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Agosto de 1888 | Una tarde de traineras en Algorta: el remo entra de lleno en las fiestas populares

akalsuelme
28 ago
4 min de lectura
Recreación histórica: Una estampa del viejo puerto de Algorta en un día de invierno, con la marea golpeando los muros de piedra mientras un claro entre las nubes ilumina las antiguas casas marineras. Mar, piedra y luz; el paisaje cotidiano de una costa que vivía pendiente del Cantábrico.
Recreación histórica: Una estampa del viejo puerto de Algorta en un día de invierno, con la marea golpeando los muros de piedra mientras un claro entre las nubes ilumina las antiguas casas marineras. Mar, piedra y luz; el paisaje cotidiano de una costa que vivía pendiente del Cantábrico.

El verano de 1888 avanzaba por la costa vizcaína y, como tantas veces ocurría en los pueblos ligados a la mar, las fiestas no podían entenderse sin mirar hacia el agua.

Aquel domingo 12 de agosto, Algorta tenía preparado su programa festivo. Desde primera hora habría diversión en el puerto: a las nueve de la mañana estaban anunciadas una cucaña marítima y una prueba de hombres ensacados.

Pero había que esperar hasta las tres de la tarde para uno de los momentos que hoy resulta especialmente interesante.

El periódico lo anunciaba con toda naturalidad:

«Regata de lanchas, traineras y botes».

Una frase pequeña, perdida entre tantas noticias de aquel día, pero que nos devuelve por un instante a la costa vizcaína de hace casi siglo y medio.


A las tres, todos hacia la mar

No conocemos los nombres de aquellas traineras.

Tampoco los de sus patrones ni los hombres que empuñaron los remos. El periódico no dejó escrito quién ganó, cuánto duró la prueba o cuál fue exactamente el recorrido.

Y precisamente por eso no debemos inventarlo.

Pero sí sabemos algo importante: aquella tarde las traineras estuvieron allí.

Compartieron competición con lanchas y botes, formando parte de una jornada en la que el puerto y la mar eran también escenario de la fiesta.

Después llegarían la romería y los bailes, en la campa del Castillo y bajo la casa consistorial.

Era fiesta en tierra.

Y también lo era en el agua.


Cuando la trainera todavía pertenecía a dos mundos

Esta pequeña noticia adquiere otra dimensión cuando se contempla junto a todo lo que está apareciendo en la prensa de aquellos años.

Hemos encontrado traineras llevando pescado a puerto, participando en salvamentos, persiguiendo cetáceos, navegando por el Cantábrico y compitiendo en regatas.

En 1888, esos dos mundos todavía convivían.

La misma embarcación nacida para trabajar en la mar podía convertirse, llegado el día de fiesta, en protagonista de una competición seguida desde la costa.

Y probablemente ahí esté una parte esencial de la historia de las regatas: antes de existir el deporte organizado tal como hoy lo conocemos, ya existían los hombres, los remos, las embarcaciones y el orgullo de medir sus fuerzas sobre el agua.


Bilbao también miraba hacia sus regatas

Y aquel mismo periódico guarda otra noticia que completa magníficamente la escena.

Mientras Algorta preparaba sus traineras para competir aquella tarde, en Bilbao las regatas recibían ya respaldo institucional.

En el extracto de una sesión del Ayuntamiento aparece una propuesta muy concreta: poner a disposición del Club Náutico de Bilbao la cantidad de:

500 pesetas

para los premios de las regatas de las próximas fiestas.

La respuesta municipal fue sencilla:

«Aprobado».

Cinco letras que dicen bastante.

Las regatas estaban dejando de ser únicamente una diversión nacida junto al puerto. Había organización, premios, clubes y dinero municipal destinado a sostenerlas.


Del trabajo a la fiesta

Quizá sea esto lo más hermoso de esta página de 1888.

Por un lado está Algorta, con sus lanchas, sus botes y sus traineras dispuestas a competir a las tres de la tarde.

Por otro, Bilbao, destinando 500 pesetas para premiar las regatas de sus próximas fiestas.

Dos noticias pequeñas que, juntas, permiten observar algo mucho mayor.

La trainera seguía perteneciendo al mundo de los pescadores y del trabajo cotidiano, pero el remo estaba conquistando también el espacio de la fiesta, del desafío y del espectáculo popular.

Todavía quedaba mucho camino por recorrer hasta las grandes regatas que generaciones posteriores convertirían en tradición.

Pero aquel verano de 1888, las traineras ya estaban allí.

Y cuando llegaban las fiestas, también se remaba para ganar.


Una pista que queda abierta

El documento no proporciona los resultados de la regata de Algorta ni identifica las embarcaciones participantes. Tampoco desarrolla todavía cuáles serían aquellas «regatas de las próximas fiestas» para las que Bilbao había concedido las 500 pesetas.

Por eso ambas noticias dejan abiertas dos búsquedas.

Quizá las páginas de los días siguientes conserven el nombre de alguna de aquellas traineras de Algorta.

Y quizá encontremos también el programa de las regatas bilbaínas, sus participantes y sus vencedores.

Si aparecen, esta pequeña noticia de agosto de 1888 dejará de ser un anuncio aislado para convertirse en el comienzo de una historia mucho más completa.


Fuente consultada

El Noticiero Bilbaíno, agosto de 1888 En el programa de las fiestas de Algorta se anunciaba para las tres de la tarde una «regata de lanchas, traineras y botes», dentro de una jornada que incluía también cucaña marítima, hombres ensacados, romería y bailes. En la misma página, el extracto de una sesión del Ayuntamiento de Bilbao recoge la aprobación de 500 pesetas puestas a disposición del Club Náutico de Bilbao para premios en las regatas de las próximas fiestas.


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