Octubre de 1889 | De la gran regata a la revancha: San Sebastián y Pasajes De San Pedro, un desafío que terminó decidiéndose a remo

Durante unas semanas del otoño de 1889, la costa guipuzcoana vivió una de esas historias en las que las traineras dejaron de ser únicamente embarcaciones de pesca para convertirse en representantes del orgullo de dos comunidades marineras.
Todo comenzó con una fiesta y una regata.
Terminó con una revancha, dinero depositado, apuestas considerables, una discusión sobre las propias embarcaciones, la intervención de la autoridad marítima y una segunda victoria de San Sebastián.
Entre medias quedó una pregunta tan antigua como las propias competiciones de remo:
¿qué hacía ganar una regata: los hombres o la trainera?
Una regata para atraer a toda la costa
A mediados de septiembre de 1889, San Sebastián preparaba una gran jornada para el 24 de septiembre, festividad de la princesa de Asturias.
El propósito del Ayuntamiento era organizar un acontecimiento capaz de despertar interés mucho más allá de la ciudad.
La prensa utilizó una expresión magnífica para describir el territorio al que podía alcanzar la expectación:
«de Machichaco á Biarritz».
Entre los festejos proyectados figuraba una «gran regata de lanchas á remo», para la que se habían establecido tres premios:
1.000 pesetas para el vencedor, 625 para el segundo y 375 para el tercero.
En total, 2.000 pesetas.
Inicialmente se hablaba además de una prueba entre San Sebastián y Pasajes, con un recorrido previsto desde Guetaria hasta el castillo de la Mota.
Conviene mantener aquí una distinción importante: esos eran los planes anunciados. Las crónicas posteriores que tenemos no permiten asegurar que la regata finalmente celebrada mantuviera exactamente aquel recorrido.
Antes de competir, había que pescar
En aquellos mismos días, otra noticia devuelve las traineras a su verdadera razón de ser.
San Sebastián tenía entonces veinte traineras que salían a la pesca de la sardina.
Mientras los vapores y lanchas dedicados a la merluza regresaban con capturas escasas, aquellas veinte traineras encontraban buenas sardinas, descritas como hermosas y de gran tamaño, entre Pasajes y Guetaria.
Parte de la pesca se enviaba hacia Burdeos y hacia el interior de las provincias, provocando considerable movimiento en el muelle.
El detalle resulta fundamental para comprender estas regatas antiguas.
Aquellas embarcaciones no habían nacido para el espectáculo.
Y aquellos hombres no eran deportistas profesionales esperando el día de la competición.
Eran hombres de mar.
Las mismas traineras que podían disputar un premio y ser contempladas por miles de personas servían para salir a buscar la sardina y regresar con el sustento.
De aquel mundo del trabajo estaba naciendo también una pasión.
24 de septiembre: la primera batalla
La gran regata se celebró finalmente el martes 24 de septiembre de 1889.
Y el público respondió de una manera extraordinaria.
La bahía de San Sebastián quedó «plagada» de botes y barcos.
La prensa calculó que alrededor de 2.000 personas se habían embarcado para contemplar las regatas desde el agua.
Al pasar la barra comenzó a dibujarse el orden.
Delante marchaba una trainera de San Sebastián.
Tras ella, una de Pasajes de San Pedro.
Y en tercera posición, otra de San Sebastián.
Ese mismo orden se mantuvo hasta el final.
San Sebastián obtuvo el primer premio de 1.000 pesetas.
Pasajes de San Pedro, el segundo de 625.
Y la segunda trainera donostiarra consiguió las 375 pesetas del tercero.
Las dos embarcaciones de San Sebastián habían quedado, por tanto, entre las premiadas.
Las fuentes consultadas no proporcionan los nombres de aquellas traineras ni los de sus patrones y remeros, por lo que deben permanecer, de momento, anónimos.
Veinte minutos y una ovación para todos
La prensa habló de unos veinte minutos de regata, aunque sin ofrecer un cuadro individual de tiempos que permita atribuir una marca exacta a cada embarcación.
Lo que sí dejó escrito fue el estado en el que terminaron aquellos hombres.
Después del esfuerzo estaban:
«rendidos por el penoso trabajo que habían terminado».
Y al regresar encontraron el reconocimiento de quienes esperaban en el muelle.
Los remeros recibieron:
«una merecida ovación».
La expresión es hermosa porque no reserva el homenaje únicamente a quienes habían ganado.
La ovación fue para aquellos hombres que acababan de dejar sus fuerzas sobre el agua.
Por la noche, los vencedores celebraron el triunfo.
Parecía el final.
No lo era.
Pasajes quería volver a remar
La derrota dejó una cuenta pendiente.
Los hombres de Pasajes de San Juan que no habían conseguido premio desafiaron a los tripulantes de la trainera vencedora de San Sebastián.
Querían otra regata.
Pero pusieron una condición extraordinaria:
cambiar las traineras.
La propuesta iba directamente al corazón de una cuestión que probablemente ya se discutía entonces.
Si volvían a enfrentarse utilizando las embarcaciones del contrario, sería mucho más difícil atribuir el resultado simplemente a la calidad de una trainera.
Era una manera de poner a prueba a los hombres.
Los donostiarras aceptaron.
Las apuestas comenzaron a inclinarse a favor de San Sebastián.
Y lo que parecía una revancha sencilla empezó a complicarse.
Una sospecha bajo la quilla
Cuando los representantes de ambos grupos acudieron a formalizar las condiciones de la apuesta surgió una exigencia de los donostiarras:
las traineras debían ser reconocidas antes de competir.
Detrás de aquella petición circulaba un rumor.
Y aquí conviene respetar exactamente la cautela de la propia prensa, que reconocía no saber cuánto había de cierto.
Se decía que los hombres de Pasajes de San Juan podían haber untado con sebo la quilla de su trainera.
¿Por qué podía importar aquello?
Según explicaba la información, al pasar algunos días el sebo se volvería «estopajoso y pesado», perjudicando la marcha rápida de la embarcación.
Si los hombres de San Sebastián tenían que utilizar la trainera pasaitarra en la revancha, querían comprobar previamente que se encontraba en las mismas condiciones en que había sido entregada por el Ayuntamiento antes de la primera competición.
La sospecha existió y fue publicada.
Que realmente se hubiese manipulado la embarcación no queda demostrado por las fuentes que tenemos.
El comandante de Marina tuvo que intervenir
La controversia adquirió tal importancia que los tripulantes de Pasajes acudieron a San Sebastián.
Junto con los remeros donostiarras se presentaron ante el comandante de Marina del puerto:
Sr. Baldasano.
Ambas partes le pidieron que resolviese la disputa.
Baldasano consideró razonable efectuar el reconocimiento de las embarcaciones y confió el examen a un especialista:
el maestro calafatero Vicente Lecuona.
Lecuona debía inspeccionar las lanchas y emitir su parecer.
Después resolvería el comandante de Marina.
Y ambos bandos se habían comprometido de antemano a aceptar su decisión.
Ya no estábamos simplemente ante dos cuadrillas diciendo quién remaba mejor.
Había condiciones negociadas, una autoridad marítima, un especialista encargado de examinar las embarcaciones y dinero comprometido.
10.000 reales depositados
Porque la revancha llevaba también una importante dimensión económica.
La prensa señalaba que estaban depositadas desde los primeros días cantidades de 10.000 reales, y que incluso se habían previsto las circunstancias bajo las cuales podía perderse la denominada «señal».
El desafío estaba formalizado.
Mientras se discutía, las fechas fueron moviéndose.
Una primera información anunció la nueva regata para el 2 de octubre, a las diez de la mañana.
Otra posterior habló del día 3 como fecha señalada y explicó que las discrepancias estaban provocando retrasos.
Por eso ninguna de esas dos fechas debe confundirse con la de la celebración efectiva.
La revancha tuvo que esperar.
6 de octubre: ya solamente quedaba remar
Finalmente, el 6 de octubre de 1889, una trainera de San Sebastián y otra de Pasajes volvieron a encontrarse en la Concha de San Sebastián.
Después de días de palabras, reclamaciones, sospechas e inspecciones, llegó aquello que había originado toda la historia.
El remo.
Y San Sebastián volvió a imponerse.
Esta vez la diferencia no dejó demasiado espacio para la discusión:
2 minutos y 3 segundos.
La revancha había terminado con una segunda victoria donostiarra.
Hay, sin embargo, una cautela documental que merece conservarse.
Sabemos que el desafío se había planteado bajo la condición de intercambiar las traineras. Pero la breve noticia que comunica el resultado final no confirma expresamente que el intercambio se efectuase finalmente después de todas las controversias.
Por tanto, no debemos convertir una condición pactada en un hecho que todavía no tenemos documentalmente demostrado.
Miles de pesetas cambiando de manos
La expectación generó numerosas apuestas.
Entre ellas hubo una que llamó especialmente la atención de la prensa:
9.000 pesetas a favor de San Sebastián frente a 2.000 pesetas de Pasajes.
Los donostiarras llegaban como favoritos.
Y el agua terminó dando la razón a quienes habían apostado por ellos.
Pero contemplada desde hoy, la verdadera riqueza de esta historia está en otra parte.
Los hombres, las traineras y una rivalidad nacida de la mar
En apenas unas semanas, los periódicos dejaron retratado todo un mundo.
Veinte traineras saliendo de San Sebastián a buscar sardina entre Pasajes y Guetaria.
Una gran competición preparada para atraer la atención «de Machichaco á Biarritz».
Dos mil personas embarcándose para contemplar las regatas.
San Sebastián venciendo.
Pasajes reclamando otra oportunidad.
Una condición: cambiar las traineras.
Una sospecha sobre el sebo de una quilla.
El comandante Baldasano intentando poner orden.
El maestro calafatero Vicente Lecuona examinando las embarcaciones.
Miles de reales depositados.
Miles de pesetas apostadas.
Y finalmente dos tripulaciones nuevamente frente a frente en la Concha.
Quizá ahí esté lo más fascinante de aquellas primeras regatas.
Todavía no existía una frontera clara entre la trainera de trabajo y la trainera de competición.
Los hombres que pescaban podían convertirse en remeros ante miles de espectadores.
Y una discusión sobre quién era mejor podía desembocar en algo tan sencillo y tan formidable como esto:
cambiar los botes y volver a remar.
San Sebastián ganó las dos veces.
La primera victoria llegó el 24 de septiembre de 1889.
La revancha definitiva, el 6 de octubre.
Pero Pasajes también dejó su nombre en aquella historia.
Porque una rivalidad necesita a dos.
Y fueron aquellos hombres —vencedores y vencidos— quienes, mucho antes de que las regatas adquiriesen la dimensión que alcanzarían después, consiguieron que miles de personas mirasen hacia la mar esperando descubrir qué trainera aparecería primero.
Datos que podemos considerar documentados
La primera regata se celebró el 24 de septiembre de 1889. Una trainera de San Sebastián obtuvo el primer premio de 1.000 pesetas; una de Pasajes de San Pedro, el segundo de 625; y otra donostiarra, el tercero de 375 pesetas. Aproximadamente 2.000 personas se embarcaron para contemplar las pruebas.
Posteriormente, remeros de Pasajes de San Juan desafiaron a los vencedores donostiarras bajo la condición de cambiar las traineras. Surgieron discrepancias acerca del estado de las embarcaciones y un rumor no confirmado sobre la aplicación de sebo a una quilla. Intervinieron el comandante de Marina Sr. Baldasano y el maestro calafatero Vicente Lecuona.
La revancha acabó celebrándose en la Concha el 6 de octubre de 1889, con una nueva victoria de San Sebastián por 2 minutos y 3 segundos. La noticia final disponible no confirma expresamente que las traineras fueran efectivamente intercambiadas, por lo que ese extremo debe quedar abierto.
Fuentes consultadas
El Noticiero Bilbaíno, septiembre y octubre de 1889, a través de distintas informaciones sobre la preparación y celebración de las regatas y reproducciones de noticias procedentes de la prensa guipuzcoana, entre ellas La Voz de Guipúzcoa y El Guipuzcoano.
Las noticias documentan sucesivamente el proyecto de la regata, su celebración el 24 de septiembre, el desafío posterior entre los remeros de San Sebastián y Pasajes, las condiciones planteadas para la revancha, las discrepancias acerca del estado de las traineras y el resultado final del 6 de octubre.
En las referencias documentales y en las citas se respeta la grafía original empleada por las fuentes históricas para los nombres de municipios, localidades y otros topónimos.


