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Marzo de 1971: Puerto Exterior Inicios

akalsuelme
25 jun
3 min de lectura


A comienzos de la década de 1970, la costa occidental de Bizkaia vivía uno de los momentos de mayor transformación de toda su historia. Mientras una nueva refinería comenzaba a levantarse en los terrenos de Muskiz, otro proyecto, todavía desconocido para buena parte de la población, empezaba a ocupar las páginas de la prensa: la construcción de un gran puerto exterior capaz de responder a las necesidades de una nueva etapa industrial.


Para quienes contemplaban aquellos planos publicados en marzo de 1971, la idea parecía casi imposible. Los dibujos mostraban enormes diques adentrándose en el mar entre Punta Lucero y Santurtzi, creando una amplia bahía artificial preparada para recibir algunos de los mayores buques mercantes del mundo. Sin embargo, detrás de aquellas ilustraciones existía un proyecto cuidadosamente estudiado y respaldado por unas necesidades cada vez más evidentes.


El puerto de Bilbao atravesaba entonces una etapa de intensa actividad. Sus muelles soportaban un tráfico creciente y comenzaban a mostrar síntomas de saturación. Los barcos eran cada vez mayores, el volumen de mercancías aumentaba año tras año y las instalaciones existentes resultaban insuficientes para afrontar el futuro.


Las cifras hablaban por sí solas. En 1970 el puerto había movido más de 12,6 millones de toneladas de mercancías, casi el doble que apenas seis años antes. Las previsiones apuntaban a que en 1975 esa cifra podría alcanzar 26 millones de toneladas, un crecimiento que obligaba a pensar en soluciones de gran envergadura.


El proyecto contemplaba la construcción de un gigantesco dique de abrigo de 2.223 metros de longitud, iniciado en Punta Carrasquillo, en Zierbena. Para levantar aquella infraestructura sería necesario emplear 12 millones de toneladas de piedra procedente de canteras próximas y 510.000 metros cúbicos de hormigón. El presupuesto superaba los 1.600 millones de pesetas, una inversión extraordinaria para la época.


La futura dársena estaría protegida frente a los temporales del noroeste, los más duros del mar Cantábrico, permitiendo el atraque de petroleros de hasta 500.000 toneladas y de otros grandes buques especializados. Aquella capacidad situaría al nuevo puerto entre las instalaciones marítimas más importantes de Europa.


El proyecto no terminaba allí. Los ingenieros ya imaginaban un segundo dique, situado frente a Punta Galea, que cerraría definitivamente el puerto exterior. Con ambos diques terminados, la nueva superficie portuaria alcanzaría unas 1.500 hectáreas, aproximadamente cinco veces la extensión del puerto existente en aquellos años.


Uno de los aspectos más llamativos era su sistema de financiación. Parte de las obras serían sufragadas mediante aportaciones económicas vinculadas al desarrollo de las nuevas instalaciones industriales de la zona, mientras que el resto se recuperaría posteriormente gracias a la propia actividad portuaria y al incremento del tráfico marítimo.


Era una fórmula que pretendía convertir una gran inversión inicial en un motor permanente de crecimiento económico.

Pero quizá la parte más interesante del artículo publicado en 1971 no era la descripción técnica del puerto, sino la reflexión histórica que hacía su autor.


Recreación gráfica de la costa hacia 1970
Recreación gráfica de la costa hacia 1970


Recordaba que Bizkaia había construido muchas de sus grandes infraestructuras siguiendo un mismo patrón: adelantarse a las necesidades futuras.


Así ocurrió en el siglo XVIII con la carretera de Orduña, financiada por las instituciones vizcaínas para mejorar la comunicación con Castilla. También sucedió a finales del siglo XIX con las grandes obras del puerto de Santurtzi y Algorta, costeadas en buena parte mediante recargos sobre la exportación del mineral de hierro. De la misma manera, numerosos ferrocarriles fueron impulsados por empresarios y entidades vizcaínas para conectar Bilbao con el resto de la península, aun a costa de enormes sacrificios económicos.


El propio artículo recordaba que entre 1857 y 1891 llegaron a construirse once líneas ferroviarias, que sumaban 1.084 kilómetros, un esfuerzo extraordinario para una provincia que entonces contaba con una población muy inferior a la actual.


La idea central era clara: cada generación había afrontado grandes desafíos construyendo nuevas infraestructuras antes de que resultaran imprescindibles. El gran puerto exterior representaba un nuevo capítulo de esa misma historia.


Con la perspectiva que ofrecen más de cincuenta años, aquellas páginas publicadas en marzo de 1971 adquieren un valor especial. No solo describían un proyecto de ingeniería; captaban el instante en que comenzaba a tomar forma una transformación que modificaría para siempre el paisaje de Muskiz, Zierbena, Santurtzi y la ría de Bilbao.

Hoy resulta fácil contemplar estas obras como parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, para quienes leyeron aquella noticia hace más de medio siglo, todo aquello aún pertenecía al futuro. Precisamente por eso conserva tanto interés: porque permite asomarse al momento exacto en que una idea empezó a convertirse en realidad.


Fuente histórica consultada

Periódico: El Correo Español – El Pueblo Vasco.

Fecha: 21 de marzo de 1971.

Autor Isidoro Delclaux Arostegui.

Título del artículo: «El gran puerto de Bilbao. La historia se repite».


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