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Cuando el viento arrancó el tejado de San Román, diciembre de 1978

akalsuelme
21 jul
3 min de lectura
El tejado de San Román de Ciervana tras el temporal de viento en diciembre de 1978
El tejado de San Román de Ciervana tras el temporal de viento en diciembre de 1978

Hay temporales que quedan grabados en la memoria de un pueblo. No solo por la fuerza del viento o de la lluvia, sino porque dejan una huella en los edificios que forman parte de la vida cotidiana de sus vecinos. Eso ocurrió en el barrio de La Cuesta, en Ciérvana, durante los primeros días de diciembre de 1978, cuando un violento temporal convirtió en tragedia el enorme esfuerzo realizado para restaurar la iglesia de San Román.


La parroquia llevaba poco más de un mes luciendo un tejado recién reparado. Durante mucho tiempo el agua se había filtrado por innumerables goteras. En los días de lluvia, los propios fieles asistían a misa protegidos bajo sus paraguas dentro del templo, una imagen difícil de imaginar hoy en día. Tras meses de sacrificios y de búsqueda de recursos, las obras habían supuesto una inversión cercana al millón y medio de pesetas, una cantidad muy importante para una pequeña parroquia rural. Sin embargo, todavía quedaba por pagar más de medio millón de pesetas.


Pero el viento quiso escribir otra historia.

Una madrugada que cambió todo

Hacia las cinco de la madrugada del jueves 7 de diciembre, la fuerza del temporal, unida a la antigüedad del edificio, provocó el desprendimiento de una enorme piedra de una de las esquinas superiores del campanario.

No era una piedra cualquiera.

Su peso rondaba la media tonelada.

Al precipitarse sobre el tejado abrió un boquete de aproximadamente un metro de diámetro, atravesando la cubierta y cayendo directamente sobre el coro de la iglesia. Los escombros quedaron esparcidos por todas partes. Solo hubo un pequeño alivio dentro de tanta desgracia: el armonio consiguió salvarse del impacto.


A partir de ese momento, el propio viento encontró una puerta abierta.

Entrando con violencia por aquel enorme agujero, fue arrancando poco a poco el resto de la cubierta, hasta dejar la iglesia con un aspecto completamente desolador.


La respuesta de los vecinos

En cuanto amaneció, los vecinos acudieron rápidamente para intentar salvar cuanto pudieran.

Retiraron bancos, alfombras, manteles del altar, candelabros y todos aquellos objetos de valor que era posible transportar mientras seguían cayendo tejas y cascotes desde el techo.

Al día siguiente regresaron para retirar los materiales que aún permanecían en peligro de desplomarse desde la cubierta. Gracias a aquella rápida actuación se evitó que los daños fueran todavía mayores.


Mientras tanto, las celebraciones religiosas tuvieron que trasladarse provisionalmente al salón parroquial anexo, convertido desde ese momento en iglesia improvisada para los vecinos de La Cuesta.


Un sacerdote entregado

Al frente de la parroquia se encontraba don Ignacio Amann, sacerdote que llevaba poco más de un año atendiendo las iglesias de San Román, la capilla de San Ignacio de La Arena y la iglesia del puerto de Ciérvana, bajo la advocación de la Virgen del Mar.

El reportaje refleja perfectamente el enorme esfuerzo que estaba realizando. No solo había impulsado la reparación del templo de San Román, sino también diversas mejoras en la capilla de La Arena. Todo ese trabajo parecía venirse abajo en cuestión de unas pocas horas.


Una petición de ayuda

La noticia terminaba con una llamada de auxilio.

Los vecinos lamentaban que en la anterior restauración no hubieran recibido apoyo económico suficiente por parte de las instituciones y pedían que, en esta ocasión, tanto el Ayuntamiento de Abanto y Ciervana de entonces, como las grandes industrias asentadas en el municipio colaborasen para evitar que el deterioro del templo continuara.

Especial preocupación despertaban el hermoso retablo y los dos altares laterales, que aún se conservaban en buen estado y cuya protección resultaba urgente antes de afrontar una restauración definitiva.


Una iglesia acostumbrada a resistir

La historia de la iglesia de San Román parece escrita entre temporales, reconstrucciones y esfuerzos vecinales.

Décadas antes, en el siglo XIX, ya había protagonizado numerosos episodios relacionados con su deterioro, su demolición y los largos proyectos para levantar un nuevo templo. Aquellas dificultades parecían haber quedado atrás, pero el temporal de 1978 recordó, una vez más, la fragilidad de un edificio situado en un lugar especialmente expuesto al viento.

Sin embargo, también volvió a poner de manifiesto algo que se repite una y otra vez en la historia de La Cuesta: cuando las dificultades llegan, los vecinos responden unidos.


Bibliografía

El Correo, «El viento arrancó el tejado de la parroquia de Ciérvana», reportaje de Javier Ortúzar, publicado el 15 de diciembre de 1978.

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