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01. La historia de la trainera de Zierbena a través de la prensa desde 1899 hasta 1923

  • akalsuelme
  • 25 jul
  • 48 min de lectura

Actualizado: hace 6 horas

Trainera  de Cierbana, patrón Antonio Urrestizala Yturrieta "Calafre"  en el Pedregal, El Puerto de Ciérbana - año 1918
Trainera de Cierbana, patrón Antonio Urrestizala Yturrieta "Calafre" en el Pedregal, El Puerto de Ciérbana - año 1918


1899-08-15

Primera mención en prensa de la trainera de Ciérbana


14 de agosto de 1899. En el puerto de Algorta, con motivo de las tradicionales fiestas de San Nicolás, se disputaron unas concurridas regatas de traineras que hoy adquieren un enorme valor histórico para Ciérvana.


La crónica publicada al día siguiente por El Noticiero Bilbaíno relata que, tras una primera competición reservada a traineras tripuladas por aficionados, tuvo lugar la gran regata entre embarcaciones pertenecientes a las cofradías de Portugalete, Santurce, Ciérvana y Algorta.


Aunque finalmente solo tomaron la salida tres traineras de Santurce y una de Algorta, el simple hecho de que la prensa cite expresamente a Ciérvana constituye, hasta donde alcanza actualmente nuestra investigación, la primera referencia conocida a una trainera ciervanata en una competición oficial.


Clasificación de la regata

🥇 1.º Premio (250 pesetas): Eulalia, de Santurce, con un tiempo de 12 minutos y 49 segundos.

🥈 2.º Premio (75 pesetas): San Pedro, de Santurce, con 12 minutos y 54 segundos.

🥉 3.º Premio (50 pesetas): Alegría, de Santurce, con 13 minutos y 20 segundos.


Un pequeño detalle que dice mucho

El periódico no explica por qué la trainera de Ciérvana no llegó a tomar la salida, ni tampoco menciona la de Portugalete, limitándose a indicar que participaron tres embarcaciones santurtziarras y una de este puerto (Algorta). Esa ausencia de explicación convierte este documento en un magnífico punto de partida para seguir investigando qué ocurrió realmente aquel verano de 1899.


Valor histórico

Más allá del resultado deportivo, esta noticia posee un enorme interés porque demuestra que Ciérvana ya figuraba entre los pueblos llamados a participar en las grandes regatas vizcaínas de finales del siglo XIX, situándola junto a puertos con una larga tradición marinera como Santurce, Portugalete y Algorta.


Fuentes consultadas

  • El Noticiero Bilbaíno, 15 de agosto de 1899, año XXV, n.º 7856, página 1. Crónica de las fiestas de San Nicolás de Algorta y regata de traineras.



Capítulo 2


1912: Ciérbana vuelve a estar entre las traineras participantes


El primer periódico, del 25 de julio de 1912, anuncia la celebración de las regatas y confirma que competirán las traineras de las cofradías de Portugalete, Algorta, Santurce y Ciérbana. Es la noticia previa a la competición y demuestra que la trainera de Ciérvana seguía formando parte de las regatas más importantes del Abra.


Pocos días después, el 29 de julio de 1912, El Pueblo Vasco publica la crónica de la regata celebrada por el Ayuntamiento de Guecho sobre un recorrido de 3.000 metros. En ella se recoge la clasificación final:

  • 🥇 1.º Rosalinda (Santurce), patroneada por Julián Ortiz, con un tiempo de 14 minutos y 3 segundos.

  • 🥈 2.º Eugenia (Santurce), patroneada por Melquíades González, con un tiempo de 14 minutos y 14 segundos.


En esta ocasión, al igual que ocurría en la noticia de 1899, Ciérvana aparece anunciada entre las traineras participantes, pero la crónica únicamente publica los dos primeros premios y no especifica la clasificación del resto de embarcaciones.


Fuentes consultadas

  • El Pueblo Vasco, 25 de julio de 1912, p. 2. Anuncio de las regatas de traineras organizadas por el Club Marítimo del Abra.

  • El Pueblo Vasco, 29 de julio de 1912, p. 2. Crónica y clasificación de las regatas de traineras celebradas por el Ayuntamiento de Guecho.


Nota: En las referencias documentales y en las citas se respeta la grafía original empleada por los periódicos de la época para los nombres de municipios, localidades y otros topónimos.



Capítulo 3

1917: La trainera de Ciérvana conquista el tercer puesto en el Abra


El 21 de octubre de 1917, las aguas del Abra volvieron a convertirse en el gran escenario del remo vizcaíno. Aquella tarde se disputaron unas concurridas regatas de traineras que reunieron a embarcaciones de Santurce, Portugalete, Ciérvana y Algorta, despertando una enorme expectación entre los aficionados.


La crónica de El Pueblo Vasco describe una jornada extraordinaria. Desde primeras horas de la tarde, los muelles de Las Arenas, Algorta, Portugalete y Santurce presentaban un aspecto imponente, mientras numerosas embarcaciones y lanchas de vapor seguían la prueba desde la bahía. La expectación era máxima y el ambiente reflejaba la enorme afición que ya despertaban las traineras en la costa vizcaína.


Poco antes de las cuatro de la tarde quedó constituido el jurado de salida y llegada. Participaban cinco embarcaciones:

  • Nueva Eulalia, de Santurce.

  • Engracia, de Portugalete.

  • La Distinguida, de Ciérvana.

  • La Polar, de Santurce.

  • Atreo, de Algorta.


A la señal del cañón, las traineras emprendieron la regata entre los aplausos del público. Tras montar las balizas situadas dentro y fuera del puerto, recorrieron una distancia aproximada de tres millas y media, manteniéndose durante buena parte de la prueba muy próximas unas de otras. La emoción acompañó todo el recorrido hasta la línea de llegada, situada en la entrada de la ría.


Clasificación final

🥇 1.º Premio (2.000 pesetas)Nueva Eulalia, de Santurce.Patrón: Juan Mansuri.Tiempo: 25 minutos y 39 segundos.

🥈 2.º Premio (1.000 pesetas)Engracia, de Portugalete.Patrón: Gavia.Tiempo: 26 minutos y 27 segundos.

🥉 3.º Premio (500 pesetas)La Distinguida, de Ciérvana.Patrón: Zenón Acarregui.Tiempo: 26 minutos y 32 segundos.


La clasificación la completaron La Polar, de Santurce, y Atreo, de Algorta. El periódico señala que esta última embarcación acudió prácticamente sin preparación y que incluso sufrió una vía de agua durante la regata, lo que impidió que pudiera competir en igualdad de condiciones.


Un resultado para recordar

Para Ciérvana, aquel tercer puesto supuso un resultado de enorme mérito. La trainera La Distinguida, patroneada por Zenón Acarregui, logró subir al podio frente a algunas de las embarcaciones más prestigiosas del momento, confirmando que el pueblo seguía ocupando un lugar destacado en las grandes regatas del Abra.


La propia crónica concluye felicitando a los clubes organizadores por el éxito de la prueba y destaca el extraordinario ambiente vivido en Santurce tras la victoria de Nueva Eulalia, donde los vencedores fueron recibidos con aplausos, vítores y una multitud de cohetes.


Este documento tiene un valor especial para la historia del remo de Zierbena, ya que no solo confirma la presencia continuada de su trainera en las competiciones del Abra, sino que documenta uno de sus primeros resultados destacados conservados en la prensa.

Fuentes consultadas

  • El Pueblo Vasco, 22 de octubre de 1917, p. 2. Crónica de las regatas de traineras celebradas el día anterior en el Abra y clasificación oficial de la prueba.


Capítulo 4

1918: «La Distinguida» lleva a Ciérvana a la gran final del Abra


El 29 de septiembre de 1918, las aguas del Abra fueron nuevamente escenario de una de las grandes citas deportivas del año. Bajo un cielo que amenazaba lluvia, pero con la mar en buenas condiciones, miles de personas se congregaron en los muelles para asistir a las tradicionales regatas de traineras de pesca, organizadas por el comité patrocinado por la Excma. Diputación de Vizcaya y diversas entidades marítimas.


La expectación era enorme. Mucho antes de comenzar la prueba, el embarcadero se encontraba repleto de aficionados y curiosos. El jurado, presidido por representantes de la Marina, de la Diputación y de los principales clubes náuticos, ultimaba los preparativos mientras las traineras aguardaban la señal de salida alineadas junto a sus balizas de colores.


Aquella tarde únicamente tomaron parte tres embarcaciones:

  • «La Distinguida», de Ciérvana, patroneada por Antonio Uruztizala.

  • «La Eufemia», de Santurce, patroneada por Segundo Gamboa.

  • «La Blanca», de Castro Urdiales, patroneada por Vicente Daniza.


A las 5:13 de la tarde, un cañonazo anunció la salida. Las traineras emprendieron el recorrido de tres millas y media, manteniendo un ritmo muy intenso desde las primeras paladas.

Al completarse la primera vuelta, «La Distinguida» ya ocupaba la cabeza de la prueba con un tiempo de 14 minutos y 11 segundos, aventajando a sus rivales. Aquella superioridad no fue pasajera. La trainera de Ciérvana mantuvo su esfuerzo hasta la llegada y cruzó la meta en primera posición.


Clasificación de la regata

🥇 1.º «La Distinguida» (Ciérvana)Patrón: Antonio Uruztizala.Tiempo: 28 minutos y 47 segundos.

🥈 2.º «La Eufemia» (Santurce)Patrón: Segundo Gamboa.Tiempo: 29 minutos y 25 segundos.

🥉 3.º «La Blanca» (Castro Urdiales)Patrón: Vicente Daniza.Tiempo: 31 minutos y 36 segundos.

Una final que decidiría al campeón

Sin embargo, la victoria no suponía todavía el desenlace definitivo. El reglamento establecía que las dos traineras más rápidas, Ciérvana y Santurce, debían volver a enfrentarse al día siguiente en una regata decisiva.

En juego estaban nada menos que los dos grandes premios de la competición:

  • 🏆 Primer premio: 5.000 pesetas.

  • 🏆 Segundo premio: 2.500 pesetas.


La noticia despertó tal entusiasmo que el Ayuntamiento de Portugalete organizó para el día siguiente una jornada festiva con romería, música, fuegos artificiales y proyecciones cinematográficas para acompañar el esperado duelo entre las traineras de Ciérvana y Santurce. Todo el Abra esperaba aquella final.


El prestigio de la trainera de Ciérvana

Este documento demuestra que «La Distinguida» ya era una de las grandes embarcaciones del remo vizcaíno. Su victoria en la prueba clasificatoria la situó entre las mejores traineras del momento y confirmó el excelente nivel alcanzado por los remeros de Ciérvana, que volvían a ser protagonistas en una de las competiciones más importantes de la temporada.

Con cada nueva noticia conservada en la prensa, la historia del remo de Zierbena deja de ser un recuerdo difuso para convertirse en una crónica documentada, construida regata a regata, nombre a nombre y victoria a victoria.

Fuentes consultadas

  • El Pueblo Vasco, 30 de septiembre de 1918, p. 1. Crónica de las regatas de traineras celebradas en el Abra, clasificación oficial y anuncio de la final entre las traineras de Ciérvana y Santurce.


Nota: En las referencias documentales y en las citas se respeta la grafía original empleada por los periódicos de la época para los nombres de municipios, localidades y otros topónimos.



Capítulo 4.1

1918: Ciérvana conquista el gran premio del Abra

La tarde del 1 de octubre de 1918 amaneció marcada por el viento y un tiempo desapacible. Aun así, la expectación era enorme. Tras la jornada clasificatoria celebrada dos días antes, había llegado el momento de disputar la gran final de las regatas del Abra entre las traineras de Ciérvana y Santurce, que se jugaban los dos principales premios de la competición.


Ni el mal tiempo ni la amenaza de lluvia impidieron que una multitud de personas abarrotara los muelles para presenciar uno de los acontecimientos deportivos más esperados del año. La emoción era máxima y el público siguió con entusiasmo cada palada de las dos embarcaciones.


Una final llena de emoción

La crónica destaca un detalle que hoy resulta sorprendente: los remeros competían intercambiados.

La trainera de Ciérvana estaba tripulada por marineros de Santurce, mientras que la de Santurce remaba con marineros de Ciérvana. Esta circunstancia respondía al sistema de competición utilizado entonces, pensado para igualar las embarcaciones y poner a prueba la habilidad de las tripulaciones.


Ambas traineras completaron las dos vueltas al recorrido prácticamente igualadas, ofreciendo un espectáculo apasionante hasta la llegada.

Clasificación de la gran final

🥇 Primer premio – 5.000 pesetas

Ciérvana

Tiempo: 29 minutos y 15 segundos.

🥈 Segundo premio – 2.500 pesetas

Santurce

Tiempo: 29 minutos y 19 segundos.


La diferencia fue de apenas cuatro segundos, suficiente para que la victoria se decantara del lado de Ciérvana, que se proclamó vencedora de una de las regatas más importantes del calendario.


Una victoria para la historia

Este documento tiene un enorme valor histórico porque acredita que, en 1918, la trainera de Ciérvana conquistó el máximo galardón de las regatas del Abra, imponiéndose a una de las grandes potencias del remo vizcaíno.

El premio de 5.000 pesetas representaba una cantidad muy importante para la época y otorgaba un enorme prestigio deportivo a la embarcación vencedora.

Con esta victoria, la presencia de Ciérvana en las regatas del Cantábrico dejaba de ser una simple participación para convertirse en un auténtico éxito deportivo, consolidando el nombre del pueblo entre las traineras más destacadas de aquellos años.


Fuentes consultadas

  • El Pueblo Vasco, 2 de octubre de 1918, p. 3. Crónica de la final de las regatas de traineras del Abra y clasificación oficial de la prueba.



Capítulo 5

1919: El gran proyecto para unas regatas de traineras sin polémicas


Durante el verano de 1919, cuando todavía no se había fijado la fecha definitiva de las grandes regatas del Puerto Exterior de Bilbao, la prensa comenzaba a revelar algunos de los preparativos que convertirían aquella edición en una de las más ambiciosas celebradas hasta entonces.


En una entrevista concedida a El Noticiero Bilbaíno, Eduardo Ubao, secretario del Comité de Regatas, explicó que la intención de los organizadores era ofrecer una competición sin precedentes, tanto por la cuantía de los premios como por la igualdad entre las embarcaciones participantes.


Uno de los aspectos más novedosos consistía en la construcción de siete traineras completamente iguales en los astilleros de Zumaya. Todas tendrían las mismas dimensiones, el mismo peso y las mismas características técnicas, evitando así las discusiones que en años anteriores habían surgido sobre las diferencias entre unas embarcaciones y otras. La intención era que la victoria dependiera únicamente de la pericia de los patrones y de la fuerza de los remeros.


El periódico señalaba que las nuevas traineras ya estaban terminadas y que representantes del Comité viajarían a Zumaya para hacerse cargo de ellas y trasladarlas a Bilbao. También se preparaban los últimos detalles organizativos, entre ellos el diseño de carteles anunciadores y el acondicionamiento del campo de regatas.


Las traineras invitadas

Aunque todavía no se conocía el listado definitivo de participantes, el secretario del Comité adelantó que se esperaba la presencia de embarcaciones procedentes de numerosos puertos del Cantábrico. Entre las citadas por el periódico figuraban:

  • San Sebastián

  • Orio

  • Pasajes

  • Guetaria

  • Lequeitio

  • Mundaca

  • Pedreña

  • Santander

  • Santoña

  • Laredo

  • Castro Urdiales

  • Ciérvana

  • Santurce

  • Algorta


La inclusión de Ciérvana en esta relación demuestra que la trainera del municipio seguía siendo considerada una de las embarcaciones llamadas a participar en las grandes competiciones del Cantábrico, compartiendo cartel con algunas de las plazas más prestigiosas del remo de la época.


Un espectáculo pensado para miles de personas

La entrevista deja entrever la enorme dimensión que estaban alcanzando estas regatas. El Comité preveía una organización muy cuidada, con medidas para ordenar el campo de competición, garantizar la seguridad y atraer a un público cada vez más numeroso.

Incluso se contemplaba la posibilidad de solicitar la presencia de un buque de guerra, cuya tripulación colaboraría en la vigilancia del recorrido para evitar que las embarcaciones de espectadores entorpecieran el desarrollo de la prueba. Además, se encargarían carteles artísticos para anunciar el evento y convertir aquellas regatas en una auténtica fiesta popular.


Una noticia que refleja la evolución del remo

Aunque este documento no recoge el resultado de ninguna competición, posee un extraordinario valor histórico porque muestra cómo, a comienzos del siglo XX, las regatas de traineras habían alcanzado tal importancia que exigían una compleja organización y un reglamento cada vez más perfeccionado.

La presencia anunciada de Ciérvana entre los puertos invitados confirma que la trainera del municipio seguía formando parte del panorama competitivo del Cantábrico y continuaba siendo tenida en cuenta para los grandes acontecimientos deportivos de su tiempo.

Fuentes consultadas

  • El Noticiero Bilbaíno, 22 de agosto de 1919, p. 3. Entrevista a Eduardo Ubao, secretario del Comité de Regatas, sobre la organización de las próximas regatas de traineras del Puerto Exterior de Bilbao.



Capítulo 6

1919: Así se preparaban las grandes regatas del Abra


A finales de septiembre de 1919, apenas unos días antes de la celebración de las grandes regatas del Abra, la prensa bilbaína ofrecía una detallada información sobre los preparativos de una competición que movilizaba a miles de personas y exigía una organización cada vez más compleja.


Lejos de limitarse al aspecto deportivo, las autoridades marítimas habían elaborado un completo dispositivo para garantizar la seguridad de los remeros y del numeroso público que acudía a contemplar las pruebas.


Un campo de regatas perfectamente delimitado

La Comandancia de Marina publicó unas estrictas instrucciones para impedir que las embarcaciones de recreo invadieran el recorrido de las traineras.

El campo de regatas tendría forma de gran rectángulo, delimitado mediante boyas y balizas colocadas a intervalos regulares y señalizado con banderas. Ninguna embarcación ajena a la competición podría penetrar en su interior, debiendo permanecer fondeada al exterior durante el desarrollo de las pruebas.


Las sanciones eran contundentes. Cualquier patrón que incumpliera estas normas podía ser multado, además de responder personalmente por los incidentes que ocasionara. Incluso las embarcaciones que no llevasen visible su número identificativo serían detenidas por las autoridades marítimas.



El sorteo de las traineras

El 26 de septiembre de 1919, en la Comandancia de Marina de Bilbao, tuvo lugar el esperado sorteo del orden de salida.

El acto fue presidido por el comandante de Marina y por Eduardo Ubao, presidente del Jurado de Regatas, en presencia de diputados, cónsules y representantes de distintos municipios costeros. Todo se realizó con absoluta transparencia para garantizar la igualdad entre los participantes.


Además del orden de salida, se sorteó también el juego de remos que utilizaría cada embarcación. Cada pareja de remos estaba marcada con una letra diferente (A, C, D, E, F, G…), de modo que ninguna trainera pudiera obtener ventaja utilizando un material distinto al de sus rivales.


Ciérvana, entre los grandes puertos del Cantábrico

El documento confirma nuevamente la presencia de Ciérvana entre las principales traineras del momento.

Compartía competición con embarcaciones procedentes de Fuenterrabía, Santurce, Santoña, Santander, Laredo, Orio, Zumaya, San Sebastián, Pasajes, Algorta y otros destacados puertos del Cantábrico.


Su inclusión en este selecto grupo demuestra que la trainera ciervanesa mantenía un papel relevante dentro del panorama del remo del norte de España y seguía siendo una de las embarcaciones llamadas a competir en las grandes citas de la época.


Mucho más que una simple regata

Este documento permite comprender que, a comienzos del siglo XX, las regatas de traineras ya habían alcanzado un nivel organizativo extraordinario.

No solo se sorteaban las posiciones de salida, sino también los remos, se delimitaba cuidadosamente el campo de competición y se establecían normas precisas para evitar cualquier incidente o ventaja indebida.

Todo ello refleja el enorme prestigio que estas pruebas habían adquirido en la costa cantábrica y explica por qué miles de personas acudían cada año a presenciarlas.


Fuentes consultadas

  • El Noticiero Bilbaíno, 27 de septiembre de 1919, p. 4. Información sobre el sorteo de traineras, las instrucciones de la Comandancia de Marina y la organización de las regatas del Abra.




1919-10-10

| Un festival benéfico a favor de los remeros de Ciérvana


El 10 de octubre de 1919, El Noticiero Bilbaíno anunciaba la celebración de un festival benéfico organizado a favor de los remeros de Ciérvana, que tendría lugar el domingo en el frontón Euskalduna de Bilbao.


Un gesto de apoyo a los remeros galipos

La noticia explica que el festival despertó un notable interés entre el público. Desde el mismo día en que se anunció, comenzaron a solicitarse palcos y localidades de preferencia, especialmente por parte de numerosas familias que veraneaban en los pueblos del Abra y que deseaban colaborar con la iniciativa.

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El periódico destaca que la idea partió del gerente del frontón, señor Araquistain, una iniciativa que fue muy bien acogida y que pretendía reconocer el esfuerzo de los remeros de Ciérvana, muy apreciados por la afición de la época.


Comentario histórico

Esta breve noticia demuestra que, ya en 1919, los remeros de Ciérvana gozaban del cariño y la simpatía del público vizcaíno. La organización de un festival benéfico en su favor pone de manifiesto la importancia social que tenía el remo mucho antes de la creación de los clubes modernos y constituye uno de los testimonios periodísticos más antiguos localizados hasta ahora sobre el remo galipo.


Fuentes consultadas

  • El Noticiero Bilbaíno, 10 de octubre de 1919, pág. 3. Nota sobre el festival organizado a beneficio de los remeros de Ciérvana.


Nota del investigador

Este documento adelanta en más de treinta años el inicio de la memoria periodística del remo en Ciérvana que estamos reconstruyendo. Más allá del anuncio de un festival, refleja el reconocimiento social del que ya disfrutaban los remeros de Ciérvana en 1919, hasta el punto de organizarse un acto benéfico en su honor. Es, por tanto, una de las referencias documentales más antiguas encontradas hasta la fecha sobre la tradición remera del municipio.




1919-10-12

| Bilbao homenajea a los remeros de Ciérvana tras su victoria


El 12 de octubre de 1919, El Noticiero Bilbaíno informó del desarrollo de los actos organizados en honor de los remeros de Ciérvana, protagonistas de un homenaje celebrado tras su brillante triunfo en las regatas de Bilbao.


Un reconocimiento multitudinario

El periódico señala que, después de las regatas, se celebró un banquete en honor del jurado, al que asistieron más de un centenar de comensales. Durante el acto se pronunciaron discursos de agradecimiento dirigidos a todas las personas que habían contribuido al éxito de aquellas regatas, con el deseo de que en el futuro alcanzaran aún mayor brillantez.


Pero el homenaje no terminó ahí.

Aquella misma tarde, en el frontón Euskalduna, tuvo lugar el festival organizado en honor de los remeros de Ciérvana, cuya celebración ya había sido anunciada por el periódico días antes. La elevada demanda de palcos y localidades hacía prever un gran éxito de público.


Quirico, recibido por la reina

La noticia recoge además un episodio especialmente significativo.

El alcalde de Bilbao, Mario Zuaznabar, presentó a la reina María Cristina al patrón de la trainera vencedora en Bilbao, Quirico, cumpliendo la promesa realizada días antes. La reina lo felicitó personalmente por el triunfo conseguido.


Al día siguiente, la propia reina tenía previsto embarcar en una trainera patroneada por Quirico y tripulada por los mismos remeros que habían logrado la victoria en Bilbao para realizar un paseo por la bahía de La Concha.


Comentario histórico

Este documento demuestra la enorme repercusión social que alcanzó la victoria de los remeros de Ciérvana en 1919.

No solo recibieron un festival en su honor, sino que el patrón Quirico fue recibido y felicitado personalmente por la reina María Cristina, un reconocimiento excepcional que pone de manifiesto el prestigio que el remo tenía en aquella época.


Fuentes consultadas

  • El Noticiero Bilbaíno, 12 de octubre de 1919, portada. Información sobre el homenaje a los remeros de Ciérvanay la recepción del patrón Quirico por la reina María Cristina.


Nota del investigador

La figura de Quirico constituye, por el momento, uno de los personajes más enigmáticos de esta primera etapa del remo galipo. En este recorte, El Noticiero Bilbaíno lo presenta como «el patrón de la trainera vencedora en Bilbao», y relata cómo fue recibido y felicitado personalmente por la reina María Cristina, además de anunciar que al día siguiente patronearía la trainera que pasearía a la soberana por la bahía de La Concha.


Sin embargo, la documentación localizada hasta ahora no permite afirmar con certeza que Quirico perteneciera a la tripulación de Ciérvana ni que fuera natural del municipio. La incógnita aumenta al comprobar que, en una noticia posterior publicada en 1920, los remeros de Ciérvana se desplazaron hasta San Sebastián para saludar expresamente a Quirico, un gesto que evidencia la estrecha relación y el profundo respeto que existía hacia su persona.

Todo ello convierte a Quirico en una figura que merece una investigación específica. Su verdadera identidad y su vinculación con los remeros de Ciérvana siguen siendo, por ahora, una cuestión abierta, a la espera de que nuevas referencias periodísticas permitan completar este interesante capítulo de la historia del remo galipo.




Capítulo 7

1920: La seguridad en las regatas, una prioridad absoluta


A finales de agosto de 1920, cuando las grandes regatas del Abra estaban a punto de comenzar, la prensa publicó el bando dictado por el comandante de Marina con las normas que debían cumplirse durante las competiciones. El documento demuestra hasta qué punto aquellas regatas se habían convertido en acontecimientos multitudinarios que exigían una cuidada organización.


Las pruebas se disputarían los días 30 de agosto y 1 de septiembre, mientras las distintas tripulaciones ultimaban su preparación en sus respectivos puertos. Paralelamente, la Comisión organizadora ultimaba todos los detalles para garantizar el buen desarrollo de la competición.


Un recinto reservado para las traineras

El campo de regatas quedaba delimitado mediante un gran rectángulo formado por boyas, balizas y banderas blancas y rojas. Desde la una de la tarde quedaba terminantemente prohibido acceder a esa zona, salvo a las embarcaciones participantes.

Las numerosas lanchas y vapores que acudían a contemplar las pruebas debían permanecer fondeados fuera del recinto, alineados de forma que tampoco pudieran interferir en el recorrido de las traineras.


Multas para quien incumpliera las normas

El bando era especialmente estricto.

Las embarcaciones que invadieran el campo de regatas podían ser sancionadas con 50 pesetas de multa, además de quedar inmovilizadas durante siete días, sin poder dedicarse a sus faenas habituales.

También se exigía que todas las embarcaciones llevaran visible su nombre y su folio de matrícula, responsabilizando directamente a sus patrones de cualquier infracción. Para vigilar el cumplimiento de estas disposiciones, marineros de la Armada y contramaestres de puerto patrullarían continuamente alrededor del recorrido.


El ejemplo del año anterior

Resulta especialmente significativo el último párrafo del bando. El comandante de Marina felicita al público por el comportamiento ejemplar demostrado durante las regatas del año anterior y confía en que ese mismo civismo vuelva a repetirse en la edición de 1920.

Ese reconocimiento pone de manifiesto la extraordinaria afluencia de espectadores que congregaban las traineras y el esfuerzo de las autoridades para compatibilizar el espectáculo deportivo con la seguridad marítima.


Una ventana al remo de hace más de un siglo

Aunque esta noticia no recoge ningún resultado deportivo, constituye un valioso testimonio sobre la organización de las regatas del Abra en los primeros años del siglo XX. Gracias a documentos como este podemos comprender que aquellas competiciones no eran solo un enfrentamiento entre traineras, sino un auténtico acontecimiento popular que movilizaba a instituciones, marinos, clubes y a miles de espectadores.


Fuentes consultadas

  • El Pueblo Vasco, 25 de agosto de 1920, p. 4. Publicación del bando del comandante de Marina con las instrucciones para las regatas de traineras del Abra de Bilbao.



Capítulo 7.1 La gran victoria de Ciérvana en el Abra


El 30 de agosto de 1920 amaneció con un ambiente difícil de describir. Desde primeras horas de la mañana, miles de personas comenzaron a dirigirse hacia el Abra para presenciar una de las competiciones deportivas más esperadas del verano: las tradicionales regatas de traineras.


El periódico El Pueblo Vasco relata una jornada extraordinaria. Trenes reforzados, tranvías repletos, vapores llegados desde numerosos puertos del Cantábrico, automóviles y embarcaciones de toda clase convergían hacia Portugalete y Las Arenas. El muelle de Churruca, la escollera, los paseos y los miradores aparecían completamente abarrotados por un público deseoso de contemplar el gran desafío entre las mejores tripulaciones del momento.


La expectación era enorme.

Las conversaciones giraban alrededor de un mismo asunto: ¿quién sería capaz de imponerse en aquella primera jornada? Aunque había partidarios de varias traineras, el periodista señala que la mayoría de los pronósticos se concentraban en dos embarcaciones: Ciérvana y Santurce, llamadas a protagonizar un duelo que prometía quedar para el recuerdo.


A las cuatro de la tarde, un cañonazo anunció la salida.

Las seis traineras rompieron la calma del Abra al unísono. Muy pronto quedó claro que la lucha por la victoria tendría dos protagonistas. Mientras el resto de embarcaciones intentaba mantenerse a la estela, Ciérvana y Santurce comenzaron a abrir distancia con un ritmo impresionante, remando con una intensidad que levantó la admiración del público.


La descripción que hace el cronista sobre la trainera de Ciérvana resulta especialmente reveladora:

«Ciérvana bogaba muy bien, a remazo rápido y corto, como si su tripulación se compusiera de nerviosos.»


No era una observación cualquiera. Reflejaba la extraordinaria cadencia y coordinación de unos hombres acostumbrados al esfuerzo diario en la mar, capaces de mantener un ritmo constante y eficaz durante toda la prueba.

Al llegar a la primera ciaboga, Ciérvana ya ocupaba la cabeza de la regata. Tomó la baliza con enorme precisión, mientras Santurce trataba de seguir su estela sin perder contacto. Detrás continuaban Fuenterrabía, Bermeo, Zumaya y Argoños, inmersas en una intensa batalla por las posiciones de honor.


La segunda vuelta mantuvo la emoción hasta el final.

Santurce intentó reducir la diferencia, pero la trainera de Ciérvana defendió con firmeza su ventaja, demostrando una regularidad admirable y sin ceder el primer puesto en ningún momento. Cada palada acercaba un poco más a aquellos pescadores a una victoria histórica.


Cuando las embarcaciones cruzaron la meta, el resultado fue incontestable:

  • 1.º Ciérvana: 27 minutos y 55 segundos.

  • 2.º Santurce: 28 minutos y 6 segundos.

  • 3.º Fuenterrabía: 28 minutos y 22 segundos.

  • 4.º Bermeo: 28 minutos y 30 segundos.

  • 5.º Zumaya: 29 minutos.

  • 6.º Argoños: 29 minutos y 59 segundos.


La victoria provocó un auténtico estallido de entusiasmo.

El periódico destaca que los marineros de Ciérvana fueron los más festejados de toda la jornada. Al regresar al desembarcadero recibieron grandes ovaciones, en las que incluso participó la Familia Real, presente aquel día en el Abra para seguir la competición.


Pero las celebraciones no terminaron allí.

Cuando la noticia llegó a Portugalete, la población se volcó con los vencedores. Una multitud esperaba su llegada y los remeros fueron recibidos entre aplausos, vítores y disparos de cohetes. Los aficionados los alzaron sobre sus hombros y los acompañaron hasta la fonda donde se hospedaban, mientras la Banda Municipal contribuía a prolongar el ambiente festivo con un concierto extraordinario.


Las apuestas que durante toda la jornada habían enfrentado a los partidarios de unas y otras traineras terminaron dando la razón a quienes habían confiado en Ciérvana. La victoria no solo suponía un triunfo deportivo: confirmaba que aquella pequeña tripulación de pescadores podía competir y vencer a las mejores embarcaciones del Cantábrico.


El periódico también dejó constancia del nombre del hombre que dirigía aquella extraordinaria tripulación: Zenón Acarregui, patrón de la trainera de Ciérvana, cuya serenidad y buen hacer resultaron decisivos para conducir a su equipo hasta la victoria.


Con el paso de los años, muchas regatas han quedado reducidas a una simple clasificación. Sin embargo, aquella celebrada en el Abra durante el verano de 1920 fue mucho más que eso.

Fue el día en que un grupo de humildes pescadores escribió una de las páginas más brillantes del remo vizcaíno.

Y fue también el comienzo de una historia que aún tenía reservados nuevos capítulos: el reconocimiento de Alfonso XIII, el intento frustrado de competir en San Sebastián y el inolvidable gesto de fraternidad con los remeros donostiarras.


Fuente consultada

  • El Pueblo Vasco, 31 de agosto de 1920. Crónica completa de la primera jornada de las regatas de traineras celebradas en el Abra, con la victoria de Ciérvana, la descripción de la prueba, los tiempos oficiales, el recibimiento popular en Portugalete y la identificación de los patrones de las embarcaciones participantes.



Capítulo 8

La regata que Ciérvana quiso disputar… y nunca pudo remar


El sueño frustrado de los campeones de 1920

La historia del remo está llena de victorias memorables, pero también de episodios que nunca llegaron a escribirse sobre el agua. Uno de ellos tuvo como protagonistas a los remeros de Ciérvana, apenas unos días después de haber conquistado uno de los triunfos más importantes de su historia.

En ocasiones, la ausencia de una embarcación puede cambiar el rumbo de una página deportiva. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en los primeros días de septiembre de 1920.


Los días previos a la regata, todo hacía indicar que los campeones de Bilbao podrían finalmente estar presentes en San Sebastián. La prensa informaba de que el principal obstáculo, la falta de una trainera propia, había quedado resuelto gracias a un telegrama enviado desde Zarauz, donde se ofrecía una embarcación y el equipo necesario para los remeros de Ciérvana. La noticia aumentó la expectación, ya que se esperaba la participación de los recientes vencedores de las regatas de Bilbao.


Tras el brillante éxito obtenido en las regatas celebradas en la ría de Bilbao, todo hacía pensar que la tripulación ciervanata acudiría a San Sebastián, donde se reunían algunas de las mejores traineras del Cantábrico. La expectación era enorme y la afición daba por hecha su participación.


Sin embargo, la realidad era muy distinta.

Los propios remeros acudieron a la redacción del periódico El Pueblo Vasco para aclarar los rumores que circulaban aquellos días. Querían que la opinión pública conociera la verdad: no renunciaban a competir; sencillamente, no podían hacerlo.


La explicación resulta tan sencilla como reveladora. Aquellos marineros no disponían de una trainera ni del correspondiente juego de remos para afrontar una competición de aquella categoría. Durante días recorrieron cuanto pudieron intentando conseguir una embarcación adecuada, realizando —como decía el propio periódico— “un verdadero calvario”, pero todos sus esfuerzos resultaron inútiles.


Lejos de resignarse, decidieron intentarlo por otra vía.

El 30 de agosto de 1920, su patrón, León Acarregui, remitió un telegrama al presidente de la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de San Sebastián. El mensaje era respetuoso y directo. Solicitaba que, si la organización disponía de alguna trainera y de un juego de remos —sabían que allí había varias embarcaciones—, se los facilitaran para poder participar en las regatas.

Era una petición nacida de la ilusión y del deseo de medirse con los mejores remeros del Cantábrico.

Pero la respuesta nunca llegó.

El periódico señala que, transcurridos varios días, León Acarregui seguía esperando aquella contestación que jamás recibió.


Aquello supuso el final de un sueño deportivo.

Sin embargo, el espíritu de aquellos hombres dice mucho de su forma de entender el remo. Aunque ya sabían que no podrían competir, decidieron viajar igualmente a San Sebastián para presenciar las regatas. No iban como rivales, sino como aficionados y hombres de mar que amaban profundamente este deporte.


Antes de emprender el viaje, el 4 de septiembre de 1920, los vencedores de Ciérvana participaron en una misa celebrada en la Basílica de Begoña, oficiada en acción de gracias por el triunfo conseguido días antes. Terminada la ceremonia, tomaron el tren con destino a San Sebastián. Gracias a la mediación del Marqués de Arriluce, presidente del Consejo de Administración de los Ferrocarriles Vascongados, los remeros pudieron realizar el desplazamiento con billetes facilitados gratuitamente por la compañía ferroviaria.


Hoy, más de un siglo después, este episodio adquiere un enorme valor histórico.

Nos recuerda que aquellos remeros no eran deportistas profesionales. Eran pescadores y trabajadores del mar que competían con enormes limitaciones materiales. La falta de una trainera propia o de unos simples remos podía impedirles participar en las regatas más importantes del Cantábrico, por mucho talento y voluntad que tuvieran.

Quizá nunca sepamos qué habría ocurrido si Ciérvana hubiese tomado la salida en San Sebastián aquel septiembre de 1920.


Lo que sí sabemos es que querían estar allí. Lo intentaron hasta el último momento y, cuando comprendieron que era imposible, viajaron igualmente para vivir la fiesta del remo junto a quienes sí pudieron competir.

A veces, las páginas más emocionantes de la historia no hablan de victorias ni de derrotas. Hablan de perseverancia, de dignidad y de un grupo de hombres que, aun sin poder echar la trainera al agua, nunca dejaron de sentirse remeros.


Fuente

  • El Pueblo Vasco, 4 de septiembre de 1920






Capítulo 9

Cuando Alfonso XIII estrechó la mano de los remeros de Ciérvana

El reconocimiento a unos pescadores que hicieron historia

La historia no siempre recompensa únicamente a quienes levantan un trofeo. En ocasiones, el mayor premio llega en forma de un gesto, de unas palabras o de un apretón de manos que permanece vivo durante generaciones.


Así ocurrió en los primeros días de septiembre de 1920.

Los remeros de Ciérvana, que acababan de conquistar un brillante triunfo en las regatas celebradas en la ría de Bilbao, soñaban con enfrentarse a las mejores traineras del Cantábrico en las pruebas de San Sebastián. No les faltaban ilusión ni coraje. Lo único que les faltaba era aquello que hoy parece impensable: una trainera y un juego de remos con los que poder competir.


Durante varios días hicieron cuanto estuvo en su mano para conseguir una embarcación. Incluso enviaron un telegrama a la organización de las regatas donostiarras solicitando que les prestaran una trainera, ya que allí existían varias disponibles. La respuesta nunca llegó. El sueño de competir se desvanecía sin que aquellos pescadores pudieran demostrar sobre el agua el valor que ya habían acreditado en Bilbao.


Y, sin embargo, no renunciaron a viajar.

Decidieron acudir igualmente a San Sebastián como simples espectadores. Era una decisión nacida del amor por el remo y del respeto hacia un deporte que formaba parte de su propia vida.

Pero el destino aún les tenía reservada una recompensa inesperada.

Antes de emprender el viaje, el patrón de la embarcación había manifestado su deseo de saludar a Su Majestad Alfonso XIII, a quien admiraban por el interés que siempre había mostrado hacia los deportes náuticos. Gracias a la mediación de don Luis de Zavala, aquel encuentro pudo hacerse realidad.


La escena debió de ser inolvidable.

Aquellos hombres, curtidos por el trabajo diario en la mar, acostumbrados al viento, al salitre y al esfuerzo silencioso, se encontraron frente al Rey de España. No eran políticos, ni militares, ni grandes personajes de la sociedad. Eran pescadores. Hombres humildes cuya fama había nacido únicamente del esfuerzo de sus brazos.

El periódico relata que Alfonso XIII les recibió con extraordinaria cercanía. Les dijo que conocía perfectamente la calidad de su forma de remar y destacó un detalle que sólo podía apreciar alguien verdaderamente interesado por el deporte náutico: la boga larga de los remeros de Ciérvana, ejemplo —según sus propias palabras— de una magnífica flexibilidad y de una técnica digna de admiración. Después les felicitó por el triunfo conseguido y les animó a conservar el prestigio que habían alcanzado.


Aquellas palabras emocionaron profundamente a la tripulación.

No era únicamente una felicitación. Era el reconocimiento oficial al esfuerzo de un pequeño pueblo marinero que, con muy pocos medios, había conseguido situar el nombre de Ciérvana entre las grandes referencias del remo cantábrico.

Resulta especialmente conmovedor comprobar que aquel homenaje llegaba precisamente cuando los remeros acababan de sufrir una gran decepción. Habían preparado su participación en San Sebastián con enorme ilusión, pero la falta de una trainera les obligó a quedarse en tierra. El destino les cerró una puerta deportiva, pero les abrió otra que probablemente ninguno de ellos imaginó: recibir personalmente la felicitación del Rey.


Hoy, más de cien años después, aquel encuentro conserva intacta toda su fuerza simbólica.

Representa el reconocimiento a una generación de hombres que nunca remó por dinero ni por fama. Remaban porque era una prolongación de su propia vida en la mar. Porque el compañerismo, el sacrificio y el orgullo de representar a su pueblo valían mucho más que cualquier recompensa material.


Quizá nunca sepamos qué habría ocurrido si aquella trainera hubiera podido competir en San Sebastián.

Lo que sí sabemos es que aquellos pescadores regresaron con algo que ningún rival podía arrebatarles: el respeto de toda una afición y el honor de haber escuchado de boca del propio Alfonso XIII unas palabras de admiración hacia su forma de remar.

Y ese reconocimiento, un siglo después, continúa formando parte de la memoria de Ciérvana.


Fuentes

  • El Pueblo Vasco, 4 de septiembre de 1920. La tripulación explica por qué no pudo participar en las regatas de San Sebastián y reproduce el telegrama enviado solicitando una trainera y remos.

  • El Pueblo Vasco, 5 de septiembre de 1920. Crónica del encuentro entre Alfonso XIII y los remeros de Ciérvana antes de su viaje a San Sebastián.



Capítulo 10

Cuando los remeros de Ciérvana dieron una lección de deportividad

El abrazo que unió a vizcaínos y donostiarras en las regatas de 1920


La historia del deporte no se construye únicamente con victorias. También está formada por esos pequeños gestos que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en los mejores ejemplos de nobleza y compañerismo.


Uno de ellos tuvo como protagonistas a los remeros de Ciérvana durante las regatas celebradas en San Sebastián, en septiembre de 1920.

Aquellos pescadores habían viajado hasta la capital guipuzcoana con la ilusión de competir frente a las mejores traineras del Cantábrico. Sin embargo, todos sus esfuerzos por conseguir una embarcación y unos remos resultaron inútiles. La falta de material les impidió tomar parte en la competición y tuvieron que conformarse con asistir como espectadores.


Lejos de dejarse vencer por la decepción, los ciervanatos demostraron la grandeza que también puede encontrarse fuera del agua.

La crónica de El Pueblo Vasco relata que, nada más llegar a San Sebastián, los remeros de Ciérvana fueron a visitar al «gran Quirico». Con ese sobrenombre era conocido Francisco Zubiaurre, una de las grandes figuras del remo donostiarra de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Patrón admirado y auténtico referente del remo vasco, era una personalidad muy respetada por todas las tripulaciones del Cantábrico.


Cuando Quirico y sus remeros se disponían a botar la trainera para disputar la regata, ocurrió algo que el periódico quiso destacar expresamente.

Los hombres de Ciérvana no permanecieron como simples espectadores. Se acercaron para ayudarles en las maniobras necesarias para echar la embarcación al agua, colaborando con quienes, apenas unos minutos después, serían sus rivales deportivos.


A continuación tuvo lugar una escena cargada de simbolismo.

Los propios remeros vizcaínos manifestaron sentirse orgullosos de abrazar a los donostiarras y expresaron públicamente su deseo de mantener con ellos unas relaciones de cordialidad y amistad. La rivalidad quedaba reservada para el mar; en tierra prevalecían el respeto mutuo y el reconocimiento entre hombres que compartían una misma forma de entender la vida marinera.


Mientras tanto, la bahía de La Concha ofrecía un espectáculo extraordinario. Miles de aficionados llenaban la ciudad para presenciar unas regatas que reunían a las mejores traineras del momento. Tras una competición muy disputada, Pasajes de San Juan consiguió la victoria, San Sebastián obtuvo el segundo puesto y Santurce alcanzó un brillante tercer lugar, clasificándose entre las grandes embarcaciones del Cantábrico.


Los remeros de Ciérvana no pudieron figurar en aquella clasificación.

Pero sí dejaron una huella mucho más difícil de borrar.

En una época en la que el orgullo de cada puerto se defendía con enorme pasión, aquellos pescadores demostraron que la verdadera grandeza no consiste únicamente en vencer. También reside en saber tender la mano al rival, reconocer su mérito y mantener vivos los valores de respeto, compañerismo y fraternidad que siempre han caracterizado al mundo de la mar.


Más de un siglo después, aquel sencillo gesto sigue emocionando.

Porque los hombres de Ciérvana no sólo fueron excelentes remeros. También supieron representar con dignidad a su pueblo allí donde acudieron. Y esa lección de deportividad merece ocupar un lugar de honor en la memoria histórica de la trainera de Ciérvana.


Fuentes

  • El Pueblo Vasco, 7 de septiembre de 1920. Crónica de las regatas de San Sebastián, donde se recoge la visita de los remeros de Ciérvana al «gran Quirico», la ayuda prestada para botar la trainera donostiarra y el abrazo de fraternidad entre ambas tripulaciones.



1921-07-03

| La Reina Victoria Eugenia entrega su bandera a los campeones de Ciérvana


El 3 de julio de 1921, Ciérvana vivió una jornada que quedaría grabada para siempre en la memoria de sus vecinos. El Pueblo Vasco relató la solemne entrega de la bandera donada por Su Majestad la Reina doña Victoria Eugenia a la tripulación de la trainera vencedora de las regatas de Bilbao de 1920, un acto que el propio periódico calificó como un acontecimiento que «no podrá ser olvidado fácilmente».


Un pueblo volcado con sus campeones

La ceremonia reunió en Ciérvana a numerosas autoridades civiles y militares, representantes de los principales clubes náuticos de Bilbao, periodistas y centenares de vecinos que quisieron acompañar a sus remeros en un día tan especial. El ambiente festivo se dejó sentir desde la llegada de los invitados por mar, recibidos entre embarcaciones engalanadas, música, vítores y el estruendo de cohetes y voladores.


Entre los protagonistas se encontraba la trainera vencedora, tripulada por todos sus remeros y patroneada por Cesáreo Acarregui, cuya presencia fue acogida con un entusiasta recibimiento por parte del público congregado.


La bandera de la Reina

Durante la ceremonia, el representante de Su Majestad, Enrique Careaga, expresó su deseo de que la bandera permaneciera custodiada en la Cofradía de Mareantes, para que las generaciones futuras recordaran la gesta de aquellos remeros. Asimismo, propuso realizar una fotografía oficial de toda la tripulación, firmada por sus integrantes, como testimonio permanente de aquella victoria. El patrón Cenón Acarregui, en nombre del equipo, agradeció emocionado el homenaje y prometió conservar la enseña como el mayor de los honores recibidos.


El estandarte llevaba la inscripción:

«S. M. la Reina a los remeros de Ciérvana, vencedores de la regata de 1920 en Bilbao».


Tras la entrega, los asistentes acordaron enviar un telegrama de agradecimiento a la Reina y conservar en la Cofradía una fotografía de toda la tripulación campeona.


Una jornada para el recuerdo

Finalizado el acto oficial, la bandera fue paseada por las calles de Ciérvana, donde recibió continuas muestras de cariño por parte de los vecinos. Más tarde volvió a recorrer el puerto y la costa embarcada en la propia trainera vencedora, mientras sonaba la Marcha Real, poniendo el broche de oro a una jornada de auténtica celebración popular.

La celebración concluyó con un desfile de la tripulación por las calles de Ciérvana, portando la bandera regalada por la Reina entre los aplausos de los vecinos, antes de compartir un almuerzo de hermandad con las autoridades e invitados.


Comentario histórico

Pocas veces un pueblo recibe un reconocimiento de esta magnitud. La entrega de la bandera de Su Majestad la Reina Victoria Eugenia simbolizó el enorme prestigio que alcanzaron los remeros de Ciérvana tras su triunfo en las regatas de Bilbao de 1920.

Más de un siglo después, esta crónica permite revivir una jornada en la que todo un pueblo se unió para homenajear a unos deportistas que llevaron el nombre de Ciérvana a lo más alto del remo vizcaíno.


Fuentes consultadas

  • El Pueblo Vasco, 3 de julio de 1921, portada. «Entrega de una bandera».


Nota del investigador

Este documento constituye uno de los testimonios periodísticos más valiosos conservados sobre los primeros años del remo en Ciérvana. Además de describir con detalle la entrega de la bandera donada por la Reina Victoria Eugenia, identifica documentalmente al patrón de la trainera campeona, Cesáreo Acarregui, y refleja la extraordinaria repercusión social que alcanzó aquella victoria. La presencia de autoridades, representantes de los principales clubes náuticos y una multitud de vecinos demuestra que el éxito de los remeros galipos trascendió el ámbito deportivo para convertirse en un motivo de orgullo colectivo que quedó grabado en la historia del municipio.



Capítulo 11

1921: el “color cuero”, una seña de identidad centenaria


La historia no siempre se escribe con grandes victorias o gestas memorables. En ocasiones, son los pequeños detalles conservados en un viejo periódico los que permiten comprender mejor la identidad de un pueblo.


Eso ocurre con una noticia publicada por El Pueblo Vasco el 4 de septiembre de 1921, en la que se informa de los preparativos de las tradicionales regatas de traineras que iban a disputarse en el Abra de Bilbao. Antes del comienzo de la competición, el comité organizador celebró el sorteo de las embarcaciones participantes, asignando a cada una el color con el que sería identificada durante las pruebas.


Entre los puertos representados figuraban Zumaya, Guetaria, Orio, Santurce, Algorta, Portugalete, Fuenterrabía… y también Ciérvana. Pero existe un detalle que sobresale sobre todos los demás: junto al nombre de la trainera de Ciérvana aparece una sencilla anotación:

«Color cuero».


A primera vista podría parecer un dato sin importancia. Sin embargo, más de un siglo después adquiere un enorme valor histórico.


Hoy resulta imposible pensar en la trainera de Ciérvana sin asociarla inmediatamente a su característico color marrón. Este documento demuestra que esa identidad cromática no es una tradición reciente, sino que ya era reconocida oficialmente en 1921, cuando la organización de las regatas utilizaba la denominación «color cuero» para distinguir a la embarcación ciervanesa. En aquel mismo sorteo, las restantes traineras quedaron identificadas por sus respectivos colores: Zumaya con el blanco, Guetaria con el azul, Orio con el amarillo, Santurce con el morado, Algorta con el rojo, Portugalete con el verde y Fuenterrabía con el salmón. De este modo, cada embarcación poseía una identidad visual propia que permitía al público y a los jueces reconocerla con facilidad durante el desarrollo de las regatas.


Mientras otras traineras competían identificadas por colores como el blanco, azul, amarillo, rojo, verde, morado o salmón, Ciérvana era conocida por un color propio y perfectamente diferenciado: el cuero, un tono marrón que con el paso de las décadas terminaría convirtiéndose en una de las señas de identidad más reconocibles de la trainera de Ciérvana.


Este pequeño detalle permite comprobar que las tradiciones no solo se conservan en los trofeos o en las clasificaciones. También sobreviven en los símbolos, en los colores y en aquellos rasgos que hacen reconocible a una embarcación generación tras generación.


Para quienes aman la historia del remo, esta noticia representa mucho más que un simple sorteo. Constituye una prueba documental de que hace más de cien años la trainera de Ciérvana ya competía bajo el color que, con el tiempo, acabaría identificándola para siempre.


Este hallazgo pasa a formar parte de la serie «Tras las huellas de las traineras de Ciérvana», una investigación destinada a recuperar, documento a documento, la memoria de una de las tradiciones marítimas más arraigadas de nuestro litoral.


Fuente consultada

El Pueblo Vasco, edición de Vizcaya, 4 de septiembre de 1921, página 2. Programa oficial de las regatas de traineras del Abra de Bilbao, con el sorteo de las embarcaciones participantes y la identificación de sus colores distintivos, entre ellos la trainera de Ciérvana, asignada al «color cuero».



Capítulo 12

1921: Bilbao aguarda la gran cita del remo


La celebración de las grandes regatas del Abra era mucho más que una competición deportiva. La prensa de los días previos refleja el enorme interés que despertaba una prueba que reunía a las mejores traineras del Cantábrico y atraía a miles de espectadores hasta la ría de Bilbao.


En la víspera de la competición, el Club Marítimo del Abra acogió el sorteo oficial de las traineras participantes. Al acto asistieron los miembros del Comité de Regatas, los representantes de las distintas tripulaciones y los patronos de las embarcaciones, ultimando todos los detalles antes del comienzo de las pruebas.


El programa quedó perfectamente definido. Las regatas del domingo 4 de septiembre comenzarían a las cuatro y cuarto de la tarde, mientras que las del lunes darían comienzo a las cinco. El recorrido sería de tres millas y media, con dos vueltas a las boyas, aunque, a petición de los propios representantes de las tripulaciones, la organización acordó eliminar del recorrido las balizas A y B, situadas más próximas a la ría.


La organización también lamentó la ausencia de las traineras de San Sebastián y Pasajes, cuyos representantes no comparecieron ni justificaron su falta. Los asistentes consideraron aquella ausencia una desconsideración, aunque el periódico señalaba que, pese a ello, todo hacía pensar que la competición ofrecería un magnífico espectáculo deportivo.


La expectación era tal que la Compañía del Ferrocarril de Bilbao a Portugalete anunció un servicio extraordinario de trenes de viajeros cada quince minutos, ajustando la frecuencia al número de aficionados que acudieran al Abra. Aquel refuerzo del transporte ferroviario demuestra la enorme afluencia de público que se esperaba para una de las grandes citas deportivas del verano vizcaíno.


Todo estaba preparado. Las traineras ya conocían el orden de salida, el recorrido y el horario. Solo faltaba que el juez diera la salida para que el Abra volviera a convertirse en el escenario de una de las competiciones más esperadas del año, con Ciérvana formando parte de aquel selecto grupo de embarcaciones que mantenían viva la gran tradición remera del Cantábrico.


Fuente consultada

El Noticiero Bilbaíno, 4 de septiembre de 1921, página 5. Información previa a las regatas de traineras del Abra de Bilbao, con el sorteo de las embarcaciones participantes, horarios de las pruebas, recorrido, acuerdos adoptados por el Comité de Regatas, premios y ambiente previo a la competición. Asimismo, incluye el anuncio de la Compañía del Ferrocarril de Bilbao a Portugalete, que estableció un servicio extraordinario de trenes de viajeros cada quince minutos para facilitar el desplazamiento del público hasta las regatas.



Capítulo 13

Septiembre de 1921, las dos regatas del domingo y el lunes: el Abra se rindió al empuje de la trainera de Ciérvana


Hay documentos que permiten conocer un resultado deportivo. Y hay otros que, además, consiguen transportar al lector a una época. La crónica publicada por El Noticiero Bilbaíno el 6 de septiembre de 1921 pertenece a esta segunda categoría.


Cerremos por un momento los ojos e imaginemos una familia de Ciérvana en aquel primer domingo de septiembre. El padre ha hablado durante toda la semana de las regatas. Los niños apenas pueden contener la emoción porque hoy rema la trainera de su pueblo. La madre prepara la comida para pasar el día fuera. Muy temprano emprenden camino hacia el Abra, sabiendo que no van simplemente a presenciar una competición: van a participar en la gran fiesta popular del remo vizcaíno.

Y no están solos.


Desde primeras horas de la mañana del domingo día 4 de septiembre de aquel 1921 comienzan a llegar aficionados procedentes de todos los rincones del litoral. Trenes y tranvías transportan sin descanso a miles de viajeros. Otros prefieren embarcar en pequeños vapores, remolcadores, gasolineras, balandros o lanchas engalanadas con banderas. El periódico cita expresamente embarcaciones llegadas desde Lekeitio, Bermeo, Plentzia, Górliz, Ea, Ciérvana, Santoña, Laredo y otros muchos puertos del Cantábrico.


Bilbao vive una jornada extraordinaria. Las fondas y hoteles cuelgan el cartel de completo. Restaurantes, tabernas y casas de comidas no dan abasto para atender a los visitantes. Conforme avanza la tarde, los paseos y muelles del Abra comienzan a cubrirse de gente. También los balcones, las azoteas, las ventanas e incluso los tejados se convierten en improvisadas tribunas desde las que contemplar las regatas.


El cronista calcula que, poco antes del comienzo de la competición, alrededor de 100.000 personas ocupaban todos los lugares desde los que podía verse el mar. Una cifra extraordinaria para la época que demuestra la enorme importancia que aquellas regatas tenían para Vizcaya.


Mientras tanto, en el muelle del Club Marítimo del Abra, el jurado ultimaba los preparativos. La zona quedó delimitada para facilitar el trabajo de cronometraje y clasificación. En el mar, las autoridades de Marina organizaban cuidadosamente la posición de cada embarcación para evitar interferencias durante la prueba, mientras los agentes velaban por mantener el orden tanto en tierra como sobre las aguas del Abra.


Comienza la gran regata

A las cuatro y cuarto de la tarde un cañonazo rompe el silencio.

Durante unos instantes desaparece el murmullo del público. Todas las miradas se dirigen hacia las traineras.

El primer grupo ofrece un espectáculo magnífico. Santurce realiza una salida impecable y consigue imponerse a Orio, Guetaria y Zumaya tras una regata muy igualada, en la que las ciabogas y los últimos metros levantan constantes aplausos entre los espectadores.


Pero el momento más esperado por muchos llega poco después.

Es el turno de Ciérvana.

Junto a ella toman la salida Algorta, Portugalete y Fuenterrabía. Desde la primera ciaboga los remeros de Ciérvana imprimen un ritmo extraordinario. Mantienen la cabeza de la prueba con una regularidad admirable, ejecutando cada maniobra con precisión.

El público comienza a comprender que puede estar asistiendo a una actuación memorable.

Ciaboga tras ciaboga, la trainera de Ciérvana conserva el primer puesto. Finalmente cruza la meta entre una enorme ovación, seguida por Algorta, Portugalete y Fuenterrabía.


La emoción se desborda.

El periódico relata que los aplausos no cesan y que las conversaciones giran inmediatamente en torno a las posibilidades de la tripulación de Ciérvana para la jornada siguiente. Las apuestas aumentan y el ambiente resulta extraordinario. Todo el mundo quiere volver al Abra al día siguiente para conocer el desenlace definitivo.


Los cronómetros confirman la excelente actuación.

En el segundo grupo, Ciérvana marca 28 minutos y 35 segundos, por delante de Algorta (28:43), Portugalete (29:01) y Fuenterrabía (29:26).


La segunda regata, el lunes día 5 nadie quiso perdérselo

Podría pensarse que, al celebrarse en lunes, la asistencia disminuiría.

Ocurrió exactamente lo contrario.

El propio periódico reconoce que quienes pensaban encontrar menos público comprobaron muy pronto su equivocación. Trenes, tranvías y embarcaciones volvieron a transportar miles de aficionados hasta el Abra. Las autoridades mantuvieron el mismo dispositivo de seguridad para garantizar que todo transcurriera con normalidad.


La segunda jornada comienza con la misma intensidad.

Tras disputarse la prueba del primer grupo, llega nuevamente el turno de Ciérvana.

Los remeros vuelven a ofrecer una exhibición de regularidad y potencia. Dominan la prueba desde las primeras ciabogas y mantienen el liderazgo hasta la meta, donde entran nuevamente en primera posición, por delante de Fuenterrabía, Portugalete y Algorta. El público vuelve a premiar la actuación con largos aplausos y vítores.


Los tiempos vuelven a reflejar la superioridad de la embarcación de Ciérvana.

Ciérvana: 28 minutos y 12 segundos.

Tras sumar los registros del domingo y del lunes, la clasificación acumulada queda encabezada por:

  • Ciérvana: 56 minutos y 37 segundos.

  • Algorta: 57 minutos y 31 segundos.

  • Portugalete: 57 minutos y 47 segundos.

  • Fuenterrabía: 57 minutos y 51 segundos.


La victoria permitía a Ciérvana continuar en la competición junto a las restantes traineras clasificadas para la siguiente prueba, prevista para el sábado siguiente, donde volverían a enfrentarse las mejores embarcaciones del campeonato.


Mucho más que una regata

La crónica deja también pequeños detalles que humanizan aquella jornada.

Dos remeros, uno de Zumaya y otro de Algorta, tuvieron que ser atendidos por el doctor Cesáreo Castiella tras sufrir indisposiciones al finalizar las pruebas. Son pequeños episodios que recuerdan el enorme esfuerzo físico que exigían aquellas regatas disputadas con traineras de pesca.


Más de un siglo después, esta crónica continúa transmitiendo la emoción de aquel fin de semana de septiembre.

No habla únicamente de vencedores y vencidos.

Habla de familias enteras viajando para compartir una jornada inolvidable, de pueblos enteros orgullosos de sus tripulaciones, de niños descubriendo el remo desde los muelles del Abra y de miles de personas unidas por una misma pasión.


Y entre todas aquellas embarcaciones que hicieron vibrar al público sobresalió la trainera de Ciérvana, protagonista de dos actuaciones memorables que la situaron entre las mejores del Cantábrico y que hoy forman parte, por derecho propio, de la historia marítima de nuestro pueblo.


Fuente consultada

El Noticiero Bilbaíno, 6 de septiembre de 1921, página 4. Amplia crónica de las regatas de traineras celebradas en el Abra de Bilbao durante los días 4 y 5 de septiembre de 1921, con información sobre la afluencia masiva de público, la organización de las pruebas, la constitución del jurado, el desarrollo de las dos jornadas de competición, las clasificaciones, los tiempos oficiales, la victoria de la trainera de Ciérvana en su grupo durante ambos días, la clasificación acumulada y los preparativos para la siguiente regata entre las tripulaciones clasificadas.



Capítulo 14

1921: “Ciérvana una única familia”


No todas las crónicas deportivas envejecen igual. Algunas quedan reducidas a una clasificación o a un tiempo registrado por el cronómetro. Otras, sin embargo, consiguen retratar el alma de un pueblo.


Eso ocurre con la extensa crónica publicada por El Pueblo Vasco tras las grandes regatas del Abra de 1921. El periodista no se limita a contar quién ganó o quién perdió. Observa a las tripulaciones durante los entrenamientos, conversa con aficionados, analiza la forma de bogar de cada embarcación y termina dedicando unas palabras que, más de un siglo después, siguen emocionando cuando hablan de Ciérvana.


Antes incluso de comenzar la regata, el ambiente resulta extraordinario. El cronista describe una costa completamente entregada al remo. Decenas de miles de personas ocupan muelles, embarcaciones, balcones y paseos del Abra. Los gritos de ánimo se mezclan con el sonido de las sirenas de los vapores y el estruendo de los cañonazos que marcan las salidas. Para él, ningún otro espectáculo consigue movilizar a tanta gente como una regata de traineras en la costa vasca.



Miembros del jurado cronometrador durante las grandes regatas de traineras del Abra de Bilbao de 1921. Desde este puesto se controlaban los tiempos y el desarrollo de unas competiciones que ya formaban parte de los grandes acontecimientos deportivos de Vizcaya.
Miembros del jurado cronometrador durante las grandes regatas de traineras del Abra de Bilbao de 1921. Desde este puesto se controlaban los tiempos y el desarrollo de unas competiciones que ya formaban parte de los grandes acontecimientos deportivos de Vizcaya.

El autor analiza una por una las tripulaciones. Habla de la elegante remada de Orio, de la rapidez de Guetaria, del entusiasmo de Santurce, del esfuerzo de Portugalete y de la evolución de Algorta. Reconoce las virtudes de todas ellas y no escatima elogios cuando considera que una maniobra o una ciaboga han sido ejecutadas con maestría.


Pero cuando llega el turno de Ciérvana, el tono cambia.

Ya no escribe únicamente como un cronista deportivo.

Escribe con admiración.


Cuenta que, cuando la trainera de Ciérvana sale a entrenar, es recibida con aplausos, vítores y pitidos de las embarcaciones. No es una ovación casual. Es el reconocimiento del público al trabajo silencioso de una tripulación que se ha ganado el respeto de todos.


El periodista se detiene incluso en un detalle que muy pocos habrían considerado digno de mencionar. Observa que el color cuero de las camisetas, ya característico de los remeros de Ciérvana, casi se confunde con el tono curtido de sus brazos y de sus rostros, moldeados por el trabajo diario junto al mar. No es una descripción estética; es una manera de explicar que aquellos hombres llevaban la dureza de su oficio escrita sobre la piel.


Sin embargo, el mayor elogio llega a continuación.

El autor deja claro que no pretende restar mérito a las demás traineras. Recuerda que muchas de ellas pertenecen a cofradías con una larga historia de victorias y prestigio. Pero, al hablar de Ciérvana, afirma que existe algo diferente, algo que no puede medirse con un cronómetro.

Y escribe unas palabras que, probablemente, constituyen una de las definiciones más hermosas que se han dedicado nunca a la trainera de Ciérvana:

«Las demás tripulaciones están constituidas por individuos de distintas familias. Ciérvana es solamente una familia, pero una familia que no riñe, que se une y vence siempre.»


Esa frase resume mucho más que una regata.

Resume una manera de entender el remo.

Resume un pueblo.

El cronista continúa explicando que aquellos hombres apenas daban importancia a sus triunfos. Lo que realmente admiraba en ellos era su silencio, su disciplina, su capacidad de sacrificio y el convencimiento de que todo aquel esfuerzo beneficiaba al conjunto del pueblo. No remaban por gloria personal, sino por representar dignamente a Ciérvana.


A lo largo de la crónica también elogia la estrategia seguida durante la competición. Destaca que la trainera de Ciérvana ejecutó las ciabogas con gran precisión, administró el esfuerzo con inteligencia y mantuvo un ritmo constante para asegurar la clasificación sin realizar esfuerzos innecesarios. Para el periodista, fue la tripulación que mejor interpretó la regata.


Más de cien años después, estas líneas siguen teniendo un enorme valor.

No porque nos permitan conocer únicamente el resultado de una competición, sino porque conservan la imagen que los propios contemporáneos tenían de la gente de Ciérvana: hombres trabajadores, humildes, disciplinados, unidos y profundamente comprometidos con su pueblo.


Las victorias deportivas pueden quedar olvidadas con el paso del tiempo.

Pero hay frases que sobreviven a las generaciones.

Y quizá ninguna describa mejor el espíritu de aquella trainera que la escrita por aquel periodista en 1921:

«Ciérvana es solamente una familia, pero una familia que no riñe, que se une y vence siempre.»


Fuente consultada

El Pueblo Vasco, 6 de septiembre de 1921, página 4. Crónica de las grandes regatas de traineras celebradas en el Abra de Bilbao durante los días 4 y 5 de septiembre de 1921. El artículo analiza el ambiente de las pruebas, el comportamiento y estilo de boga de las distintas tripulaciones, el desarrollo de las regatas y dedica un amplio comentario a la trainera de Ciérvana, resaltando la disciplina de sus remeros, el simbolismo de sus camisetas de color cuero, la unidad del pueblo y la célebre expresión: «Ciérvana es solamente una familia, pero una familia que no riñe, que se une y vence siempre.»



Capítulo 15

Septiembre de 1921: Santurce conquista la bandera y Ciérvana firma un meritorio cuarto puesto


El Abra volvió a amanecer convertido en un inmenso anfiteatro abierto al mar. Desde primeras horas, los lugares más favorables para contemplar la prueba comenzaron a llenarse: muelles, embarcaderos, balcones, paseos, embarcaciones y cuantos desniveles permitían dominar el recorrido. Todo anunciaba que no se trataba de una regata más, sino de la jornada decisiva, aquella que debía proclamar al gran vencedor de las regatas de traineras del domingo 11 de septiembre de 1921.


Se hablaba de tiempos, de corrientes, de balizas y de apuestas. Cada localidad confiaba en sus hombres y cada grupo de aficionados llevaba ya elegida, antes incluso del cañonazo, la embarcación que creía destinada a la victoria. El periódico describe aquella competición como una verdadera prueba del temple de los remeros: una lucha de cuerpos acostumbrados al trabajo, de brazos enfrentados al mar y de pueblos enteros que depositaban su orgullo en una trainera.


En la línea de salida se encontraban las seis tripulaciones que habían superado las eliminatorias: Orio, Santurce, Ciérvana, Guetaria, Algorta y Portugalete. La elección previa de balizas había colocado a Orio en la A, Santurce en la B, Ciérvana en la C, Guetaria en la P, Algorta en la Q y Portugalete en la R.


El cañonazo y la lucha por la bandera

Cuando llegó la señal, las seis traineras arrancaron prácticamente al mismo tiempo. Solo unos instantes bastaron para que la imaginación del público comenzara a colocar por delante a sus favoritos. Para unos era Santurce; para otros, Orio. También se seguían con atención las evoluciones de Ciérvana, Guetaria, Portugalete y Algorta.

Orio fue la primera en aproximarse a la baliza exterior, pero Santurce la seguía muy de cerca. Ciérvana y Guetaria afrontaron la primera ciaboga casi al mismo tiempo, mientras Algorta y Portugalete mantenían su propia pugna algo más retrasadas.


La trainera de Ciérvana mantenía su característica boga larga, de alrededor de 26 a 28 paladas, tratando de administrar sus fuerzas. En la baliza, Guetaria entró ligeramente antes, pero Ciérvana realizó mejor la maniobra, salió por delante y regresó rápidamente a su ritmo habitual. Durante buena parte de la prueba ambas embarcaciones sostuvieron una lucha muy digna por los puestos inmediatos al dúo de cabeza.


Por delante, Santurce y Orio ofrecieron el gran duelo de la tarde. Los santurzanos ejecutaron una ciaboga extraordinariamente cerrada y lograron ampliar la pequeña ventaja que llevaban. Orio respondió con toda su potencia, pero Santurce había llegado a aquella jornada con una preparación rigurosa, disciplina y una confianza forjada durante meses de entrenamiento.

En los últimos cientos de metros, ambas tripulaciones aumentaron la frecuencia de sus paladas. Allí, en aquel esfuerzo definitivo, se decidió la bandera. Santurce cruzó primero la línea de llegada y Orio necesitó todavía seis paladas para alcanzar la meta.

Santurce había vencido.


La victoria de nuestros vecinos

La crónica dedica grandes elogios a la tripulación santurzana. No presenta su triunfo como un golpe de fortuna, sino como el resultado de seis meses de disciplina, obediencia y entrenamiento metódico. Aquellos hombres habían logrado desarrollar una fuerza extraordinaria y mantenerla al servicio de un objetivo común.

El periódico reconoce que Orio fue un adversario temible y que luchó con nobleza hasta el último instante, pero también considera que la voluntad y la preparación de Santurce merecían aquella recompensa.


Para Ciérvana, la victoria de sus vecinos no podía resultar indiferente. Santurce pertenecía al mismo paisaje humano y marinero del Abra, a una costa formada por pueblos cercanos que rivalizaban sobre el agua, pero que compartían una forma semejante de entender el trabajo, el mar y el orgullo de representar a los suyos.

Santurce estableció además un nuevo registro personal, rebajando en tres segundos su marca de 1919. Su tiempo en la prueba decisiva fue de 27 minutos y 39 segundos, seguido por Orio, con 27:46, y Guetaria, con 27:53.


El papel de Ciérvana

Ciérvana no alcanzó esta vez la victoria que muchos esperaban después de sus brillantes actuaciones anteriores. La trainera terminó la jornada en cuarta posición, con un tiempo de 28 minutos y 12 segundos, por delante de Algorta y Portugalete.


El periodista considera que la tripulación de Ciérvana no llegó a ofrecer todo lo que podía dar. Señala que su entrenamiento no había sido suficientemente profundo y cuestiona que su boga larga fuese la más apropiada para imponerse en una prueba tan exigente. También plantea que mantener durante demasiados años una misma formación podía acabar debilitando a los remeros física y moralmente, y recomienda incorporar nuevos hombres con fuerzas renovadas.


Conviene entender estas palabras en su contexto. No se trata de un desprecio hacia Ciérvana, sino del análisis exigente de un cronista que la consideraba una tripulación con capacidad para aspirar a lo más alto. Precisamente porque se esperaba mucho de aquellos hombres, su cuarto puesto era examinado con tanta atención.


Y, aun sin alcanzar el podio, Ciérvana terminó entre las cuatro mejores traineras de una competición durísima, precedida únicamente por Santurce, Orio y Guetaria y superando a Portugalete y Algorta.


Clasificación de la prueba decisiva

Los tiempos oficiales fueron los siguientes:

1.º Santurce — 27 min 39 s.

2.º Orio — 27 min 46 s

3.º Guetaria — 27 min 53 s

4.º Ciérvana — 28 min 12 s

5.º Algorta — 28 min 35 s

6.º Portugalete — 28 min 37 s


Sumados los tiempos de las dos últimas jornadas, la clasificación definitiva quedó encabezada por Santurce:

1.º Santurce — 55 min 31 s

2.º Orio — 55 min 36 s

3.º Guetaria — 55 min 58 s

4.º Ciérvana — 56 min 31 s

5.º Portugalete — 57 min 22 s

6.º Algorta — 57 min 37 s


El cuarto puesto de Ciérvana completa así una actuación muy notable dentro del conjunto de las regatas de 1921. Durante las eliminatorias había vencido en su grupo y había despertado ovaciones y grandes expectativas. En la definitiva no pudo seguir el ritmo de las tres primeras, pero volvió a demostrar que pertenecía por méritos propios al grupo de las grandes potencias remeras del Cantábrico.


El reparto de premios

Finalizada la competición, el público se reunió en las instalaciones del Club Marítimo del Abra para asistir al reparto de premios. Las tripulaciones ocuparon un lugar destacado y la llegada del jurado fue recibida con una gran salva de aplausos.

Algorta recibió el sexto premio, dotado con 2.000 pesetas, y Portugalete el quinto, de 2.500 pesetas. El periódico señala que el premio correspondiente a Ciérvana no pudo entregarse en aquel momento porque su representación no compareció, sin explicar la causa de la ausencia. Guetaria recibió 5.000 pesetas como tercera clasificada; Orio, 8.500 pesetas por el segundo puesto; y Santurce obtuvo el gran premio de 17.500 pesetas, además de la bandera y las tradicionales chapelas destinadas a sus tripulantes.


El comandante de Marina felicitó a los vencedores y animó a las demás tripulaciones a conservar el espíritu de armonía y cordialidad que había presidido la competición.


Santurce vuelve a casa

El regreso de la tripulación vencedora fue apoteósico.

Cuando la noticia llegó a Santurce, comenzaron a estallar cohetes y voladores. El pueblo salió a las calles y las autoridades, acompañadas por la banda municipal, se dirigieron al muelle para recibir a los remeros.

La trainera llegó escoltada por vapores y pequeñas embarcaciones cargadas de vecinos. Después, la tripulación se dirigió a la iglesia parroquial, donde se cantó una salve en acción de gracias. Más tarde, desde uno de los balcones del Ayuntamiento, los remeros mostraron la bandera conseguida mientras recibían nuevos aplausos y vítores.


La celebración continuó en Mamariga, barrio donde residían los tripulantes, con una romería improvisada que se prolongó hasta la madrugada. El Ayuntamiento comenzó incluso a preparar nuevos festejos para homenajear a aquellos hombres.

También hubo nobleza entre los adversarios. Los representantes de Santurce y Orio compartieron posteriormente un banquete descrito por la prensa como una hermosa demostración de fraternidad entre quienes pocas horas antes habían sostenido una lucha agotadora sobre las aguas del Abra.


Entre la rivalidad y la hermandad

Aquellas regatas muestran una de las facetas más hermosas del remo tradicional.

Durante la prueba, cada pueblo defendía sus colores con pasión. En las ciabogas y en los últimos metros no existía más objetivo que vencer. Pero una vez concluida la lucha, llegaban las felicitaciones, los saludos y el reconocimiento al rival.

Santurce alcanzó una victoria magnífica y plenamente merecida. Orio volvió a demostrar su enorme categoría. Guetaria completó el podio con una tripulación valiente. Ciérvana, aunque no pudo repetir sus triunfos de las primeras jornadas, terminó en un meritorio cuarto puesto y confirmó que su nombre ya figuraba entre los grandes del remo.


Porque el verdadero palmarés de Ciérvana en aquellas regatas de 1921 no se limita al resultado de la final. Incluye sus victorias en las eliminatorias, el respeto despertado entre los aficionados, la admiración que le dedicaron los cronistas y su presencia constante en la lucha por los puestos de honor.


No siempre se necesita ganar la bandera para dejar una huella.

A veces, basta haber estado allí, entre los mejores, defendiendo el nombre de un pueblo pequeño frente a las grandes potencias del Cantábrico.


Fuente consultada

El Pueblo Vasco, 13 de septiembre de 1921, página 4. Amplia crónica de la regata definitiva de traineras celebrada en el Abra de Bilbao, con la descripción del ambiente, las balizas asignadas, el desarrollo de la competición, los tiempos oficiales, la clasificación general, el análisis de las tripulaciones, el reparto de premios y las celebraciones organizadas en Santurce tras la victoria de su trainera. El documento ofrece asimismo una valoración detallada de la actuación de Ciérvana, cuarta clasificada en la prueba y en el cómputo final de las dos últimas jornadas.



Capítulo 15

1923: cuando Ciérvana ayudó a impulsar las regatas de traineras de Vizcaya


Las grandes tradiciones no nacen de un día para otro.

Detrás de cada campeonato, de cada bandera disputada y de cada verano repleto de regatas suele haber reuniones discretas, conversaciones pausadas y personas convencidas de que merece la pena conservar una parte de su patrimonio.

Eso fue precisamente lo que ocurrió en agosto de 1923.


En la sede de la Diputación Provincial de Vizcaya se celebró una reunión que hoy puede considerarse un momento importante para la historia del remo vizcaíno. Bajo la presidencia del diputado señor Uríen y con la participación del Comité de Regatas, acudieron representantes de varias cofradías de pescadores: Ondarroa, Lequeitio, Mundaca y Ciérvana.


El objetivo era tan sencillo como ambicioso.

Conseguir que las regatas de traineras dejaran de depender únicamente de iniciativas aisladas y pasaran a celebrarse todos los veranos, bajo el patrocinio de la Diputación Provincial.


No se trataba únicamente de organizar una competición.

Se pretendía dar continuidad a una tradición profundamente arraigada en la costa vizcaína y convertirla en una cita fija del calendario deportivo.

La reunión transcurrió en un ambiente de entendimiento. Los representantes de las distintas cofradías estudiaron la propuesta, aunque la mayoría no disponía de autorización suficiente para comprometer oficialmente a sus respectivas asambleas. Por ese motivo se acordó que la Diputación remitiera el proyecto por escrito a cada cofradía para que fuera debatido y aprobado, en su caso, por sus asociados.


Aquel acuerdo demuestra que las decisiones importantes se tomaban de forma colectiva. Cada puerto debía pronunciarse antes de dar un paso que podía marcar el futuro del remo tradicional.

La idea inicial consistía en que las primeras regatas tuvieran carácter de campeonato provincial, reservado exclusivamente a las tripulaciones pertenecientes a las cofradías vizcaínas. Sin embargo, los promotores ya pensaban más allá. Su intención era que, en los años sucesivos, la inscripción pudiera abrirse libremente a otras traineras, manteniendo siempre a Vizcaya como escenario permanente de la competición.


Entre todos aquellos puertos figuraba Ciérvana.

Su presencia en la reunión demuestra que la cofradía de Ciérvana no era una mera espectadora de la evolución del remo. Participaba activamente en las conversaciones destinadas a asegurar el futuro de unas regatas que ya formaban parte de la identidad marinera del Cantábrico.

Resulta igualmente significativo comprobar que las cofradías de Bermeo y Santurce no pudieron enviar representantes, alegando que muchos de sus miembros se encontraban faenando en la mar, lejos de sus puertos. Un detalle aparentemente menor, pero que recuerda hasta qué punto aquellas tripulaciones estaban formadas por hombres cuyo trabajo diario seguía siendo la pesca.


Vista con la perspectiva de un siglo, aquella reunión adquiere un significado especial.

No dejó vencedores, ni tiempos oficiales, ni banderas.

Pero sí dejó algo quizá más importante: la voluntad compartida de proteger una tradición que identificaba a los pueblos marineros de Vizcaya.

Y entre quienes apostaron por ese futuro estaba también Ciérvana, contribuyendo, junto a otras cofradías, a sentar las bases de unas regatas que con el paso de las décadas acabarían convirtiéndose en uno de los grandes símbolos deportivos y culturales de nuestra costa.


Fuente consultada

El Noticiero Bilbaíno, 25 de agosto de 1923, página 1. Información sobre la reunión celebrada en la Diputación Provincial de Vizcaya para estudiar la organización permanente de regatas de traineras bajo su patrocinio. El periódico recoge la asistencia de representantes de las cofradías de pescadores de Ondarroa, Lequeitio, Mundaca y Ciérvana, los acuerdos adoptados y el proyecto de crear un campeonato provincial con vocación de continuidad en los años siguientes.




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