La necrópolis de Ranes: entre Cardeo y la playa de la Arena. 1963-1965

A escasa distancia de la playa de La Arena, en un pequeño valle que asciende hacia el barrio de Cardeo, se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes descubiertos en el antiguo Valle de Somorrostro durante el siglo XX. Se trata de la necrópolis de Ranes, un enclave que permitió documentar la presencia de una antigua comunidad cristiana medieval y sacar a la luz una de las piezas arqueológicas más singulares halladas hasta entonces en Bizkaia.
Las primeras investigaciones comenzaron en 1963, aunque las características del terreno —un yacimiento al aire libre y de considerable extensión— hicieron que los trabajos avanzaran lentamente durante los primeros años. A estas dificultades se sumaron diversos problemas organizativos y administrativos que retrasaron el desarrollo de las excavaciones.
A finales de 1965, El Correo Español–El Pueblo Vasco anunciaba la reanudación de los trabajos para el año siguiente. La campaña sería posible gracias a la autorización del Servicio Nacional de Excavaciones, la colaboración de los propietarios de la finca —la familia Elósegui—, el apoyo del Ayuntamiento de Abanto y Ciérvana y la ayuda de la Diputación de Vizcaya.
La dirección científica correspondía a los arqueólogos Juan María Apellániz y Ernesto Nolte y Arámburu, delegados de excavaciones de Bilbao y de Las Encartaciones. En los trabajos también colaboraban miembros del Grupo Espeleológico de la Diputación y el vecino de Las Carreras Inchaurtieta, reflejando la estrecha cooperación entre especialistas e investigadores locales.
Un asentamiento con siglos de historia
Las excavaciones permitieron reconocer restos de construcciones de mampostería, con muros de aproximadamente ocho metros de longitud dispuestos formando una doble escuadra, lo que evidenciaba la existencia de un antiguo asentamiento.
En torno a estas estructuras aparecieron seis sepulturas, aunque inicialmente solo una pudo excavarse por completo.
La tumba estudiada medía aproximadamente 2,25 metros de longitud por 55 centímetros de anchura, presentaba una ligera forma trapezoidal y estaba cubierta por una gran losa caliza, fracturada parcialmente en la zona de los pies.
En su interior apareció un esqueleto humano —que en aquel momento se consideró probablemente femenino— acompañado por diversos fragmentos cerámicos y piezas de sílex que, según los investigadores, no formaban parte del ajuar funerario, sino que procedían de tierras removidas durante la construcción del enterramiento.
Hallazgos de distintas épocas
Uno de los aspectos más interesantes del yacimiento fue comprobar que el lugar había sido ocupado durante un prolongado periodo histórico.
Los arqueólogos identificaron cerámicas finas realizadas a torno, de tonos rojizos y grisáceos, correspondientes a época romana, junto con otras piezas mucho más bastas y oscuras claramente medievales.
Los profesores Weideman y Helmut Schlunk, tras estudiar estos materiales, situaron parte de ellos en torno al siglo IX, proporcionando una referencia cronológica esencial para interpretar el conjunto arqueológico.
Además, el hallazgo de cerámicas decoradas indicaba que el lugar continuó utilizándose incluso durante el siglo XIV, lo que demuestra una prolongada ocupación del enclave.
El descubrimiento que dio fama a Ranes
La campaña culminó en 1966 con el descubrimiento que convertiría a Ranes en un yacimiento de referencia para la arqueología medieval vizcaína.
En la cabecera de una de las sepulturas apareció una lápida funeraria de arenisca cuidadosamente labrada.
En su cara principal figuraba una cruz de brazos iguales. Bajo ella aparecía representada una figura humana de frente, con cuerpo rectangular, cinturón y una mano extendida señalando la cruz. Los investigadores también observaron pequeños signos grabados cuyo significado no pudo interpretarse.
El reverso mostraba una decoración completamente distinta, formada por cuatro circunferencias concéntricas, varios surcos decorativos y nuevas cruces incisas.
La combinación de ambos motivos convertía la pieza en un ejemplar excepcional.
Una pieza única
Los especialistas consultados quedaron sorprendidos por el hallazgo.
El prestigioso arqueólogo alemán Helmut Schlunk, del Instituto Arqueológico Alemán, calificó la lápida como una pieza absolutamente única en la Península Ibérica.
Su tipología parecía remontarse al siglo IX, aunque algunos de sus elementos recordaban motivos presentes en el arte visigótico, merovingio y longobardo europeo.
Los investigadores compararon la representación humana con ejemplos conservados en San Pedro de la Nave (Zamora), Quintanilla de las Viñas (Burgos), varios sarcófagos franceses e incluso con manifestaciones artísticas del norte de Italia.
Sin embargo, concluyeron que la lápida de Ranes poseía unas características propias que la convertían en una obra excepcional dentro del patrimonio medieval peninsular.
Los primeros cristianos de Bizkaia
Las propias sepulturas mostraban semejanzas con la conocida necrópolis de Arguiñeta (Elorrio), aunque los investigadores consideraban que el conjunto de Ranes podía ser incluso anterior.
Por ello plantearon una hipótesis de enorme trascendencia histórica: la posibilidad de encontrarse ante uno de los testimonios más antiguos del cristianismo conservados en Bizkaia, siempre con la prudencia que exige la investigación arqueológica.
Un patrimonio que merece ser recordado
Han transcurrido ya más de seis décadas desde aquellas excavaciones que despertaron el interés de arqueólogos nacionales e internacionales.
Sin embargo, la necrópolis de Ranes continúa siendo una gran desconocida para buena parte de la población.
A escasos kilómetros de la playa de La Arena permanece el recuerdo de un lugar donde, hace más de mil años, una comunidad dejó enterrados no solo a sus difuntos, sino también una parte esencial de la historia medieval de la margen occidental vizcaína.
Bibliografía y fuentes consultadas
El Correo Español – El Pueblo Vasco, «Vizcaya: Plan de excavaciones arqueológicas para el año 1966. Se llevarán a cabo cuidadosos estudios en la necrópolis de Ranes», 28 de diciembre de 1965.
El Correo Español – El Pueblo Vasco, «Una lápida sepulcral del siglo IX en la necrópolis de Ranes», 7 de diciembre de 1966.


