Septiembre de 1895| Dos domingos de traineras en San Sebastián: de la victoria de Guetaria al triunfo donostiarra

Durante dos domingos consecutivos de septiembre de 1895, San Sebastián volvió a mirar hacia la bahía para contemplar uno de los espectáculos que ya formaban parte de sus grandes celebraciones: las regatas a remo.
El 8 de septiembre, traineras llegadas de diferentes localidades se enfrentaron en unas regatas calificadas expresamente como internacionales.
Siete días después, el 15 de septiembre, la competición regresó a aquellas mismas aguas. Esta vez las tres traineras premiadas pertenecían a San Sebastián.
Entre una jornada y otra aparecen Guetaria, Pasajes, Orio, Zumaya y San Sebastián; nombres de embarcaciones que vuelven a cobrar vida después de más de un siglo; algunos de sus patrones; importantes premios en metálico y hasta la presencia de la familia real siguiendo las pruebas.
Dos domingos separados por apenas una semana que, contemplados conjuntamente, nos permiten asomarnos a la importancia que las regatas habían alcanzado ya en la San Sebastián de finales del siglo XIX.
8 de septiembre: cinco traineras y cuatro millas
La primera gran cita tuvo lugar el domingo 8 de septiembre de 1895.
Las regatas internacionales a remo se disputaron sobre cuatro millas, dos de ida y dos de vuelta.
Cinco traineras quedaron identificadas en la información:
Nuestra Señora de la Paz, de Guetaria; Esperanza, de Pasajes; San Telmo, de Orio; Santa Cruz, de Zumaya; y San José, también de Orio.
Cinco embarcaciones y cuatro localidades representadas en las aguas donostiarras.
Y entre todas ellas se impuso Guetaria.
«Nuestra Señora de la Paz», vencedora
La Nuestra Señora de la Paz, de Guetaria, patroneada por Francisco Arregui, obtuvo el primer premio.
Completó las cuatro millas en:
22 minutos y 9 segundos.
La victoria estaba recompensada con una cantidad considerable:
1.000 pesetas.
Tras ella quedó Esperanza, de Pasajes, que realizó un tiempo de 23 minutos y 29 segundos y obtuvo el segundo premio, dotado con 500 pesetas.
En este caso, la información que conservamos no proporciona el nombre de su patrón.
El tercer puesto correspondió a San Telmo, de Orio, patroneada por Manuel Olaizola, que recibió 200 pesetas.
Y el cuarto premio, de 100 pesetas, fue para Santa Cruz, de Zumaya, cuyo patrón era Manuel Zanundegui.
La quinta participante, San José, de Orio, quedó sin premio.
La reina contempla las regatas
Aquella jornada tuvo además una espectadora excepcional.
La reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena presenció las regatas, acompañada por la familia real. Una semana después, desde el crucero Isla de Luzón, las traineras se acercaron a saludarles y el joven Alfonso XIII, que entonces tenía nueve años, correspondió al saludo agitando su pañuelo.
La escena nos sitúa perfectamente en aquel San Sebastián de finales del XIX: las cinco traineras disputándose las cuatro millas en la bahía y, desde tierra, la presencia de la familia real siguiendo una competición protagonizada por hombres procedentes de algunos de los grandes pueblos marineros de la costa.
Guetaria se llevó aquella vez la victoria.
Pero San Sebastián todavía tenía reservado otro domingo de regatas.
Siete días después, otra vez a los remos
El domingo 15 de septiembre, exactamente una semana después, la ciudad volvió a celebrar regatas.
Esta vez el programa comenzó condicionado por algo tan antiguo como las propias competiciones marítimas: el tiempo.
El telegrama enviado aquel mismo día desde San Sebastián explicaba:
«A primera hora faltó el viento, siendo preciso empezar las regatas por las traineras.»
La ausencia de viento impedía comenzar por las pruebas que dependían de él.
Los remos, en cambio, no necesitaban esperar.
Y fueron las traineras las encargadas de abrir la jornada.
Tres nombres donostiarras
Si una semana antes habían competido embarcaciones de Guetaria, Pasajes, Orio y Zumaya, además de las regatas celebradas en la propia ciudad, esta segunda jornada nos deja algo diferente.
Las tres traineras premiadas eran de San Sebastián:
Donostiarra, Segarra y Aña.
El primer premio fue para Donostiarra, que recibió 800 pesetas.
Segarra obtuvo el segundo premio, dotado con 200 pesetas, y la noticia le atribuye un tiempo de 21 minutos y 59 segundos.
El tercer premio, también de 200 pesetas, correspondió a Aña.
Y volvemos a encontrarnos ante uno de los límites de la documentación: conocemos las traineras, conocemos su procedencia y sus premios, pero los nombres de quienes remaron en ellas permanecen, por ahora, ocultos.
De la caseta de baños al «Isla de Luzón»
También en esta segunda jornada estuvo presente la familia real.
Pero esta vez la escena fue diferente.
La reina siguió inicialmente las regatas desde el crucero Isla de Luzón.
Una vez terminada la competición de traineras, las embarcaciones participantes se aproximaron al buque para saludar a la familia real.
Desde el barco llegó la respuesta:
el rey correspondió al saludo agitando su pañuelo.
Después llegaría el turno de las regatas de balandros. La reina embarcó entonces en la trincadura Guipuzcoana y salió a alta mar para presenciar aquellas pruebas.
Son pequeños detalles, pero permiten comprender que aquellas regatas eran mucho más que una clasificación y unos premios.
Eran también espectáculo.
Eran celebración.
Y formaban parte de la vida pública de una ciudad que había encontrado en su bahía uno de sus grandes escenarios.
Dos domingos que merece la pena recordar juntos
Contempladas por separado, las noticias del 8 y del 15 de septiembre podrían parecer simplemente dos resultados de regatas.
Juntas cuentan bastante más.
En apenas siete días, las aguas de San Sebastián acogieron primero a traineras de Guetaria, Pasajes, Orio y Zumaya, y una semana después a tres embarcaciones de la propia ciudad.
Quedaron para la historia nombres como Nuestra Señora de la Paz, Esperanza, San Telmo, Santa Cruz, San José, Donostiarra, Segarra y Aña.
Y también tres patrones a los que la documentación nos permite devolver su nombre:
Francisco Arregui, de Nuestra Señora de la Paz.
Manuel Olaizola, de San Telmo.
Manuel Zanundegui, de Santa Cruz.
De los demás hombres todavía no sabemos nada.
Pero aquellas dos semanas de septiembre de 1895 dejan una imagen difícil de olvidar: traineras procedentes de distintos pueblos marineros compitiendo en la bahía, importantes premios en juego y hasta la familia real contemplando desde tierra y desde un buque unas regatas que ya habían adquirido una extraordinaria dimensión pública.
El primer domingo, la gloria viajó a Guetaria.
El segundo, quedó en San Sebastián.
Y entre ambos quedó escrita otra pequeña página de aquella época en la que los hombres del Cantábrico convertían en competición la fuerza y la destreza aprendidas durante toda una vida en la mar.
Fuentes consultadas
El Noticiero Bilbaíno, septiembre de 1895. Telegramas remitidos desde San Sebastián relativos a las regatas celebradas los domingos 8 y 15 de septiembre de 1895.


