Septiembre de 1891 | Bermeo estaba de fiesta: la mañana en que sus traineras volvieron a demostrar su fama

Durante aquellos días de septiembre de 1891, Bermeo estaba de fiesta.
Las fiestas y romerías de Albóniga habían llenado las jornadas del 9 y 10 de música, bailes, diversiones populares y fuegos artificiales. Era uno de esos momentos del año en los que la vida cotidiana parecía concederse unas horas de descanso y la villa entera encontraba motivos para salir, reunirse y celebrar.
Y en un pueblo que vivía tan profundamente unido a la mar, una parte de la fiesta tenía que ocurrir necesariamente sobre el agua.
Un Bermeo de romería, música y fiesta
La mañana del día 9 comenzó con una cucaña.
El juego era tan sencillo de explicar como difícil de superar: un madero colocado horizontalmente sobre el agua y cuidadosamente engrasado tenía en su extremo un banderín. Había que avanzar sobre aquella superficie resbaladiza hasta conseguir arrancarlo.
Quien perdía el equilibrio ya sabía dónde iba a terminar.
Cinco muchachos consiguieron premio. El primero recibió 5 pesetas y los restantes 2,50 pesetas cada uno.
Después llegaron las regatas de botes —así las denomina expresamente la crónica— y más tarde otra diversión que hoy resulta difícil separar de aquella época: doce patos fueron arrojados en El Arza para que los nadadores intentasen capturarlos.
Y todo aquello convivía con las romerías, los bailes, la música y los fuegos artificiales que acompañaban las fiestas.
Pero a la mañana siguiente llegó una de las pruebas que mejor podía encajar en aquel Bermeo marinero.
Esta vez el periódico no habla de botes.
Habla expresamente de:
«regatas de traineras».
10 de septiembre: salen las traineras
Cuatro patrones quedaron asociados para siempre a aquella mañana:
Eugenio. Isidro. José. Lorenzo.
La crónica no proporciona sus apellidos. Tampoco identifica los nombres de sus traineras ni a los hombres que bogaban en ellas.
No necesitamos añadir nada.
Porque el periodista dejó algo quizá todavía más interesante: la consideración que merecían aquellos remeros.
Según escribió, los hombres de Bermeo demostraron:
«el justo renombre de que gozan entre los de esta brava casta cantábrica».
La frase tiene una fuerza extraordinaria.
No presenta a aquellos hombres como unos aficionados que aprovechaban las fiestas para disputar una carrera. Habla de renombre, de una reputación que aparentemente ya poseían los remeros de la villa y que aquella mañana volvieron a defender sobre el agua.
Y entonces comenzó la regata.
Eugenio, 18 minutos y 29 segundos
La trainera patroneada por Eugenio fue la vencedora.
Detuvo el tiempo en:
18 minutos y 29 segundos.
Detrás llegó Isidro, con 19 minutos exactos.
La diferencia entre ambos fue de 31 segundos.
Pero si la victoria de Eugenio había quedado claramente establecida, por detrás se produjo una llegada muchísimo más ajustada.
José terminó en 19 minutos y 5 segundos.
Solamente cinco segundos separaron la segunda y la tercera posición.
Finalmente llegó Lorenzo, con 20 minutos y 37 segundos.
La clasificación de aquella mañana quedó, por tanto:
1.º Eugenio — 18 min 29 s2.º Isidro — 19 min 00 s3.º José — 19 min 05 s4.º Lorenzo — 20 min 37 s
Cuatro patrones.
Cuatro traineras cuyos nombres todavía desconocemos.
Y unos bogadores anónimos a los que el corresponsal, sin embargo, concedió algo que ha sobrevivido mucho mejor que sus nombres:
el reconocimiento a su prestigio.
Cuando la trainera también era fiesta
Quizá eso sea lo más hermoso de esta crónica.
Las regatas no aparecen como un acontecimiento aislado, organizado al margen de la vida de Bermeo.
Formaban parte de la fiesta.
Durante aquellos dos días hubo cucaña, botes, nadadores, patos en El Arza, romerías, bailes, música y fuegos artificiales. Y en medio de todo aquel bullicio, las traineras ofrecieron a los hombres de la mar su propio escenario.
Podemos imaginar el ambiente, pero no necesitamos inventarlo.
Nos basta con lo que dejó escrito quien estuvo mucho más cerca de aquel Bermeo que nosotros.
Porque aquel corresponsal no quiso limitarse a anotar quién había llegado primero.
Quiso dejar constancia de lo que representaban aquellos hombres.
Eran remeros que gozaban de «justo renombre» entre una «brava casta cantábrica».
Y quizá esa sea la verdadera fotografía que merece conservarse de aquella mañana del 10 de septiembre de 1891.
Bermeo estaba de fiesta.
Sonaba la música, continuaban las romerías y todavía quedaban celebraciones por delante.
Pero durante unos minutos todas las miradas pudieron dirigirse hacia la mar.
Allí estaban Eugenio, Isidro, José y Lorenzo.
Y delante de todos ellos, después de 18 minutos y 29 segundos, llegó Eugenio.
Fuente consultada
El Noticiero Bilbaíno, domingo 13 de septiembre de 1891, p. 1. «Carta de Bermeo», fechada el 11 de septiembre de 1891, dedicada a las fiestas y romerías de Albóniga celebradas durante los días 9 y 10.
La crónica recoge la cucaña, las regatas de botes y la suelta de doce patos en El Arza del día 9, así como las regatas de traineras del día 10, cuya clasificación estuvo encabezada por Eugenio, con 18 minutos y 29 segundos, seguido de Isidro, José y Lorenzo. El corresponsal destacó expresamente el «justo renombre» de los remeros de Bermeo entre los hombres de aquella «brava casta cantábrica».


