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Las aguas del Barbadún

  • akalsuelme
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura


Entre las laderas altas del Monte Kolitza, de 883 metros, uno de los montes bocineros de Bizkaia, nace un hilo de agua entre brezos y peñas. Allí, entre la Peña de la Cueva y la Cima de Guinea, dentro del término de Artzentales, el río comienza su vida humilde: una hebra de humedad que se desliza sin ruido, buscando valle abajo.


Entre los brezos caen también las primeras hojas del otoño, que emprenden su propio viaje, ligeras, acompañando al agua en su descenso.


En su primer tramo, el arroyo Kolitza se alimenta de otras venas menores, como el regato Pedrero, que brota en las umbrías de Traslaviña y recibe su nombre por los guijarros que tapizan su cauce. Poco más abajo pasa junto al barrio de Olabarrieta, en la parte baja del valle, ya dentro del municipio de Sopuerta.


Cruzando el paraje de Entre Ambos Ríos, el agua toma cuerpo hasta llegar a Mercadillo (Sopuerta), donde los caminos antiguos aún guardan el eco de los carros de hierro.


Allí recibe al arroyo Valdeveci, que nace en el barrio de Bezi (Sopuerta), al pie de los montes de Galdames, y que se va nutriendo de los manantiales que bajan de Castañeda y La Herbosa, ambos también de Sopuerta. Con esa unión, el murmullo se vuelve río, y el cauce se ensancha entre el barrio de Arce (Sopuerta) y los prados que bajan desde Galdames: las campas que descienden de Galdames y los campos suaves de Sopuerta, dejando atrás las antiguas ferrerías de Olabarrieta y La Hoya, en Sopuerta y Galdames.


A lo lejos se escucha el arroyo Lemán, que baja desde las umbrías mineras de Montellano, recogiendo las aguas del antiguo valle de La Aceña; y más abajo, el arroyo Arenao, que nace cerca de La Herbosa y atraviesa el valle antes de unirse al cauce principal.


Es en ese punto donde el agua, ya fortalecida, empieza a llamarse río Barbadún.


Con nombre propio, el Barbadún serpentea entre los barrios de Valdivián, El Ventorro y Montellano, recibiendo las aguas del río Mayor o Agurriaga, que desciende de las minas de Galdames entre los montes de Txabarri y San Pedro.


A partir de ahí, su rumor se hace más hondo y resonante: suena a fragua, a hierro, a historia.


En la vaguada de El Pobal, el Barbadún alcanza uno de sus rincones más antiguos: la Ferrería de El Pobal, donde durante siglos las ruedas hidráulicas hicieron rugir el hierro bajo la piedra.


El puente de El Pobal, uno de los rincones históricos más emblemáticos del curso del Barbadún.
El puente de El Pobal, uno de los rincones históricos más emblemáticos del curso del Barbadún.

Este paraje, conocido también como Sorginleku —«el lugar de las brujas»—, está atravesado por el arroyo Lamiozingo, cuyo nombre alude a las lamias, las mujeres de agua de la tradición vasca.


Según la mitología vasca, en las noches tranquilas, las lamias bajaban hasta el río para peinar su melena dorada con un peine de oro, reflejándose en la corriente de un pozo sin fondo como si el agua fuera un espejo.


De esa imagen nació el nombre que aún guarda el lugar.


Allí el Barbadún se bifurca: una derivación alimenta al Lamiozingoerreka, que vuelve a encontrarse con el cauce principal unos metros más abajo, cerca del puente de El Pobal, en un abrazo de aguas que se reconocen.


Desde allí, el río se vuelve más maduro. Pasa junto a Bilotxi y Nesilla, barrios de Muskiz, bajo los puentes modernos y la carretera BI-2701, como si el tiempo se le hubiera adelantado sin pedirle permiso.


Llega después a Santelices de Muskiz, donde la vida humana ya le acompaña de cerca: huertas, casas y caminos.


Por La Casería, Las Acacias y La Cendeja, el Barbadún cruza el corazón de Muskiz.

En el barrio de San Juan, junto a la iglesia, bajo el puente de la N-634, pasa con su paciencia de siglos, ajeno al ruido de los coches que lo sobrevuelan. Seguidamente discurre junto al frontón y la bolera, recibiendo las aguas del arroyo Castaños, que nace en las laderas del norte de Galdames y baja hacia Muskiz.


El Barbadún a su paso por San Juan de Somorrostro, en el corazón histórico del valle.
El Barbadún a su paso por San Juan de Somorrostro, en el corazón histórico del valle.

Poco después se le une el arroyo Picón o Cotorrio, que baja desde los Montes de Triano por La Reineta, trayendo en su caudal el recuerdo del hierro y del esfuerzo minero.

El río, ya cansado pero pleno, sigue su curso hacia San Julián de Muskiz, donde el valle se ensancha y el aire empieza a oler a sal y el sonido del agua se mezcla con el canto de las aves de la marisma.


Allí lo esperan los últimos compañeros de viaje: el arroyo Cardeo, el arroyo San Mamés (que viene de Espinillas, Zierbena), el arroyo de La Arena que baja desde Punta Lucero y los pequeños arroyos de Arana y Molinillo, que descienden de Pobeña.


Y al fin, tras haber recogido la voz de todos, el río Barbadún se rinde a las marismas de La Arena y de Pobeña, donde la tierra se hace salobre y las olas del Cantábrico lo reciben como a un hermano.


Las marismas de La Arena y Pobeña, donde el Barbadún encuentra finalmente el Cantábrico.
Las marismas de La Arena y Pobeña, donde el Barbadún encuentra finalmente el Cantábrico.

Allí, en ese encuentro entre el río y el mar, termina también el viaje de las hojas del otoño que comenzaron su caída en el Alto del Kolitza.


Bajaron lentas por los barrancos de Traslaviña, flotaron sobre su cauce, siguieron el pulso del Barbadún entre ferrerías y puentes, y ahora reposan en la marisma, donde el agua dulce se funde con la sal del Cantábrico.


Las aguas del Barbadún…


Pequeños arroyos que, casi siempre desapercibidos, fueron alimentando su cauce durante siglos.


Desde los brezos del Kolitza hasta las marismas de Pobeña, cada regato aportó su voz, su historia y su paisaje.


Constantes y silenciosos, todos ellos hicieron posible el viaje del río hasta su encuentro final con el Cantábrico.

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