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1880: Cuando Plencia ya hacía vibrar sus fiestas con regatas de traineras

akalsuelme
16 ago
3 min de lectura
Recreación de Plencia durante las fiestas de San Antolín de 1880. La villa se llenaba de visitantes mientras el ambiente festivo alcanzaba también la ría, donde estaban anunciados los regateos de los «renombrados remadores de esta Cofradía» a bordo de sus traineras. Una evocación de aquel final de verano en el que Plencia ya hacía del remo parte de sus fiestas.
Recreación de Plencia durante las fiestas de San Antolín de 1880. La villa se llenaba de visitantes mientras el ambiente festivo alcanzaba también la ría, donde estaban anunciados los regateos de los «renombrados remadores de esta Cofradía» a bordo de sus traineras. Una evocación de aquel final de verano en el que Plencia ya hacía del remo parte de sus fiestas.


El verano comenzaba a despedirse, pero en Plencia nadie parecía dispuesto a dejarlo marchar todavía.

Era 31 de agosto de 1880 y faltaba muy poco para que la villa celebrara San Antolín. Habían ido llegando numerosos visitantes y las fiestas empezaban a sentirse antes incluso de que comenzaran oficialmente.

Podemos acercarnos por un instante a aquella Plencia de finales del siglo XIX.

Junto a la ermita de Nuestra Señora de Aguirre comenzaban a instalarse puestos y barracas. Se preparaba el redondel donde habrían de celebrarse las corridas de novillos. Vecinos y forasteros se mezclaban en una villa que se disponía a vivir unos días en los que prácticamente todo conducía a la fiesta.

Había carreras de asnos.

Pelota.

Cucañas.

Bailes.

Fuegos artificiales.

Iluminaciones.

Pero entre todos aquellos festejos anunciados por el Ayuntamiento había uno que, casi siglo y medio después, hace que nos detengamos especialmente.

Había regatas de traineras.


«Los renombrados remadores de esta Cofradía»

Así los presentaba la prensa.

No como unos hombres cualesquiera.

Eran:

«los renombrados remadores de esta Cofradía».

La expresión es extraordinaria.

Porque el periódico no necesita explicar quiénes son. Los da por conocidos. Aquellos hombres debían de haberse ganado ya una reputación suficiente para que, al anunciar las fiestas, bastara con decir que los renombrados remadores de la Cofradía iban a competir.

Y lo harían, según la expresión utilizada en aquella crónica, montando:

«veleras traineras».

Hoy puede resultarnos extraña la denominación. Precisamente por eso merece conservarse tal como apareció impresa en 1880. No conviene modernizar las palabras hasta hacer desaparecer el lenguaje de quienes estuvieron allí.




Una Plencia que miraba hacia el agua

Imaginemos ahora que somos uno de aquellos vecinos.

Es el final del verano.

Las fiestas están a punto de comenzar. Han llegado forasteros. Las barracas van ocupando su sitio. Se prepara la plaza para los novillos y en las conversaciones empieza a circular el programa de festejos.

Y entre carrera y carrera, entre la pelota, las cucañas y los bailes, habrá que acercarse al agua.

Porque allí competirán los hombres de la Cofradía.

El Ayuntamiento había previsto además importantes premios para los vencedores, señal de que aquellos regateos no constituían un entretenimiento menor perdido dentro del programa.

Había prestigio en juego.

Y probablemente algo todavía más difícil de medir: el orgullo de quienes conocían a aquellos hombres y sabían lo que eran capaces de hacer sobre una trainera.


Una de las primeras huellas que hemos encontrado

Y aquí está la verdadera importancia de esta pequeña noticia.

Estamos en 1880.

No deberíamos afirmar que estamos ante la primera regata de traineras documentada, porque la documentación localizada hasta ahora no permite semejante conclusión.

Pero sí podemos decir algo suficientemente hermoso sin exagerar nada:

esta es una de las primeras referencias a regatas de traineras que hemos podido documentar hasta el momento en nuestro recorrido por la prensa histórica.

Y aparece en Plencia.

Eso significa que cuando el siglo XIX todavía tenía veinte años por delante, las traineras ya formaban parte del programa festivo de una villa marinera y sus remeros eran presentados públicamente como hombres de reconocido prestigio.

No conocemos sus nombres.

Tampoco sabemos cómo se llamaban aquellas traineras ni quién terminó llevándose los premios.

El periódico nos ha dejado abierta esa puerta.

Pero quizá precisamente ahí esté parte de la belleza del documento.


Los hombres cuyos nombres se llevó el tiempo

Aquellos días alguien ganaría.

Alguien llegaría detrás.

Habría vecinos animando a unos y a otros. Los vencedores recibirían sus premios y, terminadas las fiestas, Plencia volvería poco a poco a su vida cotidiana.

Sus nombres, al menos en esta crónica, no quedaron escritos.

Pero quedó algo.

Quedó constancia de que estuvieron allí.

Quedó una Cofradía.

Quedaron unos hombres a quienes sus contemporáneos llamaban «renombrados remadores».

Y quedaron unas traineras formando parte de las fiestas de San Antolín.

Han pasado casi ciento cincuenta años.

Las barracas desaparecieron. Se apagaron aquellas iluminaciones. Los fuegos artificiales duraron apenas unos segundos en el cielo de Plencia.

Pero unas pocas líneas impresas en un periódico consiguieron hacer algo que probablemente ninguno de aquellos hombres imaginó:

que pudiéramos volver a esperarlos junto al agua.


Fuente consultada

El Noticiero Bilbaíno, 1 de septiembre de 1880, correspondencia remitida desde Plencia el 31 de agosto de 1880, con información sobre los preparativos y el programa de las fiestas de San Antolín. Entre los festejos anunciados figuraban los regateos de los «renombrados remadores de esta Cofradía», que montarían «veleras traineras», estableciéndose premios para los vencedores.

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