Agosto de 1884| Doce remos, dos millas y 2.600 reales: así se reglamentaba una regata de traineras en el Abra

Agosto de 1884
| Doce remos, dos millas y 2.600 reales: así se reglamentaba una regata de traineras en el Abra
En agosto de 1884, El Noticiero Bilbaíno publica el programa de unas regatas organizadas por el Club Náutico de Bilbao.
Dentro de una jornada que incluía también pruebas para embarcaciones de vela, aparece perfectamente diferenciada una competición que resulta extraordinaria para conocer cómo eran aquellas primeras regatas de traineras.
El periódico anuncia:
«Regatas al remo á las cinco y media de la tarde entre lanchas traineras de pesca ó lemanaje, montadas con doce remos, incluso patrón. Recorrido, dos millas.»
Traineras de trabajo, no embarcaciones construidas exclusivamente para competir
Este es probablemente el dato más importante del documento.
El reglamento establece expresamente en su condición octava:
«Las lanchas que tomen parte en esta regata deberán estar dedicadas precisamente al servicio de pesca ó lemanaje.»
Es decir, aquellas traineras que iban a competir en el Abra tenían que ser
embarcaciones de trabajo.
El lemanaje era el servicio realizado por los lemanes o pilotos prácticos, conocedores de las condiciones locales de entrada y salida de los puertos, que ayudaban a pilotar los buques por aguas difíciles.
Por tanto, podían competir traineras utilizadas para la pesca o para el servicio de lemanaje.
Esto nos proporciona una prueba documental magnífica de algo que venimos observando desde el comienzo de la serie: el mundo laboral y el mundo competitivo de la trainera todavía estaban íntimamente unidos.
Doce remos, incluido el patrón
La composición de las embarcaciones también queda definida:
doce remos, incluido el patrón.
La expresión histórica conviene conservarla tal como aparece, porque no debemos trasladar automáticamente a 1884 la composición de una trainera deportiva actual.
El propio reglamento es nuestra referencia.
Un recorrido de dos millas
La distancia establecida era de:
dos millas.
Si interpretamos esas millas como millas náuticas, dos millas equivaldrían aproximadamente a (3,7 kilómetros).
2.600 reales en premios
Los premios eran importantes.
El primer premio, dotado conjuntamente por los ayuntamientos de Guecho y Santurce y las sociedades Euskalerría y El Sitio, ascendía a:
1.800 reales.
El segundo premio era de:
800 reales, aportados por el establecimiento de Baños de Mar Bilbaínos y la compañía del tranvía de Bilbao a Santurce.
En total, 2.600 reales destinados a la regata de traineras.
Y resulta interesante observar la variedad de quienes aportaban los premios: ayuntamientos, sociedades, un establecimiento de baños y una compañía de tranvías.
Así se daba la salida
El reglamento describe minuciosamente el procedimiento.
En el punto de partida se colocaría una estacha entre dos embarcaciones.
Una estacha es, sencillamente, un cabo grueso y resistente empleado en maniobras marítimas.
Las traineras quedarían sujetas a ella mediante tiras numeradas.
Antes de comenzar, los patrones sortearían los puestos y cada embarcación ocuparía el que le correspondiese.
A la hora fijada sonaría:
un disparo de cañón o un silbido de vapor.
Aquella primera señal servía para prepararse. Los remeros podían colocar los remos en los toletes —las piezas donde se apoyaba o sujetaba el remo para bogar— y el patrón tomaría en la mano la tira de la estacha correspondiente.
Cinco minutos después, un segundo disparo o silbido daría la señal definitiva:
arrancar.
Salir antes obligaba a volver
También existía lo que hoy llamaríamos una salida falsa.
Si alguna lancha arrancaba antes de tiempo o su patrón soltaba anticipadamente la tira que la sujetaba:
tenía que regresar y volver a tomarla.
No había ventaja posible por adelantarse.
Nada de cruzarse entre calles
Las traineras debían avanzar en:
«líneas paralelas».
Y el reglamento era contundente.
Si una embarcación se atravesaba y como consecuencia de ello abordaba a otra o incluso se tocaban los remos, quedaba:
fuera de concurso.
Aquí tenemos ya una preocupación clarísima por evitar interferencias entre las embarcaciones durante la competición.
La maniobra alrededor de la boya
También se regulaba la maniobra en la boya.
Si dos o más traineras llegaban aparejadas, es decir, prácticamente emparejadas, la situada por la parte exterior debía dejar espacio suficiente a la interior para:
doblar la boya.
Estamos leyendo en 1884 reglas destinadas a ordenar uno de los momentos decisivos de una regata: el giro alrededor de la boya. Poderosa palabra y espectaculo del remo, la ciaboga.
El Jurado tenía la última palabra
Cualquier conflicto que surgiera sería resuelto por el Jurado y su decisión sería:
«sin apelación».
El Club Náutico proporcionaría además las instrucciones necesarias a los patrones para la ejecución de la prueba.
Y el propio jurado, junto con invitados y socios del Club, contemplaría las regatas desde el Abra a bordo del vapor El Siglo, que partiría de Portugalete a las dos y media de la tarde.
Comentario histórico
Este documento supone un paso importante dentro de nuestra cronología.
Ya habíamos encontrado desafíos, apuestas entre pescadores y regatas incluidas dentro de celebraciones populares.
Ahora encontramos algo diferente:
una competición formalmente reglamentada.
Hay sorteo de puestos, sistema de salida, señales acústicas, normas para evitar abordajes, regulación del giro de boya, jurado y premios perfectamente establecidos.
Pero lo verdaderamente revelador es que toda esa organización deportiva se aplica todavía a embarcaciones que debían dedicarse necesariamente a la pesca o al lemanaje.
La trainera deportiva parece emerger ante nuestros ojos desde la propia embarcación de trabajo.
No estamos todavía ante un mundo completamente separado de la actividad marítima cotidiana.
Los barcos del trabajo se convertían, llegado el día de regata, en barcos de competición.
Nota del investigador
Este recorte merece ser considerado uno de nuestros documentos estructurales.
No destaca por una anécdota concreta ni porque conozcamos todavía quién ganó.
Su importancia reside en que nos permite reconstruir cómo se organizaba materialmente una regata de traineras en 1884.
Y hay una frase que conviene guardar especialmente:
«Las lanchas que tomen parte en esta regata deberán estar dedicadas precisamente al servicio de pesca ó lemanaje.»
Esa condición nos ayuda a comprender todo lo que estamos encontrando.
Las noticias anteriores nos habían mostrado traineras pescando, navegando, persiguiendo una ballena, participando en salvamentos y desafiándose entre pescadores.
Ahora el reglamento confirma documentalmente que la misma condición de embarcación de trabajo podía ser un requisito para participar en una regata.
Y aparece además otro elemento que debemos empezar a seguir: el Club Náutico de Bilbao. Lo hemos encontrado promoviendo la estación de salvamento de náufragos en la barra del Nervión y ahora lo encontramos organizando y reglamentando estas regatas.
Poco a poco empiezan a aparecer no solo las traineras y sus tripulantes, sino también las instituciones que rodeaban aquel mundo marítimo y contribuían a organizarlo.
Fuente consultada
El Noticiero Bilbaíno, agosto de 1884. Programa y reglamento de las regatas organizadas por el Club Náutico de Bilbao, incluyendo una prueba al remo para «lanchas traineras de pesca ó lemanaje», con doce remos incluido patrón, recorrido de dos millas, premios de 1.800 y 800 reales, sistema reglamentado de salida, navegación en líneas paralelas, maniobra alrededor de boya y resolución de incidencias por un jurado. Las embarcaciones participantes debían estar dedicadas necesariamente al servicio de pesca o lemanaje.


