Septiembre de 1889 | La «Palmira» vuelve a poner a Bermeo por delante: dieciséis segundos para la memoria

Bermeo estaba de fiesta.
Pero para comprender lo que ocurrió aquel 9 de septiembre de 1889 hay que regresar unas horas atrás, cuando la villa comenzaba a llenarse de música, embarcaciones, visitantes y ese movimiento extraordinario que precedía a las grandes celebraciones.
La crónica conservada de aquellos días permite hacer algo más que conocer el nombre de una trainera vencedora. Nos deja asomarnos por un instante al Bermeo de finales del siglo XIX, contemplar sus muelles abarrotados, sus marineros preparando las fiestas, las lanchas saliendo al encuentro de quienes llegaban por mar y, finalmente, una regata que volvió a colocar un nombre ya conocido delante de los demás:
«Palmira».
La misma trainera que un año antes había formado parte de la gloriosa representación bermeana en las regatas del Abra volvía a aparecer en la prensa.
Y volvía ganando.
Los marineros se quedaron en tierra
El 7 de septiembre de 1889 ofrecía buen tiempo.
Sin embargo, los marinos de Bermeo no salieron a la mar.
La razón que proporciona el corresponsal es uno de esos pequeños detalles que dan vida a una época: necesitaban aquella jornada para repartirse los ahorros del verano y prepararse para las fiestas.
El trabajo cedía durante unos días su lugar a la celebración.
Y al caer la tarde comenzó a llegar gente.
Bermeo esperaba a los integrantes del Orfeón Bilbaíno, cuya visita se convertiría en uno de los grandes acontecimientos de aquellas jornadas.
Hacia las ocho de la noche, numerosas lanchas cargadas de personas salieron a recibirlos.
Todavía faltaba por aparecer el vapor que los transportaba.
El «Siglo» doblando Machichaco
Serían aproximadamente las nueve cuando apareció el vapor «Siglo», doblando el cabo de Machichaco.
Venía engalanado con farolillos de diferentes colores.
Desde Bermeo había salido a su encuentro una lancha dispuesta por el Ayuntamiento, con prácticos a bordo para facilitar la entrada del vapor.
Cuando ambas embarcaciones se encontraron en la mar, una descarga de cohetes anunció que los visitantes se aproximaban.
En tierra aguardaba una multitud.
El «Siglo» entró finalmente en Bermeo y sus pasajeros desembarcaron entre música, aplausos y el recibimiento de una villa completamente entregada a sus fiestas.
Es una de esas escenas que el tiempo ha borrado pero que la prensa permite reconstruir: las luces de los farolillos sobre el agua, los cohetes, las lanchas alrededor del vapor y los muelles llenos de gente esperando.
Más de ocho mil personas en Bermeo
Las celebraciones continuaron al día siguiente.
Hubo misa, música, visitas de autoridades y actuaciones del Orfeón.
Entre quienes se desplazaron hasta Bermeo se encontraba el gobernador civil, D. Ricardo Fernández Blanco, acompañado de varios amigos. El Ayuntamiento salió a recibirlo entre cohetes y manifestaciones de júbilo; visitó el Hospital Civil y posteriormente participó en un banquete al que asistieron treinta comensales.
El gobernador se trasladó también a Busturia, donde visitó la casa-palacio de los señores Arrótegui.
Mientras tanto, Bermeo continuaba llenándose de visitantes, muchos de ellos llegados desde Bilbao.
Y por la noche llegó una de las imágenes más extraordinarias de la crónica.
En medio de la plaza se había improvisado un quiosco para la actuación del Orfeón Bilbaíno.
El corresponsal calculó que allí aguardaban más de 8.000 personas.
Cuando comenzaron a escucharse los primeros compases del «Guernikako-arbola», la multitud guardó silencio.
La plaza, los balcones y las bocacalles quedaron pendientes de la música.
Después llegaron los aplausos.
Y aquella noche todavía tuvo otra parada significativa.
El Orfeón acudió a ofrecer una serenata a D. Manuel María Arrótegui.
Su nombre no tardaría en aparecer nuevamente en la crónica.
Esta vez unido a una trainera.
Y llegó el 9 de septiembre
La carta enviada desde Bermeo está fechada el 9 de septiembre de 1889.
Este detalle resulta fundamental porque permite despejar una pequeña confusión que podía surgir de las primeras noticias publicadas sobre las fiestas.
El propio corresponsal escribió, antes de cerrar su carta:
«En este momento acaban de verificarse las regatas».
Por tanto, podemos fijar con seguridad la fecha de la contienda:
9 de septiembre de 1889.
Y conocemos a la vencedora.
La «Palmira»
La trainera que se impuso aquel día fue la:
«Palmira»
Su propietario era D. Manuel María Arrótegui.
Y no ganó por una diferencia enorme.
Entre ella y su perseguidora hubo solamente:
16 segundos.
Dieciséis segundos que han sobrevivido durante más de un siglo escritos en las páginas de un periódico.
Las fuentes conservadas no proporcionan en estas noticias el nombre de la segunda embarcación, ni la relación de los remeros, ni el recorrido de la prueba.
Tampoco debemos inventarlos.
Sí indican que a la «Palmira» se le entregaría el premio establecido por la comisión, aunque no especifican en qué consistía ni cuál era su cuantía.
Hasta ahí llega el documento.
Pero lo que sí sabemos resulta especialmente interesante porque la «Palmira» no era una desconocida.
La trainera que ya había hecho historia en 1888
Solo un año antes, en septiembre de 1888, Bermeo había acudido a las grandes regatas celebradas en el Abra coincidiendo con la inauguración de las obras del Puerto Exterior.
Entonces participaron trece embarcaciones.
Y Bermeo consiguió un resultado formidable.
Dos traineras bermeanas ocuparon los dos primeros puestos:
«Manuelita» y «Palmira».
La «Manuelita» conquistó el primer premio y aquella recordada bandera de honor.
La «Palmira» completó el triunfo bermeano.
Y detrás de aquella embarcación estaba ya Manuel María Arrótegui, el hombre que se había comprometido ante la Cofradía de Mareantes a adquirir la trainera que resultase más ligera en las pruebas previas.
Un año después, su nombre y el de la «Palmira» regresaban juntos a las páginas de El Noticiero Bilbaíno.
Y nuevamente para anunciar una victoria.
Arrótegui, mucho más que un nombre junto a una embarcación
Las crónicas de 1888 y 1889 permiten comprender que Manuel María Arrótegui no puede quedar reducido simplemente a la expresión «propietario de la Palmira».
Su figura aparece integrada en la vida marinera y social de aquel Bermeo.
En 1888 había contribuido decisivamente a hacer posible la participación bermeana en las regatas del Abra. Había comprado la «Palmira», había renunciado en favor de la Cofradía a los premios económicos obtenidos y posteriormente había reunido en su casa de Traque a más de sesenta remeros para homenajearlos.
Ahora, en las fiestas de septiembre de 1889, volvemos a encontrarlo.
El gobernador visita la casa-palacio de los Arrótegui en Busturia.
El Orfeón Bilbaíno le ofrece una serenata.
Y poco después, la trainera de su propiedad vuelve a imponerse en el agua.
Las distintas noticias comienzan así a formar algo mucho más interesante que una colección de resultados.
Empiezan a reconstruir una época.
Un Bermeo que todavía podemos imaginar
Hay algo especialmente hermoso cuando se leen juntas estas viejas crónicas.
Por separado nos ofrecen datos.
Juntas nos devuelven un paisaje.
Podemos imaginar a los marineros permaneciendo en tierra para preparar las fiestas después de un verano de trabajo.
Las lanchas saliendo al anochecer.
El vapor «Siglo» apareciendo detrás de Machichaco con sus farolillos encendidos.
Los cohetes reflejándose sobre el agua.
Los muelles llenos.
El «Guernikako-arbola» sonando ante miles de personas.
Y después, las traineras.
En aquel Bermeo todavía profundamente unido a la pesca y a la mar, una embarcación podía ser mucho más que madera, remos y hombres.
Podía llevar consigo el orgullo de una comunidad.
La «Palmira» lo había hecho en 1888.
Y volvió a hacerlo en 1889.
Hoy no conocemos los nombres de los hombres que la hicieron avanzar aquel 9 de septiembre. Si algún día aparecen, deberán ocupar el lugar que merecen en esta historia.
Mientras tanto, permanece el nombre de su trainera.
«Palmira».
Y permanece también aquella diferencia mínima y enorme al mismo tiempo:
dieciséis segundos para la victoria y toda una vida para el recuerdo.
Datos documentados de la regata
La regata se celebró en Bermeo el 9 de septiembre de 1889. Resultó vencedora por 16 segundos la trainera «Palmira», propiedad de D. Manuel María Arrótegui. Las noticias consultadas indican que recibiría el premio establecido por la comisión, pero no precisan su naturaleza ni cuantía. Tampoco proporcionan los nombres de sus remeros, el recorrido de la prueba ni la identidad de la embarcación clasificada inmediatamente detrás.
Fuentes consultadas
El Noticiero Bilbaíno, septiembre de 1889. Informaciones sobre las fiestas de Bermeo y «Carta de Bermeo», escrita desde la propia villa, en las que se describen la llegada del Orfeón Bilbaíno, las celebraciones, la presencia de numerosos visitantes y la celebración de las regatas, con victoria de la trainera «Palmira» por 16 segundos.
Como antecedente para contextualizar la trayectoria de la embarcación y de Manuel María Arrótegui: El Noticiero Bilbaíno, septiembre y diciembre de 1888, informaciones relativas a las regatas del Abra y al posterior homenaje celebrado en Bermeo.
En las referencias documentales y citas se respeta la grafía original empleada por las fuentes históricas para los nombres de municipios, localidades y otros topónimos.


