Abril de 1888| Ondárroa: 600 pescadores y 70 embarcaciones entre lanchas, traineras, bateles y botes

En abril de 1888, El Noticiero Bilbaíno publicaba la segunda y última parte de un extenso artículo dedicado al proyecto del ferrocarril de Lequeitio.
Al defender la importancia económica de prolongar las comunicaciones ferroviarias hacia aquella zona de la costa, el periódico dedicaba una atención especial a Ondárroa, describiendo su puerto, su población, su industria pesquera y sus astilleros.
El resultado es un documento excepcional para conocer la dimensión que tenía la actividad marítima de la localidad a finales del siglo XIX.
600 pescadores salían diariamente a la mar
La crónica ofrece unas cifras extraordinariamente precisas.
Ondárroa contaba entonces con aproximadamente 2.500 habitantes en el casco de la villa, de los cuales nada menos que:
600 eran pescadores.
El periódico señala que aquellos hombres poblaban diariamente el mar con:
70 lanchas, traineras, bateles y botes.
Este dato merece especial atención.
La fuente no dice que hubiera 70 traineras. Dice que existía un conjunto de 70 embarcaciones, repartidas entre diferentes tipos: lanchas, traineras, bateles y botes.
Por tanto, no podemos conocer a partir de esta noticia el número exacto de traineras que tenía Ondárroa, pero sí podemos afirmar documentalmente que formaban parte habitual de su flota pesquera en 1888.
Más de 3.000 toneladas de pescado al año
La importancia de aquella flota queda todavía más clara cuando el periódico cuantifica su producción.
Las embarcaciones de Ondárroa extraían anualmente:
más de 3.000 toneladas de besugo, bonito, merluza y otros pescados.
El valor económico de aquella pesca también aparece reflejado.
Según la fuente, dejaba en el puerto aproximadamente:
3.000.000 de reales anuales a la marinería.
Estamos, por tanto, ante una actividad económica de enorme importancia para una población que contaba solamente con unos 2.500 habitantes.
Una verdadera industria alrededor de la pesca
La riqueza generada por la pesca no terminaba cuando las embarcaciones regresaban al puerto.
Ondárroa disponía de:
cuatro escabecherías y dos fábricas de conservas,
encargadas de elaborar una parte del producto desembarcado.
El problema estaba en transportar después aquella producción hacia el interior.
Una parte recorría por carretera aproximadamente 66 kilómetros hasta la estación de Zumárraga, mientras que otra se trasladaba unos 60 kilómetros hasta la estación de Bilbao.
Precisamente estas distancias servían al periódico como argumento para defender la necesidad de mejorar las comunicaciones ferroviarias de los puertos pesqueros.
Cinco astilleros construían también traineras
Y aquí aparece otro dato especialmente importante.
Ondárroa no solamente utilizaba traineras.
También las construía.
El periódico señala la existencia de:
cinco astilleros, acreditados por la buena forma, construcción y economía de sus embarcaciones.
En aquellos astilleros se construían:
botes, traineras, lanchas, lanchones y buques de alto bordo.
Los establecimientos trabajaban en ambas márgenes de la ría y constituían, según la propia noticia, un importante ramo de riqueza para la villa de Ondárroa.
Este dato es magnífico para nuestra historia de las traineras porque permite documentar algo diferente a su utilización.
En 1888 existía en Ondárroa una industria local dedicada, entre otras embarcaciones, a la construcción de traineras.
Un puerto pesquero completamente organizado
Al reunir todos los datos de la noticia aparece una imagen muy completa:
2.500 habitantes.
600 pescadores.
70 embarcaciones entre lanchas, traineras, bateles y botes.
Más de 3.000 toneladas de pescado al año.
3.000.000 de reales generados para la marinería.
Cuatro escabecherías.
Dos fábricas de conservas.
Cinco astilleros.
No estamos ya ante referencias aisladas a una trainera determinada. Estamos contemplando todo el ecosistema económico que rodeaba a aquellas embarcaciones.
La trainera como herramienta de trabajo
Este documento ayuda especialmente a evitar una visión demasiado moderna de la trainera.
En 1888, la trainera aparece integrada en la flota pesquera ordinaria de Ondárroa junto con lanchas, bateles y botes.
Su presencia se relaciona directamente con una población de 600 pescadores que salían diariamente a la mar.
Y, al mismo tiempo, los propios astilleros de la localidad las fabricaban.
Es decir, la trainera formaba parte de un ciclo económico completo:
se construía en el puerto, era utilizada por sus hombres y participaba en la explotación pesquera que sostenía buena parte de la economía local.
Las regatas que aparecen en otros documentos no pueden entenderse completamente sin este contexto.
Antes de ser embarcaciones deportivas, las traineras eran instrumentos de trabajo.
Comentario histórico
La descripción de Ondárroa publicada en abril de 1888 constituye uno de los documentos más útiles encontrados hasta ahora para comprender el mundo del que surgieron las traineras.
Las noticias de regatas permiten conocer patrones, embarcaciones, premios y rivalidades. Las noticias de naufragios y salvamentos muestran su comportamiento en la mar.
Pero esta fuente permite comprender la estructura económica que había detrás de todo ello.
Cientos de pescadores, decenas de embarcaciones, miles de toneladas de pescado, industrias conserveras y cinco astilleros componían un entramado económico profundamente vinculado al mar.
Dentro de aquel mundo aparecen expresamente las traineras.
No como una curiosidad.
No como una embarcación excepcional.
Sino como una parte natural de la flota pesquera de Ondárroa.
Y quizá ese sea el verdadero valor de esta noticia.
Fuente consultada
El Noticiero Bilbaíno, abril de 1888, «El ferrocarril de Lequeitio. II y último». El artículo, al analizar los recursos económicos de la costa oriental vizcaína, describe detalladamente la actividad marítima de Ondárroa. Señala una población aproximada de 2.500 habitantes, de los cuales 600 pescadores salían diariamente a la mar en 70 lanchas, traineras, bateles y botes, obteniendo anualmente más de 3.000 toneladas de pescado. Documenta asimismo la existencia de cuatro escabecherías, dos fábricas de conservas y cinco astilleros, estos últimos dedicados a la construcción de botes, traineras, lanchas, lanchones y buques de alto bordo.


