3. Crónica de la regata definitiva entre San Sebastián y Ciérvana, diferencia final de catorce segundos, entrega de los premios de 10.000 y 6.000 pesetas, relación de tripulantes y muestras de fraternidad entre ambas tripulaciones.
Se conserva la grafía histórica «Ciérvana» empleada por las fuentes de la época. En los nombres de los tripulantes se han reproducido únicamente aquellos cuya lectura resulta suficientemente clara en el ejemplar conservado.


