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Junio de 1895 | Bermeo se prepara para la fiesta: cuatro millas de regata y traineras por todas partes

akalsuelme
30 ago
6 min de lectura

El Arenal de Bilbao.  Recreación histórica de la extraordinaria animación vivida en torno a las fiestas de Bermeo de junio de 1895. La convocatoria llegó mucho más allá de la propia villa: desde los muelles del Arenal de Bilbao partieron vapores de recreo cargados de expedicionarios, mientras trenes especiales y rápidas traineras desde Pedernales facilitaban la llegada de visitantes. Toros, bailes, verbenas, fuegos artificiales y, como gran cita marinera, unas regatas de traineras a remo sobre cuatro millas convirtieron aquel último fin de semana de junio en un acontecimiento de enorme poder de convocatoria. Bermeo se preparaba para una gran fiesta, y hasta la mar se convirtió en camino para llegar a ella.
El Arenal de Bilbao. Recreación histórica de la extraordinaria animación vivida en torno a las fiestas de Bermeo de junio de 1895. La convocatoria llegó mucho más allá de la propia villa: desde los muelles del Arenal de Bilbao partieron vapores de recreo cargados de expedicionarios, mientras trenes especiales y rápidas traineras desde Pedernales facilitaban la llegada de visitantes. Toros, bailes, verbenas, fuegos artificiales y, como gran cita marinera, unas regatas de traineras a remo sobre cuatro millas convirtieron aquel último fin de semana de junio en un acontecimiento de enorme poder de convocatoria. Bermeo se preparaba para una gran fiesta, y hasta la mar se convirtió en camino para llegar a ella.


Durante varios días de junio de 1895, Bermeo fue apareciendo una y otra vez en las páginas de la prensa.

Todavía no había vencedores.

No conocemos los nombres de las traineras que competirían, ni los de sus patrones, ni los de aquellos hombres que ocuparían los bancos.

Pero algo se estaba preparando.

Y debía de esperarse una celebración importante, porque desde Bilbao se anunciaban expediciones especiales, desde Pedernales se organizaban traineras para transportar viajeros y, en el propio puerto de Bermeo, las embarcaciones salían al encuentro de quienes comenzaban a llegar.

Las fiestas estaban a punto de comenzar.

Y para la mañana del domingo 30 de junio de 1895, el Ayuntamiento y el Casino Bermeano habían reservado uno de sus grandes acontecimientos:

regatas de traineras a remo sobre cuatro millas de recorrido.


Bermeo quería llenarse de gente

El programa preparado para los días 29 y 30 de junio era mucho más amplio.

Había toros, bailes públicos y de sociedad, verbenas, fuegos artificiales y otros espectáculos destinados expresamente a atraer y entretener a los forasteros.

Para las dos tardes se anunciaban corridas en las que actuaría la cuadrilla del matador Francisco Bonal, «Bonarillo», lidiándose cada jornada cuatro toros de la ganadería de Juan M. Sánchez Carreros, del campo de Salamanca.

Pero aquella fiesta no iba a vivirse únicamente en las calles y en la plaza.

También había que mirar hacia la mar.

Porque el anuncio que la prensa fue repitiendo durante aquellos días decía:

«el Ayuntamiento y el Casino Bermeano han organizado grandes regatas de traineras á remo, con distintos premios».

No eran unas regatas mencionadas de pasada.

La distancia estaba perfectamente establecida:

cuatro millas.

Y la cita sería durante la mañana del domingo 30.


La trainera, para competir… y para llegar a la fiesta

Aquí aparece uno de los detalles más hermosos de toda esta serie de noticias.

En aquel Bermeo de 1895, la trainera no aparece únicamente como embarcación de competición.

También iba a transportar a los visitantes.

Las compañías de los ferrocarriles Central y de Amorebieta a Pedernales habían previsto servicios especiales. Pero el ferrocarril no completaba todo el viaje hasta Bermeo.

Desde Pedernales esperaba la mar.

Y para salvar ese último tramo se anunció «un buen servicio de rápidas traineras», combinado con la llegada de los trenes.

El periódico llegó a precisar cuánto debía durar aquel recorrido:

no más de veinticinco minutos entre Pedernales y Bermeo.

Resulta extraordinario contemplarlo desde nuestro tiempo.

Mientras unas traineras se preparaban para disputar cuatro millas y conseguir los premios de la regata, otras se disponían a recoger viajeros y conducirlos rápidamente hasta una villa que estaba preparándose para recibir a una multitud.

La misma embarcación pertenecía al trabajo y al transporte, pero también a la fiesta y a la competición.


Desde Bilbao, por mar

A medida que se acercaba el fin de semana, aquella expectación comenzó a convertirse en movimiento.

También desde Bilbao se organizaron viajes especiales.

Los vapores de recreo «Yaff» y «Fay» llevarían expedicionarios hasta Bermeo.

El viaje costaba 5 pesetas ida y vuelta y 3 pesetas un solo trayecto.

El «Yaff» salió de los muelles del Arenal a las cinco de la tarde llevando, según la información publicada, «gran número de expedicionarios».

El «Fay» tenía prevista su salida a las siete de la mañana.

Y por la cantidad de billetes vendidos, el periódico aventuraba que aquel año acudiría a las fiestas «multitud de bilbaínos».

La fiesta empezaba así mucho antes de llegar a Bermeo.

Unos se acercaban por ferrocarril hasta Pedernales y desde allí podían continuar en trainera.

Otros elegían directamente la mar y embarcaban en los vapores de recreo.

Todos con un mismo destino.

Bermeo.


Y las traineras salieron a recibirlos

La víspera nos ha dejado además una escena preciosa porque esta vez quien escribe ya está allí.

El corresponsal cuenta su llegada:

«En el hermoso vaporcito de recreo “Yaff” llegamos á esta pintoresca villa á las once de la mañana.»

Y antes incluso de comenzar a describir el ambiente de las fiestas añade:

«A recibir al “Yaff” acudieron algunos individuos en traineras.»

Ahí tenemos por un instante el puerto de Bermeo de aquel sábado.

El vapor aproximándose con los visitantes.

La villa de fiesta al fondo.

Y varias traineras saliendo a su encuentro.

No sabemos cuáles eran. Tampoco quiénes iban a bordo y no podemos relacionarlas con las que competirían al día siguiente.

Pero la escena quedó escrita.

En tierra continuaba la animación. Hubo música en la plaza, por la tarde corrida de toros y para aquella noche estaba anunciado en el Casino un baile que, según el corresponsal, prometía ser «brillantísimo».

Y entonces escribió una última frase:

«Hay grande animación. […] y mañana habrá regatas.»


Mañana habrá regatas

Quizá sea precisamente ahí donde merece terminar esta historia.

Porque tenemos anuncios publicados los días 20, 23, 26 y 29 de junio. Una y otra vez la prensa recuerda las grandes regatas organizadas por el Ayuntamiento y el Casino Bermeano.

Sabemos cuándo debían celebrarse.

Sabemos que serían de traineras a remo.

Sabemos que habría distintos premios.

Sabemos incluso la distancia:

cuatro millas.

Pero estas noticias todavía no nos entregan aquello que más querríamos encontrar.

No aparecen las traineras inscritas.

No conocemos a sus patrones.

No conocemos a sus bogadores.

Ni tenemos, en estas fuentes, el resultado final.

Y por eso no debemos inventarlo.

Lo que sí podemos recuperar es la espera.

Aquel Bermeo de finales de junio de 1895 llenándose poco a poco de visitantes; los bilbaínos embarcando rumbo a la villa; los trenes llegando hasta Pedernales; las rápidas traineras preparadas para completar en menos de veinticinco minutos el viaje; los toros, la música, los bailes, las verbenas y los fuegos artificiales.

Y, en el puerto, traineras saliendo al encuentro del «Yaff».

Al caer aquella última noche de junio, Bermeo estaba de fiesta.

En el Casino se preparaba el baile.

Y junto a la mar quedaba pendiente la promesa que el corresponsal había dejado escrita:

«Mañana habrá regatas.»

Quizá alguna página que todavía no hemos encontrado conserve los nombres de aquellos hombres.

Por ahora, la hemeroteca nos permite devolverles al menos el escenario.

Bermeo, junio de 1895.

La villa llena de forasteros.

Las traineras en el puerto.

Y cuatro millas de mar esperando a la mañana siguiente.


Fuentes consultadas

El Noticiero Bilbaíno, junio de 1895. Anuncios y crónicas publicados durante los días previos a las fiestas de Bermeo de los días 29 y 30 de junio. Las informaciones documentan la organización conjunta, por el Ayuntamiento de Bermeo y el Casino Bermeano, de grandes regatas de traineras a remo para la mañana del día 30, sobre un recorrido de cuatro millasy con distintos premios.

Las mismas noticias recogen los servicios ferroviarios y de rápidas traineras entre Pedernales y Bermeo, con un trayecto previsto de no más de veinticinco minutos; los viajes de los vapores de recreo «Yaff» y «Fay» desde Bilbao; y la crónica de la llegada a Bermeo del «Yaff», recibido por varios individuos que salieron a su encuentro en traineras.

Las fuentes consultadas no proporcionan todavía los nombres de las traineras participantes, sus patrones, sus tripulaciones ni el resultado de la regata, por lo que esos datos quedan pendientes de futuras noticias de hemeroteca.



Una curiosidad que queda por resolver

Hay un detalle de estas noticias que llama especialmente la atención. Las celebraciones que estamos siguiendo tuvieron lugar los días 29 y 30 de junio de 1895, cuando las fiestas más reconocibles de Bermeo están tradicionalmente vinculadas a Andra Mari y Santa Eufemia, en septiembre.

La prensa de aquellos días no explica, al menos en las noticias que hemos localizado hasta ahora, qué motivo concreto había detrás de este importante programa festivo de finales de junio. Y no fue una celebración menor: hubo corridas de toros, bailes, verbenas, fuegos artificiales, viajes especiales desde Bilbao, servicios de traineras desde Pedernales y unas grandes regatas organizadas por el Ayuntamiento y el Casino Bermeano.

¿Se trataba de unas fiestas extraordinarias? ¿Respondían a alguna celebración concreta de aquel año? ¿Formaban parte de una tradición festiva de finales de junio que hoy resulta menos conocida?

Por ahora no lo sabemos.

Queda, por tanto, otra pequeña puerta abierta en la hemeroteca. Habrá que seguir buscando para descubrir qué celebraba exactamente Bermeo aquel 29 y 30 de junio de 1895 y por qué la villa preparó para aquellos dos días un programa de semejante importancia.

Este inciso además me gusta porque no especula: señala la rareza, explica por qué nos llama la atención y deja planteada una nueva línea de investigación.

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