Otoño de 1918| La Distinguida de Ciérvana se gana el derecho a disputar la gran final del Abra

El domingo 29 de septiembre de 1918, las aguas del Abra acogieron una de las grandes regatas de traineras de pesca organizadas aquel año bajo el patrocinio de la Diputación de Vizcaya, distintas entidades y personalidades de la provincia.
El reglamento de aquella competición ya anunciaba algo poco habitual: las dos mejores tripulaciones tendrían que volver a enfrentarse en una segunda prueba y, para decidir cuál era verdaderamente superior, lo harían cambiándose las embarcaciones.
Pero antes había que ganarse el derecho a estar en aquella final.
Y Ciérvana lo hizo con autoridad.
Su trainera tenía un nombre que ya había aparecido anteriormente en nuestra historia del remo:
La Distinguida
Tres puertos frente a frente
Aunque el plazo de inscripción había permanecido abierto hasta pocos días antes, finalmente fueron tres traineras las que tomaron la salida:
La Distinguida, de Ciérvana.
La Eufemia, de Santurce.
La Blanca, de Castro Urdiales.
La crónica identifica también a quienes gobernaban las embarcaciones.
La Distinguida de Ciérvana iba patroneada por Antonio Urrestizala.
La Eufemia de Santurce, por Segundo Gamboa.
Y La Blanca de Castro Urdiales, por Vicente Paniza.
Ciérvana volvía así a aparecer representada por una embarcación cuyo nombre ya estaba ligado a las regatas del Abra.
Una multitud en los muelles
La jornada despertó una gran expectación.
Aunque la tarde se presentaba algo incierta y amenazaba lluvia, la prensa describe cómo un enorme gentío invadió los muelles para contemplar la regata.
Media hora antes de la salida, los patrones se encontraban ya junto al embarcadero de Las Arenas, donde se había instalado el jurado.
Todo estaba cuidadosamente preparado.
Entre el embarcadero y la escollera de la punta del muelle se habían colocado tres balizas en línea, tantas como embarcaciones participantes.
A la altura de la punta del contramuelle se situaba otra serie de balizas correspondientes a las primeras, manteniendo entre ellas la misma distancia y señalización.
Cada trainera tendría así su propio recorrido.
Después del sorteo, las tres embarcaciones ocuparon las posiciones que les habían correspondido.
Era una organización pensada expresamente para que cada tripulación dispusiera de espacio suficiente y pudiera recorrer su calle sin interferencias.
Dos cañonazos para comenzar
La precisión de la crónica permite incluso conocer el momento exacto de las señales.
A las cinco de la tarde, once minutos y treinta segundos, un cañonazo anunció la atención mientras se izaba la bandera nacional en el mástil del jurado.
Diez segundos después, un segundo disparo señaló la salida.
Las tres traineras comenzaron entonces a remar por la bahía.
Por delante tenían un recorrido de aproximadamente tres millas y media, dividido en dos vueltas.
La Distinguida toma la delantera
Desde la primera parte de la prueba, la trainera ciervanata comenzó a marcar diferencias.
Al terminar la primera vuelta, La Distinguida ya marchaba en cabeza, seguida por la embarcación santurzana y la de Castro Urdiales.
La segunda vuelta confirmó lo que se había visto en la primera.
La clasificación definitiva quedó establecida así:
1.º La Distinguida — Ciérvana, 28 minutos y 47 segundos
2.º La Eufemia — Santurce, 29 minutos y 25 segundos
3.º La Blanca — Castro Urdiales, 31 minutos y 36 segundos
Ciérvana había ganado la primera regata.
Y no lo había hecho por un margen insignificante.
Treinta y ocho segundos separaron a La Distinguida de la trainera de Santurce.
Castro Urdiales, tercero, recibió directamente el premio de 1.250 pesetas.
Pero para Ciérvana y Santurce todavía no había terminado nada.
Ciérvana y Santurce, a la prueba definitiva
Tal como establecía el reglamento, las dos primeras tripulaciones tendrían que volver al agua.
Estaban en juego:
5.000 pesetas para el vencedor.
2.500 pesetas para el segundo.
Sin embargo, aquella segunda regata contenía la condición que hacía extraordinaria la competición:
Ciérvana y Santurce tendrían que cambiarse las traineras.
Los hombres de Ciérvana no remarían en La Distinguida.
Los santurzanos tampoco lo harían en La Eufemia.
Cada tripulación tendría que demostrar su capacidad utilizando precisamente la embarcación de su rival.
La idea era sencilla y, para aquellos años, extraordinariamente interesante: intentar que el resultado dependiera menos de las cualidades particulares de cada trainera y mucho más de los hombres que la movían.
Diez traineras iguales para evitar disputas
La crónica de aquella primera jornada recoge además un detalle extraordinario para comprender la evolución futura de las competiciones.
El secretario del comité organizador explicó que, con objeto de evitar las protestas y desagradables incidentes que solían producirse en las regatas de traineras, existía la intención de construir para el año siguiente:
diez embarcaciones iguales
La propuesta era fabricar traineras del mismo tipo y características para ponerlas a disposición de las cofradías de la costa, de manera que pudieran competir en igualdad de condiciones.
Es un dato de enorme interés.
Demuestra que ya en 1918 se estaba intentando resolver uno de los grandes problemas históricos de aquellas regatas: distinguir qué parte de una victoria correspondía a los remeros y cuál a las diferencias existentes entre las propias embarcaciones.
El intercambio de traineras entre Ciérvana y Santurce era precisamente una manera práctica de comprobarlo.
Portugalete prepara una fiesta para la final
La expectación por el enfrentamiento definitivo fue tal que Portugalete organizó diversos festejos coincidiendo con la regata.
El Ayuntamiento anunció una gran romería amenizada por la Banda municipal, que comenzaría a las cinco de la tarde y continuaría hasta las once y media de la noche.
Después estaba prevista una colección de fuegos artificiales.
Y a las nueve y media se proyectarían en la plaza varias películas cinematográficas.
La regata había dejado de ser únicamente una competición entre pescadores.
Se había convertido en todo un acontecimiento popular para los pueblos de la ría y del Abra.
1 de octubre de 1918: llega la hora de la verdad
Dos días después de aquella primera victoria llegó el momento decisivo.
La tarde del martes 1 de octubre de 1918 fue muy diferente.
El tiempo se había vuelto desapacible.
Las nubes amenazaban lluvia y, pese a ello, una multitud volvió a ocupar los muelles para seguir la lucha entre las dos tripulaciones.
La prensa resumiría después aquella jornada con una expresión especialmente apropiada:
«Contra viento y marea».
Ciérvana y Santurce iban a disputarse definitivamente los dos grandes premios.
El detalle que hace histórica esta regata
Y entonces ocurrió lo establecido por el reglamento.
Las tripulaciones cambiaron las embarcaciones.
Los marineros de Santurce ocuparon la trainera de Ciérvana.
Y los hombres de Ciérvana se sentaron a los remos de la trainera de Santurce.
Por tanto, aquel día La Distinguida no fue llevada por los ciervanatos.
Esto convierte la victoria que estaba a punto de producirse en algo especialmente significativo.
Si Ciérvana conseguía ganar, ya no podría atribuirse el resultado a que La Distinguida fuese una embarcación mejor.
Tenían que hacerlo precisamente en la trainera de sus adversarios.
El Noticiero Bilbaíno confirma además la composición del jurado de aquella prueba y señala expresamente como delegado de la tripulación de Ciérvana a Julio Borreguero, mientras que Francisco Monasterio representaba a la de Santurce. También figuraba Alejandro de la Sota como delegado de la Diputación.
Cuatro segundos
La regata fue extremadamente igualada.
Las dos embarcaciones dieron las dos vueltas correspondientes por la bahía mientras el público seguía la lucha entre vítores.
Al final, el cronómetro dictó sentencia:
Ciérvana: 29 minutos y 15 segundos.
Santurce: 29 minutos y 19 segundos.
La diferencia fue de únicamente:
cuatro segundos
Ciérvana había vuelto a ganar.
Pero esta vez lo había hecho remando en la trainera de Santurce.
Las 5.000 pesetas para Ciérvana
El jurado proclamó vencedora a la tripulación ciervanesa y le adjudicó el gran premio de:
5.000 pesetas
Santurce quedó en segundo lugar y recibió el premio correspondiente.
La prensa destacó expresamente el triunfo con un titular inequívoco:
«Los de Ciérvana han ganado las 5.000 pesetas».
Más allá de la importancia económica del premio, la forma en que se había conseguido daba a aquella victoria un valor especial.
Dos días antes, los ciervanatos habían vencido con La Distinguida.
Ahora acababan de volver a imponerse utilizando la embarcación rival.
La Distinguida y los hombres que la hicieron grande
Esta documentación permite contemplar la regata de 1918 con una riqueza excepcional.
Tenemos el nombre de la trainera:
La Distinguida.
Tenemos el nombre del patrón:
Antonio Urrestizala.
Tenemos sus rivales:
La Eufemia de Santurce y La Blanca de Castro Urdiales.
Tenemos el resultado de la primera jornada:
Ciérvana, primera con 28 minutos y 47 segundos.
Y tenemos el desenlace definitivo:
Ciérvana vencedora de la regata de honor por solamente cuatro segundos.
Pero quizá lo más extraordinario sea precisamente que la victoria final no se consiguió a bordo de La Distinguida.
Aquellos hombres demostraron que podían vencer también cuando se les obligaba a abandonar su propia trainera y sentarse en la de sus adversarios.
Por eso esta historia habla de una embarcación, pero sobre todo habla de una tripulación.
Un pequeño pueblo en una gran jornada del remo
Ciérvana era entonces una pequeña comunidad profundamente vinculada a la mar.
Sus pescadores estaban acostumbrados a remar no por deporte, sino porque el remo formaba parte de su trabajo y de su vida cotidiana.
De aquel mundo surgieron los hombres que, durante dos jornadas de septiembre y octubre de 1918, se enfrentaron a Santurce y Castro Urdiales en el Abra.
Primero llevaron a La Distinguida hasta la victoria.
Después dejaron su propia trainera en manos de los santurzanos, ocuparon la de sus rivales y volvieron a ganar.
Solamente cuatro segundos decidieron aquella última regata.
Pero más de un siglo después, aquellos cuatro segundos nos permiten comprender mucho mejor lo que ocurrió realmente.
No fue únicamente una victoria de La Distinguida.
Fue la victoria de los remeros de Ciérvana.
Fuentes consultadas
El Pueblo Vasco, 30 de septiembre de 1918. Amplia crónica de la primera regata celebrada en el Abra el 29 de septiembre, con relación de traineras y patrones, organización de la salida, recorrido, clasificación y tiempos; proyecto del comité de construir diez embarcaciones iguales y anuncio de los festejos organizados en Portugalete con motivo de la prueba definitiva.
El Pueblo Vasco, 2 de octubre de 1918. Crónica de la regata de honor disputada el 1 de octubre entre Ciérvana y Santurce, con intercambio de traineras, tiempos de ambas tripulaciones y victoria de Ciérvana por cuatro segundos.
El Noticiero Bilbaíno, 2 de octubre de 1918. Información sobre la constitución del jurado de la prueba definitiva, los delegados de ambas tripulaciones y confirmación del intercambio de embarcaciones entre Ciérvana y Santurce.
Se conserva la grafía histórica «Ciérvana» correspondiente a la documentación de la época.


