Mayo de 1921 | Santurce frente a sí misma: Imperio y Eulalia se juegan el honor en dos mangas


En la primavera de 1921, Santurce vivió una de esas regatas que no enfrentaban a dos pueblos distintos, sino a dos tripulaciones de la misma matrícula.
Por un lado estaba la Eulalia.
Por otro, la Imperio.
Dos traineras santurzanas, dos grupos de remeros y una rivalidad que llenó el puerto de público, apuestas, comentarios y expectación durante varios días.
La primera prueba se celebró el domingo 1 de mayo de 1921.
La definitiva llegó cuatro días después, el jueves 5 de mayo.
Y entre ambas quedó una historia preciosa de juventud frente a veteranía, percances, orgullo, esfuerzo y una diferencia final mínima.
El puerto de Santurce, abarrotado
La primera crónica describe un ambiente extraordinario.
Desde bastante antes de la salida, el público fue ocupando el largo pretil del muelle Reina Victoria, mientras numerosas gasolineras, vaporcitos y botes se movían por la bahía cargados de espectadores deseosos de seguir la regata de cerca.
El puerto de embarcaciones menores se convirtió en uno de los mejores puntos para contemplar la salida, las maniobras y todos los preparativos de aquella jornada.
No era una simple prueba entre dos traineras.
Santurce estaba pendiente de la lucha.
Juventud contra veteranía
La primera crónica presenta a las dos tripulaciones de este modo:
La Eulalia iba ocupada por los más jóvenes, patroneados por Lorenzo Martín.
La Imperio estaba tripulada por los veteranos que habían tomado parte en las grandes regatas del verano anterior, con Pedro Landera como patrón.
La oposición era perfecta.
Por un lado, fuerza joven.
Por otro, experiencia.
Y el interés estaba servido.
1 de mayo: primera prueba
A las seis menos cuarto el jurado se situó frente al morro del puerto.
Poco después aparecieron las dos traineras, que realizaron primero un pequeño ejercicio de entrenamiento.
A las seis y cinco se dio la señal de atención.
Los patrones sujetaban la cuerda que los separaba de la embarcación utilizada como referencia de salida.
Cinco minutos más tarde, a las seis y diez, sonó el disparo.
Las dos traineras arrancaron.
La Eulalia sale con hambre de victoria
La tripulación joven comenzó con mucha codicia.
Los de la Eulalia intentaron obtener ventaja desde los primeros instantes y lo consiguieron parcialmente.
Pero la suerte empezó a volverse contra ellos.
En la ciaboga, al patrón se le saltó un remo.
La maniobra obligó a los tripulantes a realizar un gran esfuerzo y les hizo perder tiempo.
Pese a ello, una vez recuperada la marcha, los jóvenes reaccionaron con enorme brío y consiguieron volver a ponerse por delante.
Entonces llegó un segundo percance.
A uno de los bogadores de estribor se le rompió el remo.
Otra pérdida.
Otra vez a remar contra la adversidad.
La Imperio aprovecha su oportunidad
Los veteranos de la Imperio mantuvieron una boga más segura.
La crónica la describe como más airosa y estable que la de los jóvenes.
Al final, los tiempos quedaron así:
Imperio — 43 minutos y 2 segundos
Eulalia — 43 minutos y 19 segundos
La diferencia fue de solamente:
17 segundos
La Imperio había ganado la primera manga.
Una derrota que no parecía definitiva
El público entendió perfectamente lo ocurrido.
La Eulalia había perdido, sí.
Pero lo había hecho después de dos percances muy serios.
Por eso la crónica señala que, teniendo en cuenta el remo saltado y la rotura posterior, aquellos 17 segundos no parecían una ventaja imposible de remontar.
La afición comenzó inmediatamente a hablar de la segunda prueba.
Los partidarios de los jóvenes crecieron.
Las apuestas aumentaron.
Y durante los días siguientes, según la prensa, en Santurce no se hablaba de otra cosa.
5 de mayo: la definitiva
Cuatro días después llegó el momento decisivo.
El jueves 5 de mayo de 1921, Santurce volvió a reunir a un gran gentío para presenciar la regata final.
Aquí aparece un detalle especialmente interesante.
La segunda crónica identifica ahora a la Imperio con los jóvenes y a Lorenzo Martín, mientras que la Eulalia aparece con los veteranos y Pedro Landera.
Todo indica, por tanto, que entre una prueba y otra las tripulaciones intercambiaron las traineras.
La fuente no explica expresamente ese cambio, pero la coincidencia entre patrones y grupos —jóvenes con Lorenzo Martín y veteranos con Pedro Landera— permite interpretar razonablemente que cada tripulación pasó a remar en la embarcación contraria para la segunda manga.
Es una deducción a partir de las dos crónicas, no una afirmación literal del periódico.
Un recorrido entre el puerto y el Rompeolas
La segunda prueba tenía un recorrido bien definido.
La salida se realizaba desde el puerto de embarcaciones menores y las traineras debían dirigirse hacia el Rompeolas, donde tenían que efectuar la ciaboga antes de regresar.
La lucha empezó de forma brillante.
Y esta vez se vio enseguida que las tornas podían cambiar.
Los jóvenes salen a por todas
La tripulación joven tomó la iniciativa.
Durante los primeros minutos realizó una boga muy fuerte y mantuvo un ritmo de aproximadamente:
24 paladas por minuto
Los veteranos intentaron responder, pero no lograron ponerse a su altura.
La diferencia fue aumentando.
La tripulación joven no quería simplemente ganar la manga.
Tenía que recuperar los 17 segundos perdidos en la primera prueba.
La llegada
Los tiempos publicados fueron:
Imperio — 12 minutos y 11 segundos
Eulalia — 12 minutos y 43 segundos
La diferencia de la segunda prueba era de:
32 segundos.
Y como la Eulalia llevaba 17 segundos de ventaja de la primera jornada, la suma de ambas mangas daba el resultado definitivo:
Imperio vencedora por 15 segundos.
Quince segundos después de dos días de lucha
Aquella diferencia final resume perfectamente lo igualada que fue la competición.
La primera manga había sido para una tripulación por 17 segundos.
La segunda cambió completamente la situación.
Al final, después de sumar ambos recorridos, solo:
15 segundos
separaron a vencedores y vencidos.
Jóvenes y veteranos
Más allá del resultado, estas dos regatas enfrentaron dos generaciones del remo santurzano.
Los veteranos llegaban con la experiencia de las grandes competiciones del verano anterior.
Los jóvenes querían demostrar que podían estar a su altura.
La primera jornada pareció dar la razón a los hombres experimentados.
Pero los percances sufridos por los jóvenes dejaron abierta la disputa.
La segunda prueba terminó inclinando definitivamente la balanza.
El puerto pendiente de sus propios remeros
La crónica de la final vuelve a insistir en el enorme interés despertado por la regata.
El público discutía las incidencias con apasionamiento.
Las conversaciones llevaban días girando alrededor de una misma cuestión:
¿podrían los jóvenes recuperar los 17 segundos?
Finalmente pudieron hacerlo.
Y no solo los recuperaron.
Terminaron con una ventaja suficiente para adjudicarse el resultado global.
Una pequeña historia dentro del gran remo de Santurce
Estas pruebas tienen un encanto especial porque no enfrentaban a Santurce con Ciérvana, Fuenterrabía, Bermeo o San Sebastián.
Era Santurce compitiendo consigo misma.
Dos traineras.
Dos generaciones.
Dos patrones.
Lorenzo Martín, al frente de los jóvenes.
Pedro Landera, con los veteranos.
Y un puerto entero contemplando cómo sus propios hombres medían fuerzas sobre el agua.
Las grandes regatas suelen recordar vencedores y derrotados.
Esta vez, de una manera u otra, todos eran de casa.
Fuentes consultadas
El Pueblo Vasco, 3 de mayo de 1921, p. 6. Crónica de la primera prueba celebrada en Santurce el 1 de mayo, con descripción del ambiente, composición de ambas tripulaciones, patrones, percances sufridos por la Eulalia y tiempos de la primera manga.
f
El Noticiero Bilbaíno, 6 de mayo de 1921, p. 4. Crónica de la regata definitiva celebrada el 5 de mayo, con recorrido, ritmo de boga, tiempos, cómputo de la ventaja anterior y victoria final de la Imperio por 15 segundos.
La identificación de un probable intercambio de traineras entre ambas pruebas es una interpretación deducida de las dos crónicas, al aparecer los mismos patrones y grupos asociados a embarcaciones distintas en cada jornada.


