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8 de septiembre de 1976: El puente de Pobeña hacia la Playa de la Arena

akalsuelme
22 jul
4 min de lectura
Recreación del nuevo puente de Pobeña  el 8 de septiembre de 1976
Recreación del nuevo puente de Pobeña el 8 de septiembre de 1976

Hay fechas que permanecen grabadas en la memoria colectiva de un pueblo. En Pobeña, una de ellas es, sin duda, el 8 de septiembre, festividad de la Virgen del Socorro, patrona de la localidad. Como cada año, vecinos, antiguos residentes y romeros acudían a la pequeña iglesia para rendir homenaje a la Virgen, en una jornada marcada por la devoción, el reencuentro y el ambiente festivo.


Pero el 8 de septiembre de 1976 tuvo un significado todavía más especial. Aquel día no solo se celebró la tradicional romería, sino que los vecinos pudieron cruzar por primera vez el nuevo puente colgante sobre la ría del Barbadún, una infraestructura largamente esperada que transformaría para siempre la comunicación entre Pobeña y la playa vizcaína de La Arena.


Un regalo para el día de la patrona

El diario El Correo informaba al día siguiente de que, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Socorro, el puente había sido abierto provisionalmente al tránsito desde primeras horas de la mañana, permitiendo que los romeros acudieran con mayor comodidad a los actos religiosos y festivos dedicados a la patrona.


No parece una elección casual. Abrir el puente precisamente el día de la fiesta grande de Pobeña suponía ofrecer a los vecinos un símbolo de progreso unido a una de las jornadas más queridas del calendario local. La tradición y la modernidad se daban la mano en un mismo acontecimiento.

Muchos vecinos que durante años habían tenido que rodear la ría o depender de otros medios para acceder a la playa pudieron comprobar aquel día que una vieja aspiración se había convertido, por fin, en realidad.


Una inauguración popular antes de la oficial

Aunque el puente ya podía utilizarse, la noticia aclaraba que la inauguración oficial estaba prevista para el 15 de septiembre de 1976, con la presencia de las primeras autoridades locales.


Sin embargo, puede decirse que la auténtica inauguración fue la del 8 de septiembre, cuando fueron los propios vecinos quienes lo estrenaron caminando sobre él camino de la romería. Antes que los discursos y los actos protocolarios, fueron las personas quienes dieron vida a la nueva obra.


Una obra muy esperada

El nuevo puente había supuesto una inversión de 8,5 millones de pesetas, una cifra importante para la época, reflejo de la importancia que se concedía a mejorar las comunicaciones entre ambas orillas.


Sus principales características técnicas eran:

  • Longitud: 120 metros.

  • Anchura: 2,50 metros.

  • Altura sobre la desembocadura del Barbadún: 4,5 metros sobre la pleamar máxima.


Estas dimensiones permitían salvar cómodamente la desembocadura del río, uniendo dos espacios que, aunque muy próximos, permanecían separados por el agua.


El fin de un rodeo histórico

La noticia subrayaba que con la construcción del puente quedaba solucionado el problema de comunicación entre Pobeña y la playa de La Arena, evitando a vecinos y visitantes un rodeo considerable para pasar de una orilla a otra.


Hoy resulta difícil imaginar aquella situación. Quienes conocen el puente actual apenas pueden pensar que, durante décadas, cruzar de un lado al otro exigía recorrer una distancia mucho mayor.

Con aquella infraestructura cambió la forma de disfrutar del entorno. Se facilitó el acceso a la playa, aumentó la comodidad de los visitantes y se reforzó la relación cotidiana entre ambos márgenes de la ría.


Preparado para el futuro

Otro detalle interesante que recogía El Correo era que el puente había sido diseñado para soportar el paso de vehículos, aunque inicialmente solo se autorizó el tránsito de peatones y motocicletas.


Ello demuestra que la obra había sido concebida pensando en las necesidades futuras, aunque en aquellos primeros días se optó por una utilización prudente mientras la infraestructura comenzaba a prestar servicio.


Un símbolo de una nueva etapa

A mediados de los años setenta, la comarca vivía profundas transformaciones. La industrialización había cambiado el paisaje y la economía de la zona, pero también se empezaba a prestar mayor atención a las infraestructuras destinadas a mejorar la vida cotidiana de sus habitantes.

El puente colgante no era únicamente una obra de ingeniería. Representaba una nueva manera de relacionarse con el territorio, facilitando el acceso a uno de los rincones más emblemáticos de la costa vizcaína.

Para los vecinos de Pobeña significaba algo más que cruzar un río: suponía eliminar una barrera que había condicionado durante generaciones los desplazamientos entre el pueblo y la playa.


Un 8 de septiembre para el recuerdo

Resulta difícil imaginar un momento más apropiado para abrir el puente que el día de la Virgen del Socorro. Aquella mañana de 1976, mientras los romeros acudían a honrar a la patrona, también estrenaban una infraestructura llamada a convertirse en parte inseparable del paisaje de Pobeña.

Desde entonces, miles de personas han cruzado ese paso suspendido sobre la desembocadura del Barbadún sin pensar quizá que los primeros en hacerlo fueron aquellos vecinos que, en plena fiesta patronal, caminaron ilusionados hacia la playa de La Arena.

Aquel 8 de septiembre de 1976 quedó así unido para siempre a dos símbolos de Pobeña: la devoción a la Virgen del Socorro y el nacimiento del puente que acercó definitivamente las dos orillas de la ría.



Fuente consultada

El Correo Español-El Pueblo Vasco, 9 de septiembre de 1976, Noticia: «Ayer se abrió el puente colgante entre Pobeña y playa vizcaína de La Arena».

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