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Agosto de 1891 | Fuenterrabía conquista San Juan de Luz: «Los Amigos», diez lanchas por delante

akalsuelme
30 ago
4 min de lectura
Recreación histórica de un rincón de Fuenterrabía en pleno invierno. Bajo un cielo encapotado y entre calles cubiertas de nieve, un tímido sol ilumina las viejas piedras de una villa marinera que, desde hacía siglos, vivía mirando al Cantábrico.
Recreación histórica de un rincón de Fuenterrabía en pleno invierno. Bajo un cielo encapotado y entre calles cubiertas de nieve, un tímido sol ilumina las viejas piedras de una villa marinera que, desde hacía siglos, vivía mirando al Cantábrico.

El 30 de agosto de 1891, San Juan de Luz vivió una de aquellas jornadas en las que la mar dejaba de ser solamente lugar de trabajo para convertirse también en escenario de rivalidades, orgullo y competición.

La prensa habla de «numeroso gentío». Había embarcaciones de distintos puertos, regatas de varias clases y marineros llegados de ambos lados de la frontera.

Pero entre todas las pruebas celebradas aquel día hubo una que sobresalía sobre las demás.

El propio periódico la calificó como «la más importante»:

la regata de traineras.

Y aquella tarde, Fuenterrabía fue la gran protagonista.


Antes de las traineras, una victoria perdida por equivocarse de rumbo

La jornada había comenzado con otro regateo en el que participaron «Cécile» y «Folio 179», ambas de San Juan de Luz, además de una embarcación de Biarritz cuyo nombre no proporciona la noticia.

«Cécile» comenzó con fuerza.

Fue tomando una ventaja considerable y parecía encaminarse hacia la victoria cuando su patrón cometió un error decisivo:

equivocó la ruta.

La falsa maniobra hizo desaparecer todo lo ganado.

Sus rivales consiguieron superarla y finalmente fue «Folio 179» la primera en alcanzar la meta y hacerse con el premio.

Después se celebró una regata de balandras.

Y entonces llegó la prueba que todos esperaban.


Cinco traineras y tres puertos

Cinco embarcaciones se dispusieron a competir.

Por Fuenterrabía:

«Los Amigos» y «San José».

Por Bayona:

«Lapurdum» y «Terre Sainte».

Y representando a San Juan de Luz:

«Cécile».

Era una de esas competiciones que muestran hasta qué punto el remo de finales del siglo XIX recorría esta costa sin detenerse demasiado ante las fronteras. Fuenterrabía, Bayona y San Juan de Luz se encontraban sobre una misma mar para decidirlo todo a fuerza de brazos.

Y el resultado fue rotundo.

«Los héroes, los valientes marinos de Fuenterrabía»

La expresión pertenece a la propia crónica.

Porque los hombres de Fuenterrabía no se limitaron a ganar.

Ocuparon las dos primeras posiciones.

La primera trainera en alcanzar la baliza fue «Los Amigos».

Y lo hizo con una ventaja extraordinaria:

diez lanchas.

Diez lanchas separaban a la vencedora de «San José», también de Fuenterrabía.

Detrás se estaba librando una batalla mucho más apretada.

«San José» consiguió conservar la segunda posición por apenas media lancha frente a «Cécile», de San Juan de Luz.

Más alejadas quedaron las dos representantes de Bayona, que la crónica sitúa «a gran distancia».

La clasificación quedó así:

1.ª «Los Amigos», Fuenterrabía. 2.ª «San José», Fuenterrabía. 3.ª «Cécile», San Juan de Luz. 4.ª «Lapurdum», Bayona. 5.ª «Terre Sainte», Bayona

Pero quizá ninguna clasificación explique por sí sola lo ocurrido.

Basta imaginar la llegada.

Una trainera de Fuenterrabía destacada al frente. Muy por detrás, otra embarcación del mismo puerto peleando hasta el final con la representante de San Juan de Luz. Y alrededor, aquella multitud que había acudido a contemplar las regatas.

Cuando todo terminó, los marineros de Fuenterrabía fueron recibidos con entusiastas aplausos.


Fuenterrabía, al otro lado de la frontera

Hay algo especialmente hermoso en aquella victoria.

Los hombres de Fuenterrabía no estaban remando delante de su propio pueblo. Habían acudido a San Juan de Luz, a competir frente a embarcaciones francesas y ante un público reunido para una gran jornada marinera.

Y regresaban habiendo conseguido algo difícil de mejorar:

primero y segundo.

«Los Amigos» había dominado la prueba con diez lanchas de ventaja.

«San José» había defendido la segunda posición hasta imponerse por apenas media lancha.

La distancia entre ambas diferencias cuenta casi por sí sola cómo debió de desarrollarse aquella regata: una victoria incontestable por delante y una lucha cerradísima por detrás.

La prensa no nos proporciona en esta noticia los nombres de aquellos bogadores ni de sus patrones. Y es una ausencia que hoy lamentamos especialmente.

Porque detrás de la expresión «los valientes marinos de Fuenterrabía» había hombres concretos, familias y vidas ligadas a la mar cuyos nombres esta pequeña crónica no conservó.

Pero sí conservó lo que hicieron.


Una tarde de agosto de 1891

Más de ciento treinta años después, podemos volver a situarnos por un instante en aquel San Juan de Luz.

El público junto a la mar.

Cinco traineras preparadas.

Fuenterrabía frente a Bayona y San Juan de Luz.

Después, los remos entrando y saliendo del agua.

Una embarcación alejándose de todas las demás.

Otra resistiendo por media lancha.

Y finalmente los aplausos.

Aquel 30 de agosto de 1891, lejos de casa, los marinos de Fuenterrabía hicieron suyo el regateo más importante de la jornada.

No dejaron solamente una vencedora.

Dejaron dos nombres en lo más alto de la clasificación:

«Los Amigos» y «San José».

Primera y segunda.

Y una frase escrita en la prensa que, más de un siglo después, merece seguir acompañándolos:

«los valientes marinos de Fuenterrabía».


Fuente consultada

El Noticiero Bilbaíno, septiembre de 1891. Crónica de las regatas celebradas en San Juan de Luz el 30 de agosto de 1891, con participación de embarcaciones de Fuenterrabía, San Juan de Luz, Bayona y Biarritz.

En la principal regata de traineras, «Los Amigos», de Fuenterrabía, obtuvo la victoria con diez lanchas de ventaja sobre «San José», también de Fuenterrabía; esta última aventajó en media lancha a «Cécile», de San Juan de Luz. Completaron la clasificación «Lapurdum» y «Terre Sainte», ambas de Bayona.

En las referencias documentales y en las citas se respeta la grafía original empleada por las fuentes históricas para los nombres de municipios, localidades y otros topónimos.

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