Septiembre de 1888 | Bermeo conquista el Abra: una bandera entre traineras de pesca

El 21 de septiembre de 1888, las aguas del Abra fueron escenario de una de esas jornadas en las que parece encontrarse toda una época.
Bilbao miraba hacia el futuro. Aquella tarde se inauguraban las obras del Puerto Exterior, una empresa llamada a transformar profundamente la relación de la ría con el mar.
Pero, terminada la ceremonia oficial, el protagonismo regresaría a unas embarcaciones mucho más humildes y antiguas, nacidas no para el espectáculo, sino para el trabajo:
las traineras.
Trece de ellas iban a enfrentarse a remo.
Procedían de una costa en la que navegar, pescar y remar no eran todavía recuerdos ni tradiciones deportivas. Eran parte de la vida cotidiana.
Y entre aquellas embarcaciones estaban las de Bermeo y Ondárroa.
La llamada a los hombres de la mar
La historia había comenzado unos días antes.
La Comisión de Regatas tenía preparada para el 21 de septiembre una importante competición, pero necesitaba reunir las embarcaciones que iban a disputarla.
Y sabía dónde buscarlas.
Un telegrama fue dirigido a la Cofradía de Mareantes de Ondárroa, invitando a participar a sus traineras.
Aquel breve mensaje conserva hoy algo parecido a un pequeño reglamento de competición.
No podía presentarse cualquier embarcación.
Se solicitaban traineras de entre 40 y 42 pies de eslora, sometidas además a determinadas condiciones sobre su construcción. La cifra concreta referente a su antigüedad no resulta suficientemente clara en la impresión conservada, por lo que es preferible no aventurarla.
Pero otra condición sí aparece con enorme interés:
las traineras debían llevar al menos un mes dedicadas a la pesca.
Este detalle nos transporta directamente al mundo marinero de finales del siglo XIX.
No se estaban buscando embarcaciones construidas exclusivamente para competir. Se llamaba a las mismas traineras que trabajaban en la mar.
Catorce hombres a bordo
También estaba determinada la composición de las tripulaciones:
catorce hombres, incluido el patrón.
Además, se especificaba que el patrón podría singar, es decir, ayudarse de un remo situado a popa y manejado lateralmente para gobernar o impulsar la embarcación.
Por delante les esperaba un recorrido de tres millas y media.
Aquello ya tenía todos los elementos de una verdadera competición: condiciones para las embarcaciones, número determinado de tripulantes, distancia establecida, organización, premios y posibilidad de presentar reclamaciones.
Pero seguía conservando una unión directa con la pesca.
4.000 pesetas y una bandera
Los premios permiten comprender la importancia concedida a la prueba.
La trainera vencedora recibiría:
2.250 pesetas y una bandera.
La segunda obtendría 1.000 pesetas; la tercera, 500, y la cuarta, 250.
En total, 4.000 pesetas en premios, además de aquella bandera reservada a la vencedora.
La bandera es uno de los detalles más evocadores de toda esta documentación.
Mucho antes de que las grandes banderas se convirtieran en uno de los símbolos más reconocibles del remo del Cantábrico, encontramos aquí, en 1888, una regata de traineras cuyo principal vencedor regresaría a su puerto llevando precisamente una bandera.
Todavía faltaba saber cuál sería ese puerto.
El gran día del Abra
Llegó el viernes 21 de septiembre de 1888.
A las tres y cuarto de la tarde, el vapor Auxiliar salió del muelle del Arenal llevando a ministros, autoridades de la villa, representantes de la prensa y numerosos invitados.
No navegaba solo.
Tras él avanzaban otros vapores cargados de personas que se dirigían hacia el Abra. Desde las dos orillas de la ría, el público contemplaba el paso de la comitiva entre aplausos, vítores, cohetes y petardos, mientras numerosos buques habían sido engalanados para la ocasión.
El destino de todos era el mismo.
El Abra.
Allí iba a colocarse la primera piedra de las obras del nuevo Puerto Exterior.
A las cuatro y veinticinco, una piedra para el futuro
El párroco de la basílica de Santiago, Ramón Prada, bendijo la primera piedra.
Era de mármol blanco y llevaba grabadas dos inscripciones. Una recordaba la inauguración de las obras en el Abra y la otra dejaba para la posteridad la fecha:
21 de septiembre de 1888.
A las cuatro y veinticinco de la tarde, el ministro de Fomento hizo caer aquella piedra en la punta del rompeolas del lado del Serantes.
Hubo vítores.
La ceremonia había terminado.
Y entonces llegaron las traineras.
Trece embarcaciones esperando su turno
El vapor Auxiliar se dirigió hacia Portugalete para que los invitados pudieran contemplar las pruebas.
Había trece lanchas inscritas.
Trece traineras dispuestas a medirse sobre aquellas tres millas y media que había establecido la organización.
Las regatas a vela que también estaban previstas tuvieron que suspenderse debido a inconvenientes surgidos a última hora.
El remo, en cambio, siguió adelante.
Y alrededor del Abra se había reunido una multitud.
El periódico habla de aproximadamente dieciocho vapores presentes con motivo de la inauguración, de miles de personas contemplando la jornada y de los muelles de Las Arenas y Portugalete ocupados por un «inmenso gentío».
Por unas horas, el Abra se convirtió en un enorme escenario.
Bermeo, primero
Cuando comenzaron a conocerse los resultados, una población destacó sobre las demás:
Bermeo.
La trainera inscrita con el número 1 consiguió la victoria.
La documentación que tenemos no proporciona el nombre de aquella embarcación, ni tampoco el de su patrón o sus tripulantes.
Pero sí sabemos qué ganó:
2.250 pesetas y la bandera.
Aquella bandera de 1888 tenía ya destino.
Bermeo.
Y no fue su única recompensa.
Otra trainera bermeana, inscrita con el número 4, consiguió el segundo puesto y las 1.000 pesetas correspondientes.
Bermeo ocupaba así las dos primeras posiciones de una regata con trece embarcaciones inscritas.
Ondárroa respondió a la llamada
La historia iniciada días antes con aquel telegrama enviado a la Cofradía de Mareantes tuvo también su desenlace.
Ondárroa acudió al Abra.
Una de sus traineras consiguió el tercer premio, dotado con 500 pesetas.
La localidad a la que la Comisión había recurrido buscando embarcaciones de pesca capaces de competir estuvo allí y alcanzó uno de los puestos premiados.
Pero todavía quedaba por resolver la cuarta posición.
Y entonces apareció la protesta.
Pasajes protesta y el cuarto premio queda pendiente
Todo parecía indicar que las 250 pesetas correspondientes al cuarto premio iban a parar también a una trainera de Ondárroa.
Sin embargo, la embarcación de Pasajes, inscrita con el número 13, presentó una reclamación.
El motivo resulta especialmente revelador.
Se cuestionaba que la trainera ondarresa hubiera cumplido una de las condiciones establecidas por la Comisión:
haber estado dedicada a la pesca durante al menos un mes.
Cuando apareció la crónica, el cuarto premio todavía no estaba definitivamente resuelto.
Y precisamente esta protesta demuestra la importancia real de aquella condición.
No era una frase decorativa escrita en un reglamento.
Podía decidir una clasificación y un premio.
Traineras que todavía olían a pesca
Quizá sea aquí donde estas noticias adquieren todo su valor histórico.
Aquellos hombres competían por cantidades importantes de dinero, por prestigio y por una bandera.
Había reglamento, inscripciones y reclamaciones.
Miles de personas contemplaban las pruebas.
Se organizaban incluso vapores desde Bilbao para transportar al público hasta el Abra. El Luchanita anunciaba viaje de ida y vuelta por 2 pesetas, mientras el Progreso ofrecía otro servicio por 3 pesetas.
Todo comienza a parecernos extraordinariamente cercano al espectáculo deportivo.
Y, sin embargo, la organización seguía exigiendo algo que nos devuelve inmediatamente al origen:
las traineras tenían que haber pescado.
La embarcación de competición todavía no se había separado de la embarcación de trabajo.
Los mismos cascos que conocían las faenas de la pesca podían presentarse después ante una línea de salida.
Entre el viejo Cantábrico y el mundo que llegaba
Hay además una hermosa coincidencia histórica en aquella tarde.
Mientras se colocaba la primera piedra de una infraestructura destinada a transformar el puerto de Bilbao, trece traineras se preparaban para competir sobre aquellas mismas aguas.
A un lado estaba el futuro: grandes obras, vapores, comercio e ingeniería.
Al otro permanecía un mundo mucho más antiguo: madera, remos, pesca y hombres acostumbrados a medir sus fuerzas contra el Cantábrico.
Durante unas horas, ambos mundos convivieron en el Abra.
Y quizá por eso aquella regata de 1888 sea algo más que una clasificación deportiva.
Nos permite contemplar un instante de transición.
Las traineras seguían perteneciendo al trabajo, pero comenzaban a conquistar también otro territorio: el de la competición organizada, el público, los premios y el prestigio de representar a un puerto.
bandera que regresó a Bermeo
No sabemos dónde terminó aquella bandera.
No conocemos todavía el nombre de la trainera que la ganó.
Tampoco los nombres de los catorce hombres que la llevaron hasta la victoria.
La documentación que manejamos no permite ir más allá.
Pero después de más de un siglo sí podemos recuperar algo de aquella tarde.
Sabemos que trece embarcaciones se reunieron en el Abra.
Sabemos que Bermeo fue primero y segundo.
Que Ondárroa terminó tercero.
Que Pasajes defendió mediante una protesta el cumplimiento de las reglas.
Y sabemos que la vencedora regresó con 2.250 pesetas y una bandera.
Quizá aquellos hombres no imaginaron que, tantos años después, alguien volvería a detenerse en aquellas pocas líneas impresas.
Pero allí siguen.
Los puertos, las traineras y aquella bandera.
Una pequeña parte de la memoria marinera del Cantábrico que el tiempo no consiguió llevarse del todo.
Fuentes consultadas
El Noticiero Bilbaíno, septiembre de 1888. Informaciones relativas a la convocatoria, organización y celebración de las regatas de traineras del Abra, coincidentes con la inauguración de las obras del Puerto Exterior, así como la crónica posterior con las embarcaciones premiadas y la protesta presentada por la representación de Pasajes.
Nota editorial: En las referencias documentales y en las citas se respeta la grafía empleada por las fuentes históricas para los nombres de municipios, localidades y otros topónimos.1888-09-21 | Bermeo conquista el Abra: una bandera entre traineras de pesca


