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1974: cuando Somorrostro dijo adiós a la última mina y miro hacia el mar

akalsuelme
21 jul
4 min de lectura
Vista desde el inicio del futuro puente de Pobeña hacia el Peñón y el Montaño, febrero de 1974
Vista desde el inicio del futuro puente de Pobeña hacia el Peñón y el Montaño, febrero de 1974

Hay años que marcan un antes y un después en la historia de un pueblo. 1974 fue uno de ellos para el antiguo Valle de Somorrostro. Durante generaciones, la minería había dado trabajo, modelado el paisaje y marcado la vida de miles de familias. Sin embargo, aquel invierno llegaba una noticia que simbolizaba el final de toda una era.

La prensa lo resumía con una frase tan sencilla como contundente:

«En Somorrostro ya no queda ninguna mina».


No era únicamente el cierre de una explotación. Era el cierre de un capítulo que había definido la identidad de toda una comarca.


El último adiós a la minería

El propio reportaje recordaba cómo el escritor, periodista e historiador vizcaíno José Delmas, autor de una de las obras más importantes sobre la historia y la geografía del Señorío de Vizcaya, ya escribía en 1864 que «en 1784 Muskiz contaba con más de cincuenta pataches dedicados a la exportación del mineral de Triano». Aquellos pataches eran pequeñas embarcaciones de vela destinadas al transporte de mercancías, fundamentales para trasladar el mineral de hierro desde la costa de Somorrostro hasta otros puertos del litoral cantábrico. A través de ellas, el hierro extraído en las minas emprendía su viaje hacia distintos destinos, convirtiendo a Muskiz en uno de los principales embarcaderos de la comarca.


Durante casi dos siglos, el hierro había salido desde estas tierras hacia medio mundo.

Pero los tiempos habían cambiado.

Los propios vecinos confesaban que no guardaban demasiada nostalgia por aquellas minas. Para muchos representaban jornadas interminables bajo tierra, accidentes frecuentes y salarios escasos. El recuerdo no era romántico, sino profundamente humano.


Paradójicamente, el reportaje señalaba que todavía existían reservas de carbonato para aproximadamente cien años, aunque resultaba mucho más barato importar el mineral desde otros países. Incluso se apuntaba una reflexión curiosa:

«Cualquier día puede ocurrir lo que con el petróleo y habrá que abrirlas otra vez.»

Una frase escrita en 1974, apenas unos meses después de la gran crisis internacional del petróleo, que refleja perfectamente las incertidumbres económicas de aquella época.


Una nueva economía comenzaba a abrirse camino

Mientras desaparecía la minería, otras actividades empezaban a ocupar su lugar.

El reportaje destacaba la importancia creciente de la Refinería, cuya aportación económica al municipio era ya enorme.

Solo durante 1974, entre impuestos indirectos y licencia urbana, la empresa tenía previsto aportar al Ayuntamiento alrededor de 17 millones de pesetas, una cifra muy superior a la que generaban ya las explotaciones mineras en sus últimos años.


También aparecía otro aspecto poco conocido.

Tras un importante incendio forestal ocurrido durante las Navidades anteriores, el Ayuntamiento estaba aprovechando la tala de los pinares dañados para abrir nuevas pistas forestales. Estas servirían tanto para prevenir futuros incendios como para facilitar el acceso de los visitantes a la zona, demostrando que el paisaje comenzaba a valorarse también desde una perspectiva recreativa y turística.


Un puente para unir dos orillas

Quizá el mejor símbolo de ese cambio aparecía unos centímetros más abajo, en la misma página del periódico.

Mientras una noticia hablaba del final de las minas, otra anunciaba el nacimiento de una nueva infraestructura.

El Ayuntamiento de Muskiz proyectaba construir un puente fijo entre Pobeña y la playa de La Arena.

Hasta entonces, el paso dependía de una pasarela provisional formada por tubos que se montaba cada verano y cuyo coste anual ascendía a unas 80.000 pesetas. La solución dejaba de ser práctica para una playa que comenzaba a recibir miles de visitantes.


La nueva obra tendría unas características muy ambiciosas para la época:

  • Más de 100 metros de longitud.

  • Construcción en hormigón.

  • Anchura aproximada de dos metros.

  • Uso exclusivamente peatonal.

  • Presupuesto cercano a dos millones de pesetas.


El puente arrancaría desde la pequeña isla donde se levanta la ermita de Nuestra Señora del Socorro, aprovechando la propia roca como uno de sus apoyos naturales.

Según explicaba el alcalde Francisco Gómez Yarritu, el objetivo era finalizar las obras antes de junio de 1974, para que pudiera utilizarse durante la temporada de baños.


La Arena empezaba a convertirse en destino turístico

El artículo ofrecía además un dato que hoy resulta especialmente llamativo.

En los días soleados de verano, la playa de La Arena llegaba a recibir alrededor de 20.000 personas en una sola jornada.

Incluso durante el invierno, el aparcamiento municipal era utilizado diariamente por unos 500 vehículos, una cifra que demuestra el creciente atractivo que estaba adquiriendo este rincón de la costa vizcaína.


Con el nuevo puente, los visitantes podrían recorrer cómodamente ambas orillas del río Barbadún y acceder indistintamente desde La Arena o Pobeña, mejorando notablemente la circulación de peatones y reforzando el potencial turístico del entorno.


El final de un mundo y el comienzo de otro

Vista con la perspectiva que dan los años, aquella página de El Correo resulta especialmente simbólica.

En una misma hoja convivían dos noticias aparentemente independientes.

Una anunciaba el silencio definitivo de las galerías mineras.

La otra hablaba de un puente pensado para los paseantes, los bañistas y los visitantes que empezaban a descubrir la belleza de la desembocadura del Barbadún.

Era, en realidad, la fotografía de una comarca que cambiaba de piel.

Donde durante generaciones había predominado el sonido de las vagonetas, comenzaban a escucharse cada vez con más fuerza las voces de quienes llegaban atraídos por el paisaje, el mar y una costa que iniciaba una nueva etapa sin olvidar jamás su profundo pasado minero.


Bibliografía

El Correo, 6 de febrero de 1974:

  • «En Somorrostro ya no queda ninguna mina».

  • «De Pobeña a La Arena se construirá un puente de cien metros de longitud».

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