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Febrero de 1970: las máquinas entran en la marisma de Somorrostro

akalsuelme
26 jun
3 min de lectura


Hay fechas que apenas ocupan unas líneas en un periódico y, sin embargo, marcan el comienzo de una nueva etapa en la historia de un territorio. El 12 de febrero de 1970, El Correo Español–El Pueblo Vasco informaba de que las obras de la futura refinería de Somorrostro ya habían comenzado. Aquella noticia suponía mucho más que el inicio de unos trabajos de ingeniería: representaba el primer paso visible hacia la profunda transformación de una costa que durante siglos había permanecido ligada a la marisma, al río Barbadún y a los pequeños núcleos rurales del valle.


Según explicaba el periódico, las obras habían comenzado el día 2 de febrero de 1970 con los primeros trabajos de drenaje. Dos grandes máquinas trabajaban ya sobre el terreno para evacuar la enorme cantidad de agua acumulada en la zona donde se levantaría la refinería. Era una fase previa, imprescindible para preparar un suelo que durante generaciones había formado parte del paisaje natural de Somorrostro.


La información añadía que, en apenas dos semanas, el ritmo de las obras aumentaría de forma espectacular con la incorporación de unas 170 máquinas trabajando simultáneamente. También anunciaba el inicio de las voladuras con dinamita en las zonas rocosas, una vez terminados los trabajos preparatorios de infraestructura. La magnitud del despliegue dejaba claro que se trataba de una de las mayores actuaciones industriales emprendidas hasta entonces en Bizkaia.


La noticia adelantaba además una consecuencia que cambiaría para siempre la geografía del lugar: la desaparición de la antigua carretera de La Arena, que sería sustituida por un nuevo trazado entre las inmediaciones del campo de fútbol y el cruce de Pobeña. Aquella modificación no era únicamente una obra viaria; simbolizaba cómo el paisaje comenzaba a adaptarse a una nueva realidad industrial.


Recreación gráfica del paisaje antiguo de la marisma de Somorrostro finales de los 60.
Recreación gráfica del paisaje antiguo de la marisma de Somorrostro finales de los 60.

El periódico recordaba igualmente la enorme dimensión económica del proyecto. La inversión prevista rondaba los 7.000 millones de pesetas, una cifra extraordinaria para la época, y se estimaba que la refinería estaría terminada entre marzo y abril de 1972.


Pero el alcance de la noticia iba todavía más allá. Ese mismo día debía reunirse el Consejo de Administración de Petronor para estudiar la posibilidad de que la propia empresa financiara el futuro Puerto Exterior de Bilbao, iniciando la construcción del rompeolas de Punta Lucero como primera fase del proyecto.

También se contemplaban actuaciones para drenar el denominado Río Mayor, con el objetivo de reducir las inundaciones que afectaban periódicamente a aquella comarca.


Visto desde la actualidad, este artículo constituye un magnífico testimonio del momento en que la transformación dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad. Las primeras excavadoras, los drenajes y las futuras voladuras anunciaban el comienzo de una nueva etapa para Somorrostro. La antigua marisma, los caminos tradicionales y el paisaje que habían conocido tantas generaciones empezaban a convivir con un proyecto industrial destinado a cambiar para siempre la desembocadura del Barbadún.


Quienes leyeron aquella noticia en febrero de 1970 difícilmente podían imaginar la dimensión que alcanzaría aquella obra. Sin embargo, hoy sabemos que aquellas primeras máquinas fueron el inicio de una transformación que marcaría la historia económica, social y paisajística de Muskiz, Zierbena y de toda la margen izquierda de la ría durante las décadas siguientes.


Fuente consultada

Guillermo Fernández, «Han comenzado las obras de drenaje para la refinería», El Correo Español–El Pueblo Vasco, 12 de febrero de 1970, pág. 13.

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