La Ermita de Nuestra Señora del Socorro, II Centenario
En noviembre de 1968, el diario El Correo Español-El Pueblo Vasco dedicó un amplio reportaje a uno de los rincones más queridos de la costa vizcaína: la Ermita de Nuestra Señora del Socorro de Pobeña, que aquel año cumplía su II Centenario.
Situada sobre el antiguo islote que domina la desembocadura de la ría y la playa de La Arena, la ermita ha contemplado durante generaciones la vida de marineros, mineros, pescadores y familias enteras que encontraron en ella un lugar de encuentro, devoción y esperanza.

La tradición local, apoyada por diversos testimonios históricos, sitúa su construcción en el año 1768, fecha que durante siglos ha permanecido viva en la memoria de los vecinos de Pobeña.
Doscientos años después, en 1968, la ermita seguía siendo un símbolo inseparable del pueblo y de su identidad.
El reportaje recogía las palabras de don Pedro Uribe-Echevarría, antiguo párroco de Pobeña, quien recordaba la posible existencia anterior de un beaterio de franciscanas en el lugar.
También aparecía el testimonio de don José Carlos Amedo, párroco de la localidad en aquel momento, que relataba cómo Pedro de la Cuadra y Achiga, arzobispo de Burgos e hijo de Pobeña, impulsó la creación de un templo para atender a los vecinos de la barriada.
Especialmente emotivo resulta el recuerdo de Sabino López Anguisola, que en aquel año contaba 97 años de edad. Nacido en 1871, apenas tres años después de celebrarse el primer centenario de la ermita, Sabino era considerado el vecino más anciano de todo Muskiz. Había sido marinero, había recorrido medio mundo en barcos de vela y posteriormente en barcos de hierro movidos por carbón. Conoció puertos lejanos del Imperio Otomano, de Baltimore y de numerosos lugares de España. Más tarde trabajó en la histórica mina de Orconera, donde permaneció hasta su jubilación a los 79 años.
Su esposa, natural de Mundaka, había ejercido durante años como sacristana de la ermita. Por eso, cuando hablaba de Nuestra Señora del Socorro, no lo hacía como un simple observador, sino como alguien cuya vida había estado íntimamente ligada a aquel santuario.
El periodista señalaba que la edad le hacía mezclar algunos recuerdos, pero también destacaba la firmeza con la que repetía una y otra vez una misma fecha: 1768. Para Sabino no había ninguna duda; aquella era la fecha que figuraba en la campana y la que había escuchado desde niño a sus mayores.
La noticia también evocaba a un personaje casi legendario para la tradición local: Pedro de Llano, natural de Pobeña y capitán del paquebote correo «El Colón». Según un antiguo exvoto conservado en la ermita, el 15 de octubre de 1768, cuando su embarcación se encontraba a unas treinta millas al norte de La Habana, un terrible huracán estuvo a punto de hacerla naufragar.
En medio del peligro, la tripulación imploró la protección de la Virgen del Socorro y logró salvarse. En agradecimiento, Pedro de Llano dejó memoria escrita de aquel acontecimiento extraordinario y, según la tradición popular, estuvo vinculado a la construcción o reforma de la ermita.
Han pasado muchos años desde que aquel reportaje fue publicado. Sin embargo, la imagen sigue siendo la misma: la ermita asomando sobre el antiguo islote, vigilando la costa, el mar y la entrada de la ría. Las generaciones han cambiado, pero permanece el recuerdo de quienes la levantaron, de quienes la cuidaron y de quienes transmitieron su historia.
Porque la Ermita del Socorro no es únicamente un edificio construido en 1768. Es un símbolo de la memoria colectiva de Pobeña. Es el reflejo de la fe de sus gentes, de sus marineros y de sus familias. Y es también el legado de personas como Pedro Uribe-Echevarría, José Carlos Amedo y, sobre todo, del viejo Sabino López Anguisola, que todavía en 1968conservaba viva la historia que había escuchado contar a sus mayores junto a las encinas y las rocas del islote del Socorro.
Agradecimiento documental: Parte de la información histórica recogida en este artículo procede del reportaje «Poveña: La ermita del Socorro cumple 200 años», publicado por J. Muñoz en El Correo Español-El Pueblo Vasco el 2 de noviembre de 1968, cuya consulta ha permitido recuperar testimonios y recuerdos hoy de gran valor para la memoria de Pobeña.


